En distintos momentos, la polémica fue una característica indiscutible de la pareja formada por Diego Rivera y Frida Kahlo, ya fuera en el terreno de las ideas o en el de su vida personal. Sin embargo, la calidad artística de ambos fue algo que jamás se puso en duda, a decir de Diego López, co–director del documental sobre el muralista Un retrato de Diego. La revolución de la mirada (2007).
“En su momento Diego, sobre todo por su pintura mural y el papel que cobró el muralismo, era la figura que estaba por encima de todos sus contemporáneos. Su mérito como artista nadie se lo discutió. Le discutían el contenido de su pintura y de ahí todas las polémicas que generó”, comenta López para La Jornada de Oriente. “En el caso de Frida es una situación diferente. En su momento sí fue reconocida como una pintora destacada pero ella misma nunca pretendió más que ser una pintora que pintaba lo que quería y cómo ella lo consideraba”.
Diego López, nieto del pintor, compartió el crédito del documental con Gabriel Figueroa, hijo del reconocido cinefotógrafo del mismo nombre. López cuenta que cuando el surrealista André Bretón vino en la década de los 30 a México, intentó encasillar a Kahlo como la gran representante de la pintura surrealista, a lo cual la pintora se opuso rotundamente. “Ella dice no. No acepto que me pongan en determinada posición o que me utilicen para determinado movimiento. Y bueno, lo que luego sucedió con Frida obedece a lo avanzado de su arte que eso solamente el tiempo lo da. Es una artista que explora mundos que nadie había explorado”. En la actualidad, continua el realizador, nadie ha alcanzado la complejidad expresada por la pintora.
Hoy, Rivera y Kahlo son considerados por la crítica y el público en general como dos de los íconos más importantes de la cultura mexicana contemporánea. Sobre el fenómeno específico de la fridamanía, López considera que ha sido una construcción de los medios y que seguramente la propia artista sería la primera sorprendida de esto. “Eso es algo que ella no se propuso generar”. Lo que sí se propuso, apuntó el cineasta, es una búsqueda de la igualdad en las relaciones entre hombre y mujer.
La relación tan compleja que existió entre ambos artistas no ha quedado fuera de la esfera pública debido, precisamente, a su estatus de íconos. “A Diego se le ha atacado que si tuvo muchas mujeres o que si hizo sufrir mucho a Frida. Yo digo, las relaciones son entre dos seres. A pesar de todo, la relación que tenían era de un gran amor, muy compleja, donde de uno y otro lado hubo mucho goce pero también mucho sufrimiento”.
“Entonces para mí esta visión un tanto maniquea de ‘pobrecita Frida’, yo digo, ¿pobrecita? Frida tenía un carácter muy difícil, un carácter muy complejo. Y Diego estuvo con ella hasta el final. Entonces yo diría que no hay que poner atención a la parte maniquea ni hacer de Frida un mártir. Esto no le hace un favor a ella ni habla la verdad. Creo que hay que ir más a fondo y fijarnos más bien en la obra de ambos”.
Para acercarse a la vida y obra de estos íconos del arte mexicano y mundial, los poblanos cuentan con la exposición Sesiones con Diego y Frida: fotografías de Juan Guzmán que se exhibe en la Galería de Arte del Palacio Municipal de Puebla hasta el 3 de noviembre, de martes a domingo de 11 a 20 horas, en Juan de Palafox y Mendoza 14, centro.