Alguna vez conocí a una famosa pintora, y por famosa no quiero decir excelente artista o algo por el estilo. Es una mujer que a partir de su gracia personal, su encanto y buen trato ha subido escalones en el gusto popular y ganarse cierto prestigio con políticos y gente de poder. Lo cual la ha llevado a amasar una fortuna respetable y vivir en una casa en el sur de la ciudad de México.
Tiene hermosos catálogos de sus obras pagados por instituciones tan respetables como el Politécnico Nacional y en próximos días le harán un homenaje en su tierra natal, donde expondrán sus pinturas. Obras, que por lo bajo, sólo podemos catalogar como malas. Algunas, muy malas. Con algunos chiripazos que llegan a ser buenos. Telas que se cuentan con los dedos de la mano.
En algún momento también
conocí a una escritora que francamente
tenía un cuento bueno y lo repetía al cansancio. Sus...
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