Del fatídico terremoto de 2001, en El Salvador, al conflicto armado en Medio Oriente, las comunidades zapatistas en México; las etnias más relegadas de Namibia, en África; el cinturón de miseria en la urbanidad de los chapines, en Guatemala, y la catástrofe del tsunami, en Indonesia, el organismo no gubernamental Payasos sin fronteras, con casa madre en España, ha recorrido casi todo el mundo, llevando un pedacito de alegría, de convivencia, para que los niños y sus familias se diviertan, se rían, “porque la risa es la distancia más corta entre dos personas, y también la más estrecha después del amor”.
“El espacio que ofrecemos no es con el afán de salvarles la vida, ni reemplazar a ninguna otra ayuda material, médica o psicológica, sólo realizamos por más de una hora un espectáculo, donde grandes y pequeños comparten un acto festivo, se ríen, se distraen y por un rato olvidan sus problemas, les llevamos una esperanza, un brote de vida, una chispa de alegría, ¿qué les dura?....”, explica a La Jornada de Oriente el artista francés Alain Vigneau, quien con casi medio siglo de vida ha confirmado que la risa también es una herramienta de sanación.
–¿Estamos hablando de la risoterapia?
–La risa es una celebración a la vida. Los muertos no ríen, sólo ríen los vivos, y en ese sentido, cuando el panorama es desolador se convierte en una terapia, pero no porque lo queramos hacer con ese enfoque.
“Vamos con humildad a ofrecer nuestros servicios, siempre a raíz de la demanda de una contraparte local, que puede ser alguna organización, como Manos Unidas, Médicos sin fronteras, y en México hemos trabajado con Semillas de Sol, que identifica la necesidad. Hemos estado en países de Latinoamérica y países en desarrollo de otros continentes”.
“No cobramos, todo lo hacemos gratuitamente, y aunque la mayoría tenemos otros trabajos, ofreciendo clases en las universidad, como es mi caso en Barcelona, tratamos de salir por lo menos dos veces por año”.
La estancia de Vigneau en Puebla, que ha visitado ya en otras ocasiones, se debe a que imparte un taller a una veintena de personas sobre “El camino del clown”.
En ese sentido, se le pregunta si tiene alguna referencia mexicana del trabajo del clown, a lo que animado contesta: “sí… aquí en Puebla tienen el hermoso espectáculo de Rodará, que es un gran ejemplo del trabajo de circo y pantomima que se hace en este país. Yo tuve la suerte y el placer de actuar en él, el año pasado, en el Teatro de la Ciudad, y de dar un taller para gente del festival”.
En Europa, o por lo menos en España, “también sabemos de la actividad teatral que hay en México, porque cada año va gente a un encuentro especializado, en la ciudad de Cádiz; se llama el Festival de Teatro Iberoamericano. Y en la actividad de los payasos estoy al corriente de lo que pasa con Rodará, lo que hacen, y tengo la suerte de compartir mi trabajo”.
–Pareciera que el concepto payaso a venido a menos...
–Sí, por eso en el curso que ofrezco se llama el camino del clown, utilizo la palabra inglesa que equivale a payaso, porque en el lenguaje común el payaso es visto de manera despectiva, equivale a un insulto.
No obstante, “el trabajo de payaso es muy amoroso, bien profundo, donde la gente que participa trabaja a partir de sus experiencias. Usamos la nariz de payaso, como una pequeña máscara que nos permita entrar a la piel del niño que todos llevamos dentro. Ello nos ayuda a secularizar y a dar la confianza para poder transitar en esas partes de nuestra personalidad que no precisamente invitan a ser infantiles, si no a ser adultos más completos”.
Todos todavía queremos jugar y disfrutar de las cosas sencillas, de un paseo por el bosque, por el río, del aroma de una flor, cosa que a los adultos ‘normales’ no les importa. A muchos de ellos les gustaba bailar, brincar o cantar desde chiquillos, pero con el tiempo se van acomplejando y van como una estrella, menguando, menguando, hasta fabricar adultos que dan hasta vergüenza, y que no consiguen decir: ‘estoy feliz’, y estas personas se ven en todas partes del mundo”.
Finalmente, comenta que el clown “es un trabajo que también me sana a mí, y con el que he conocido otras culturas y personas maravillosas. Ojalá que la gente pueda conocer lo que hacemos y redignificar al niño interior que tenemos, además porque a nivel del sistema educativo también es muy importante, porque hay maestros que dentro tienen un niño interior destrozado, que siendo humillados en el pasado se manejan y traspasan estos traumas a los pequeños”.