En su búsqueda de exaltar la imaginación humana y mostrar la realidad cotidiana que no se puede tocar con las manos, el director español Luis Buñuel (1900–1983) se encontró con el cine. Desde su primera incursión en el séptimo arte con El perro andaluz (Un chien andalou; Francia, 1928), al lado de Salvador Dalí, el realizador se consagró como uno de los máximos exponentes del surrealismo cinematográfico. Apesar de su talento, de 1933 a 1947 Buñuel se retiró de la dirección debido a motivos económicos y políticos que hacían difícil que consiguiera fondos para sus proyectos.
De acuerdo con el teórico David Bordwell en su libro El arte cinematográfico, el cine surrealista es abiertamente antinarrativo y va en contra de cualquier causalidad. No obstante, la guionista Inga Karentnikova considera que luego de su retiro involuntario, Buñuel realizó películas decididamente narrativas, como Los olvidados (México, 1950) y Bella de día (Belle de jour; Francia/Italia, 1967).
En el cine de Buñuel no es raro toparnos con momentos e imágenes atípicas y de alta carga psicológica, insertadas en historias muchas veces anecdóticas que funcionan como vehículo para la imaginación desbordante de su creador. Asimismo, en variadas ocasiones la clase burguesa es objeto de la burla del director quien constantemente la coloca en situaciones extraordinarias, como es el caso de El ángel exterminador (México, 1962) con Silvia Pinal, Enrique Rambal y Claudio Brook. En esta cinta, un grupo de invitados a una elegante cena descubre que le es imposible abandonar el lugar, y en el transcurso de su encierro su comportamiento se acercará más al de una bestia que al de un ser humano.
Hoy, miércoles 15 de octubre, el cineclub de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP (3 Oriente 210, Centro) presentará El ángel exterminador, a las 13 horas, dentro de su ciclo Cine y surrealismo II, en el salón de usos múltiples.