Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Viernes, 17 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ENTREPANES

Que no nos quédemos como estamos

 
Alejandra Fonseca

Está casada. Pero no vive con el marido. Tienen 10 años de separados y, él, va y viene. Aunque no se queda a dormir. Es decir: casada pero sola. No la soledad de una sola. Sino la soledad de la compañía.

De adolescente estuvo muy enamorada. De otro hombre. Se pelearon por celos. De él. La vio platicar con un compañero de trabajo. Y no le permitió explicación alguna. No había nada. Pero él se enojó y se fue sin decir nada. No lo volvió a ver más.

Después se casó con su actual esposo. El ausente. Tuvieron tres hijos. Viven con ella. El ayuda con algo de la manutención. Poco. Y nada más. Ella trabaja para salir al día. Se la ve difícil. Aunque le ayuda no pagar renta. Fincó unos cuartitos en casa de su madre. La abuela de los niños. Y así se la lleva.

Su soledad es mucha. Más que la de cualquiera. Porque está y no está. Porque tiene y no tiene. Porque su libertad es una prisión. De la que no puede salir.

Ha intentado regresar con el marido. “Hacer una vida”. Regrésate, le ha dicho ella. Para después reflexionar y preguntarse: ¿Para qué lo quiero aquí?.

Algún día platicamos. “Me siento muy triste, dijo. Como vacía por dentro. Muy sola”. Lloró. Se desahogó: “Tuve un novio a los 14 años. Nos íbamos a casar. Me vio platicar con otro. No me la perdonó. Él nunca se casó.”

–¿Y por qué no lo busca?, pregunté.

–Él murió.

–¿Cómo?

–Apenas hace unos meses. Me avisó su hermana.

–Lo lamento mucho.

Lloró profundamente. En susurros entrecortados me dijo:

–Le voy a dar un consejo: luche por lo que quiere. No lo deje ir.

Guardé silencio.

–La soledad no es buena, continuó.

–Luche por lo que quiere lic, para que no nos quédemos como estamos.

 
 
Copyright 1999-2008 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV