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Viernes, 17 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Lágrimas negras es una reacción a los problemas en el país: Betsabeé Romero

 

La artista con una parte de la exposición / Foto Abraham Paredes
Yadira Llaven

La llanta trabajada, transformada, hecha a base de barro, de chicles mascados, de pan, con tapones de talavera, de plumas, grabada con motivos prehispánicos y árabes y recubierta de terciopelo que se antoja tocar. Vochos que “personifican” el cielo, una mezquita, encaramados haciendo el amor, otros más que simulan un puente. Fotografías de camiones y coches intervenidos, uno de ellos forrado de plantas que representó “la única área verde para 700 mil habitantes de un colonia de Chimalhuacán, en el estado de México”, por donde circuló, y una serie de cochecitos a escala, como “el poblano” tapizado de cerámica, y el envuelto en tapetes, “como si estuviera muerto”… es una pequeña muestra de los últimos 10 años del complejo trabajo de Betsabeé Romero, considerada una de las artistas plásticas mexicanas más destacadas del momento, que se expondrán al público bajo el título de Lágrimas negras, a partir de hoy viernes a las 19:30 horas, en el Museo Amparo.

Previamente al recorrido, Betsabeé, en compañía del curador de la muestra, el doctor Julián Zugazagoitia, director del Museo del Barrio de Nueva York, y el maestro Roberto Gavaldón, director del Museo Amparo, dio una introducción de la obra instalada en los dos pisos del lugar, que fue montada con varias semanas de anticipación, por las dimensiones y complejidad de algunas de las piezas, que fueron creadas in situ y que dan muestra de su preocupación por el espacio físico, estético y cultural.

Romero es una mujer sumamente sensible, así lo transmiten las 103 piezas intervenidas y creadas, donde el hilo conductor son la temática social, política, cultural y económica, como lo refleja el nombre de la exposición: “lo negro de las lágrimas se refieren a la posible venta del petróleo y a la crisis económica que estamos atravesando en México”, explica a La Jornada de Oriente mientras recorremos la exhibición.

Sus piezas también denotan un desasosiego por la migración, la política mexicana, la frontera, la violencia… “que son temas con los que mejor he podido trabajar en relación con el hombre, como un ser de trayectos, de movimientos; en oposición a esa idea que tenemos de que sólo avanzamos como seres si nos volvemos sedentarios”.

Una casita que se tambalea, apilada por ladrillos construidos en Cholula, es la primera pieza que presenta. “La casa se arma y se desarma. Está a punto de desplomarse y representa esa fragilidad con la que los migrantes tienen que sostener a sus casitas”.

El Ayate card es una serie de fotografías de un auto intervenido con rosas, que representa la aparición de la virgen de Guadalupe, “porque irónicamente es lo único que podría cambiar la situación tan terrible de los migrantes, ya que hay mucha complicidad de los gobiernos a nivel internacional, por eso este auto –que va dando vueltas a una pista–, es la devoción, el halo, es la fe de la gente esperando que algo suceda”.

Después de tres salas recorridas, una enorme pieza acapara la atención. Se trata de un vochito pintado de color celeste con nubes blancas algodonadas. Tras el vehículo, una unión de varias escaleras interminable que simulan ir en dirección al cielo. De ello, la artista comenta: “en las representaciones del edén muchas veces se simbolizó el camino con una escalera, de la misma manera que en la religión católica la escalera es una de las armas de Cristo en la cruz. Para mí hay una gran simbología en la cruz que está formada por un cruce donde está el mártir en el centro, y la cruz del migrante, que es la de su propio camino”.

Seguimos caminando por varias salas. En su trabajo predominan la temática urbana y la exploración de los significados ocultos que hay detrás de objetos. La artista recupera materiales desechados y los transforma en narradores de la historia para cuestionarnos acerca de las contradicciones de la modernidad; y al mismo tiempo nos habla de la cultura del atropello y el olvido, de la elección de la rueda, como el cronista de los trayectos del hombre y sus transformaciones, además de los diálogos inesperados que se establecen entre la tradición artesanal, la herencia ornamental barroca y los conceptos más vanguardistas del arte contemporáneo internacional.

Esto lo vemos en la sala Zócalo, una mirada a través de filtros, de vidrios esmerilados, de un taxi que recorre el Centro Histórico de la ciudad de México. Es un video que nos centra al frente de un volante.

Antes de terminar el recorrido, nos topamos con una pequeña sala llena de retrovisores de autos, surcados con los motivos de la vestimenta de la Guadalupana. Uno se tiene que colocar frente al espejo y observar el paisaje urbano que se proyecta a nuestras espaldas, pareciera que vamos manejando.

“Como la mirada de infinitas mujeres que recorren diariamente trayectos peligrosos, para ir al trabajo, para ir a la escuela, para ir cerca de la frontera, como en Ciudad Juárez. Mujeres que bajan y suben de su transporte, que van mirando de reojo, espejeando, llena de oraciones, una mirada que hemos aprendido involuntariamente a llevar a cuestas, volteando incesantemente para ver si alguien nos sigue, si alguien está escondido en la parada del autobús, si va siguiendo al colectivo, si en el camión alguien nos mira, espejo lleno de rezos, de las hijas, de las madres, de todos los que somos y queremos…”.

La exposición igualmente incluye instalaciones, videos y documentación de proyectos de intervención urbana, donde un número importante de obras es inédito.

Al final, respondió a este medio que Lágrimas negras es “una expresión de esta preocupación tan profunda e inacabada por los problemas en el país, porque todos son como espirales descendentes, como espejos deformados, con imágenes distorsionadas, y esto lo quería aportar como preocupación”. Podríamos concluir diciendo que a Betsabeé lo rodado no se lo quita nadie.

La muestra estará abierta al público con horario de visita de miércoles a lunes de 10 a 18 horas. Lunes entrada libre.  

 
 
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