Ahora que en Tlaxcala se ha propuesto aumentar las causales para permitir el aborto, el debate sobre el tema no se hará esperar. Habrá de tomarse en cuenta que con la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación acerca de la constitucionalidad del aborto en la ciudad de México, se pone fin al debate jurídico sobre el tema.
La decisión de los ministros fue eminentemente jurídica, aparte de los aspectos morales y éticos que seguramente son motivo de polémica. Esto obliga al legislador local a abordar esta propuesta de manera profesional, al margen de sus ideologías y valores personales.
Evidentemente, iniciar un debate amplio es uno de los puntos más difíciles, porque confluyen posturas en defensa de la vida del neonato y otras acerca del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Por lo que sería conveniente que éste se dé en un ambiente libre de dogmas, de diálogo abierto y sin perder las convicciones propias.
Todos los debates donde hay ideas distintas, si son mal manejados y vistos desde perspectivas fundamentalistas o absolutistas, pueden llevar a la confrontación estéril. Sucede que cuando alguien cree tener toda la verdad, es muy difícil discutir.
Es por ello que se debe debatir sin apasionamientos ni descalificaciones entre los que piensan diferente, porque ocurre que cuando se carece de argumentos, se recurre a vilipendiar, denigrar e insultar al adversario.
No porque la propuesta sea presentada por la izquierda, se deberá pensar que es de avanzada, moderna. Porque no todo lo que provenga de esa ideología necesariamente es innovador, de vanguardia, ni todo lo que presenta la derecha es retrogrado.
En el debate se deberán tomar en cuenta temas como el de la dignidad del ser humano, nacido o no, así como revisar las causas de los embarazos entre las menores de edad, es decir, la educación sexual preventiva, que no formativa.
Además, tomar en cuenta que no se puede sujetar la vida a la democracia, a los legisladores, a la mayoría, ya que ésta es un don que se debe respetar.