Imagine que despierta un día y descubre que todas las taquerías han cerrado. Que ningún puesto de memelas y quesadillas queda en las calles. Que por más que busque, no encuentra tamalero alguno deambulando por la ciudad. Sin ser fatalistas, éste podría ser un panorama posible si las autoridades no protegen al campo y especialmente a los productores de maíz, a decir del coordinador estatal del Consejo internacional de monumentos y sitios de Unesco (Icomos por su nombre en inglés), José Eduardo Carranza.
Una prueba de que lo anterior no está alejado de la realidad es la crisis del maíz que vivió México el año pasado, cuando los precios de este grano se dispararon como resultado de que los campesinos vieron mejores oportunidades en vender su producto para la elaboración de etanol que para el mercado alimenticio. Por ello, para el coordinador estatal es importante que el gobierno mexicano garantice la producción de maíz, pues éste y sus derivados son parte de la identidad nacional.
Carranza explica que la tortilla, específicamente, debido a su importancia en la dieta básica del mexicano, debe ser considerada como patrimonio cultural del país. Partiendo de esa idea, la delegación estatal de Icomos pretende inscribir a este producto en la lista de patrimonio mundial de la Unesco.
–¿Por qué no inscribir directamente al maíz?
–Lo que se inscribe en estas listas son objetos que han sido modificados por el hombre. El maíz ha sido transformado y beneficiado por el hombre, pero sigue siendo un producto natural. La tortilla no. Además de esa característica, los objetos deben tener historia y ser algo representativo de la cultura de cada país, como lo es la tortilla.
–¿Por qué surge esta iniciativa en Puebla?
–Nosotros tenemos la patria potestad del maíz debido al descubrimiento, en la cueva de Coxcatlán, cerca de Tehuacán, del primer maíz domesticado hace 7 mil años. En Yucatán se encontró algo similar, pero debido a la diferencia de fechas, Puebla es considerado por el momento el estado que da origen al maíz.
Pero el inscribir a la tortilla en la lista de patrimonio mundial de la Unesco no resuelve los problemas. De hecho, uno de los requisitos que pide el organismo internacional para inscribir cualquier ciudad, monumento o patrimonio material o intangible en la mencionada lista es que dichos lugares, objetos o tradiciones estén protegidos por las autoridades locales, situación que debe estar sustentada por declaratorias al respecto. En el caso de la tortilla, la declaratoria puede venir desde el Congreso del estado o desde el Congreso de la Unión.
Asimismo, los promotores del proyecto deben comprobar ante la Unesco que existe amplia difusión a nivel nacional sobre la tortilla –que la gente conozca sobre el producto– y que ésta sea objeto de investigaciones académicas y científicas publicadas. Finalmente, el Icomos debe agregar la tortilla a una lista indicativa nacional, es decir, a un listado de precandidatos a incluirse en la lista definitiva.
De los cuatro puntos anteriores, la tortilla cumple plenamente con el segundo y el cuarto, dice Carranza, y agrega que el tercero, referente a la investigación académica y científica, sigue en revisión pero es altamente probable que se cumpla sin problemas. Lo único que faltaría entonces es conseguir que la autoridad estatal o nacional emita la declaratoria de protección a lo que desde ahora llama patrimonio cultural de México.
¿De qué serviría entonces que la tortilla entre a la lista de patrimonio mundial del organismo de la ONU? Muy sencillo, explica Carranza. “Digamos que una zona arqueológica o una ciudad entera que se encuentra en esta lista son afectadas por algún fenómeno natural o por actos provocados por el hombre, ya sea una guerra o por problemas religiosos. Las primeras instancias que son responsables de proteger y rescatar dichos sitios son las propias autoridades locales, pero si éstas comprueban que no tienen los recursos suficientes para la tarea, entonces pueden pedir la ayuda del fondo de la Unesco destinado a esto”.
“En el caso de la tortilla, el gobierno mexicano, al comprobar que no tiene la capacidad para apoyar la producción de maíz para su uso alimenticio, podría acudir a la Unesco para impulsar programas en este sentido”. Sin embargo, enfatiza Carranza, “el reconocimiento de la importancia de la tortilla y del maíz en general en la cultura de México debe venir, primero, de sus propios ciudadanos y de su gobierno. Y no solamente porque sea un requisito de un organismo internacional”.
La tortilla al Congreso
Con el objetivo de apoyar este proyecto, el Icomos organizará el Primer congreso internacional del maíz y la tortilla a celebrarse del 12 al 14 de noviembre en Puebla. Con el apoyo de distintas dependencias estatales y municipales y de la Universidad Autónoma de Puebla, así como de organizaciones no gubernamentales y de la iniciativa privada, el congreso contará con conferencias, concursos de fotografía y cartel y exposiciones sobre evolución, gastronomía y políticas públicas relacionadas con el maíz. De igual forma, habrá un espacio para artesanías realizadas a partir de la cáscara del maíz o totomoxtle.
A lo largo de los tres días, académicos y productores de maíz y tortilla expondrán sus investigaciones y avances en sus respectivas áreas. Uno de los ejemplos de lo anterior será la experiencia de la gente de Coapam, Tehuacán, que es la primera comunidad que exporta tortillas hechas a mano y sin intermediarios. Además de este ejemplo de éxito, el congreso tendrá muestras de tecnología mexicana relacionada con la tortilla. Como el Tortimóvil, creado en Tehuacán, que es una tortillería rodante que permite llevar este producto a cualquier lugar.
Además de los problemas vinculados directamente con la producción de maíz, Carranza apunta asimismo a la falta de impulso a la tecnología que permite la proliferación de la tortilla. Indica que es necesario que las tortillerías cuenten con métodos alternativos de energía, ya que actualmente la emisión de gases contaminantes por parte de estos negocios es alta.
De igual forma, no descarta que en el futuro próximo sea posible encontrar inventos extranjeros que produzcan tortillas más baratas, lo cual afectaría directamente a los tortilleros mexicanos. “Si no hacemos algo por apoyar la tecnología mexicana, no está lejos el día que los chinos hagan tortillas más baratas y acaparen el mercado”, dice José Eduardo Carranza.
A través de todas las actividades del congreso, el Icomos pretende dejar clara la importancia del maíz y la tortilla y darle forma a los dos requisitos restantes para que su proyecto pueda ser presentado ante la Unesco a mediados de 2009. En primer lugar, estará en posibilidad de comprobar el número de investigaciones y publicaciones que existen sobre el tema. Además, será una manera de dar a conocer el proyecto al Congreso del estado. La intención de Carranza en este sentido es que la instancia estatal emita la declaratoria antes de que termine el actual periodo de sesiones ordinarias o, en su caso, que les haga una recomendación para dirigirse directamente al Congreso de la Unión.
Al conseguir la declaratoria a nivel estatal o federal, el archivo del Icomos estará completo y sólo faltaría que la Unesco inscriba a la tortilla en su lista y la declare patrimonio de México y el mundo.