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Miércoles, 15 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
ECONOMÍA A RETAZOS
 

El Premio Nobel de Economía 2008

El premio del Banco Central de Suecia en memoria de Alfred Nobel 2008 ha sido concedido al Paul Krugman “por su análisis de las pautas de comercio y la localización de la actividad económica”, destacando así su contribución a la teoría economía internacional y la geografía económica.

Doctorado por el MIT en 1977, ha sido profesor en Yale, Stanford, MIT y Princeton. Ha sido asesor económico del Presidente de los EU durante la administración Reagan. En 1991 recibió la “Medalla John Bates Clark” que concede cada dos años la “American Economic Association” a un economista menor de 40 años. También recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 2004.

Paul Krugman es uno de los economistas más populares de nuestra época, ya que ha combinado su trabajo académico e investigador con el divulgativo. Publica habitualmente en The New York Times, en la revista Fortune una columna titulada “No Free Lunch” y en la revista electrónica Slate otra con el nombre de “The Dismal Science”.

Sus investigaciones integran el espacio a la teoría económica mediante la incorporación de conceptos como mercados imperfectos, rendimientos a escala, los efectos de la aglomeración y el progreso técnico en la formación de modelos. Es considerado cofundador de la nueva teoría del comercio exterior y de la New Economic Geography.

Considera Krugman que a través de sucesivas integraciones económicas no se alcanza, necesariamente, un aumento general del bienestar, ya que los ganadores en el comercio global son, especialmente, los países industrializados, en tanto que los países en vías de desarrollo pueden sacar pocas ventajas con la tendencia a la liberalización del comercio. Esto es válido aún dentro de regiones o grandes países, donde surgen en centros urbano–industriales lugares de producción altamente especializados que marcan de nuevo grandes diferencias entre ganadores y perdedores.

 
 

El momento de la verdad

Paul Krugman*

El mes pasado, cuando el Departamento del Tesoro estadounidense permitió que Lehman Brothers quebrase, escribí que Henry Paulson, el secretario del Tesoro, estaba jugando a la ruleta rusa financiera. Sin duda, había una bala en la recámara: la quiebra de Lehman hizo que la crisis financiera mundial, ya grave de por sí, empeorase, mucho, mucho más.

Las consecuencias de la caída de Lehman quedaron de manifiesto en cuestión de días, pero los principales actores políticos han desperdiciado en buena medida las pasadas cuatro semanas. Ahora ha llegado al momento de la verdad: más les vale hacer algo rápido –de hecho, más les vale anunciar un plan coordinado de rescate este fin de semana– o la economía mundial podría sufrir su peor recesión desde la Gran Depresión.

Hablemos de dónde nos encontramos en estos momentos. La crisis actual comenzó con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que causó una morosidad hipotecaria generalizada y, por lo tanto, grandes pérdidas en muchas instituciones financieras. La crisis inicial se ha visto agravada por los efectos secundarios al verse forzados los bancos a reducir su actividad por falta de capital, lo cual ha inducido una caída aún mayor del precio de los activos, y a su vez ha provocado pérdidas todavía mayores, y así sucesivamente, o sea, un círculo vicioso de desapalancamiento. La pérdida generalizada de confianza en los bancos, incluso por parte de otros bancos, ha reforzado este círculo vicioso.

La espiral descendente se aceleró después de la caída de Lehman. Los mercados de capital, que ya lo estaban pasando mal, se cerraron a efectos prácticos; uno de los chistes que circulan por ahí es que ahora mismo lo único que la gente quiere comprar son bonos del Tesoro y agua embotellada.

La respuesta a esta espiral descendente por parte de las dos grandes potencias monetarias mundiales, EU y los 15 países que utilizan el euro, ha sido lamentablemente inadecuada.

Europa, que carece de un gobierno único, ha sido incapaz de trabajar unida; cada país ha ido inventándose su propia política, con escasa coordinación, y las propuestas para responder con una sola voz no han llevado a ninguna parte.

Estados Unidos debería de haber estado en una posición mucho más fuerte. Y cuando Paulson anunció su enorme plan de rescate hubo una breve oleada de optimismo. Pero rápidamente quedó claro que el plan adolecía de una falta crítica de claridad intelectual. El secretario del Tesoro propuso gastar 511.000 millones de euros en “activos problemáticos”, valores hipotecarios tóxicos, de las entidades financieras, pero no logró explicar de qué manera resolvería esto la crisis.

Muchos economistas coinciden en que lo que debería haber propuesto Paulson, en cambio, es una inyección directa de capital en las empresas financieras: el gobierno estadounidense proporcionaría así a las instituciones financieras el capital necesario para funcionar, para de este modo frenar la espiral descendente, a cambio de una participación. Cuando el Congreso modificó el plan de Paulson, introdujo disposiciones que hacían posible, pero no obligatoria, una inyección de capital de este tipo. Y hasta hace dos días, el secretario del Tesoro seguía negándose en redondo a hacer lo correcto.

Pero el pasado miércoles el Gobierno británico, haciendo gala de la lucidez de pensamiento que se ha echado en falta a este lado del charco, anunció un plan para proporcionar a los bancos un capital nuevo de 62 mil millones de euros. Es decir, el equivalente, si se tiene en cuenta el tamaño de la economía del Reino Unido, a un plan de 368 mil millones de euros en Estados Unidos; además de numerosas garantías para las transacciones financieras interbancarias. Y ahora los responsables del Tesoro estadounidense dicen que piensan hacer algo parecido, utilizando la autoridad de que no querían disponer, pero que el Congreso les ha otorgado de todas las maneras.

La cuestión ahora es si estos pasos son demasiado cortos y se han dado demasiado tarde. Creo que no, aunque será muy alarmante si pasa este fin de semana sin que se haya anunciado con credibilidad un nuevo plan de rescate en el que participe no sólo Estados Unidos sino todos los actores importantes.

¿Por qué necesitamos la cooperación internacional? Porque tenemos un sistema financiero globalizado en el que una crisis que empezó con una burbuja en los chaléts de Florida y las McMansiones de California ha causado una catástrofe monetaria en Islandia. Estamos juntos en esto y necesitamos una solución compartida.

¿Por qué es necesario que se lleve a cabo este fin de semana? Porque resulta que en Washington han tenido lugar dos reuniones importantes: una, el viernes, de altos cargos financieros de las principales naciones avanzadas, y tras ella la reunión anual del FMI y del Banco Mundial, el sábado y hoy domingo. Si estas reuniones acaban sin que se llegue por lo menos a un principio de acuerdo sobre un plan de rescate mundial –si todo el mundo se va a casa sin más que vagas declaraciones de que piensan controlar la situación–, se habrá dejado pasar una oportunidad de oro, y la espiral descendente podría fácilmente empeorar todavía más.

¿Qué se debería hacer? Estados Unidos y Europa deberían limitarse a decir: “Sí, primer ministro”. El plan británico no es perfecto, sin embargo, los economistas están en su mayoría de acuerdo en que representa, con creces, el mejor modelo para un rescate más amplio.

Y el momento de actuar es ahora. Puede que piensen que las cosas no pueden empeorar más, pero sí que pueden, y si no se hace nada en los próximos días, lo harán.

*El País, 12 de octubre de 2008.
Textos Selectos EUMEDNET: http://www.eumed.net/textos/08/krugmanverdad.htm 

 
 

La reconquista de México

“Llega otro aniversario de aquel 12 de octubre de 1492, el descubrimiento que los atrajo por vez primera. Y han pasado casi 200 años de la Independencia. Pero ya no arriban en galeones, con la cruz y la artillería por delante. Ahora, la furia española vuelve a sus antiguos dominios con sofisticadas armas y globalizados generales. En lugar de armaduras y caballos, arremeten con los euros por delante. No vienen los Cortés o los Alvarado, no, las marquesinas cargan otros nombres: Santander, Repsol, Iberdrola o BBVA.

“Es la segunda conquista española. Tan eficaz que los bancos ibéricos ya recuperaron, en menos de una década, lo que pagaron por las instituciones mexicanas. ¿Un ejemplo? En siete años Bancomer ha dejado ganancias por 86 mil millones de pesos a sus dueños españoles.

“Para algunos es violencia económica. Para otros, un regreso pactado. Incursionan en cuanta puerta se les abre: turismo, sector financiero, energéticos. ¿Culpa de ellos? ‘No –dice el historiador Lorenzo Meyer–, culpa de los mexicanos, que no hemos sabido crecer’ como lo ha hecho la viejanueva España”.

Humberto Padgett, “La segunda conquista española”, Emeequis, número 141, 13 de octubre de 2008, p. 42.

 
 

Erijamos la casa que nos albergue a todos...

Martha Garrido Ortega

“Nunca eliminadas por entero, como inexplicable hierba envenenada crecen tendencias al autoritarismo, a la criminalización de la protesta social, a la guerra sucia no enderezada sólo contra los opositores, sino contra ciudadanos en reclamo de sus derechos.

“No nos deslicemos a la desgracia, menos aún caigamos de súbito en su abismo, cada quien desde su sitio sin perder sus convicciones pero sin convertirlas en dogma que impida el diálogo, impidamos que la sociedad se disuelva. No es un desenlace inexorable, podemos frenarla, hagámoslo, y con la misma fuerza reconstruyamos la casa que nos albergue a todos o erijámosla si es que nunca la hemos tenido”.

Fragmentos del discurso pronunciado por Ángel Granados Chapa al recibir la Medalla Belisario Domínguez, el 7 de octubre de 2008.

 
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