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Viernes, 10 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Responsabilidad de los medios y acceso a la información

 
Raúl Jiménez Guillén

Permítaseme recordar que hasta hace aproximadamente 20 años, el país vivía una normalidad en la que el poder tenía un solo dueño y un solo hombre. El Partido Revolucionario Institucional y el presidente de la República decidían sobre los procesos, las formas y los nombres de quienes podían acceder al poder, en la estructura administrativa y en la representación popular.

Esta situación imprimía su sino en los medios de comunicación, la información que se publicaba era la que se decidía desde la autoridad y, buena parte del periodismo se hacia con base en filtraciones, pues ese campo se movía en “la cultura del secreto”. Sólo tenían acceso a la información aquellos que eran parte de lo que durante mucho tiempo se denominó “la familia feliz”.

La caída del muro de Berlín (1989) condujo a lo que  Popper llamó la sociedad abierta y Fukuyama el fin de la historia. Los hechos parecían demostrar que la concepción liberal de la sociedad ganaba y reinaría una sociedad de mercado, que se autorregularía con la mano invisible que había profetizado Smith, de la que ahora observamos su crisis.

Eso impactó a todas las sociedades y México no fue la excepción, los movimientos sociales fueron terminando con la dictablanda nombrada por Vargas Llosa, y tuvo su mayor expresión en la ruptura del Partido Revolucionario Institucional, la integración del Frente Democrático Nacional y el inicio de la transición que se expresó al ganar la oposición la mayoría de la Cámara de Diputados (1997) y la presidencia de la República (2000)

En ese proceso se demandó al Estado que rindiera cuentas y transparentara su ejercicio, lo que se logra con la aprobación en 2002 de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental: demanda que llega a Tlaxcala por contaminación del proceso federal, pues no existe registro de que se haya generado movimiento alguno similar al del grupo Oaxaca.

En una sociedad que pasa de una cultura de la secrecía a la rendición de cuentas, es común que los periodistas entren con arrebato a querer hacer de la libertad de expresión el símil del acceso a la información. La sociedad mexicana se encuentra en un proceso de transición, que se refleja en los medios de comunicación, en el que se demanda la rendición de cuentas y la transparencia, pero poco trabajo periodístico se hace sobre los productos de ésta.

Los reporteros son el grupo principal que integran los medios de comunicación y su quehacer se centra en informar de lo hechos ocurridos en la realidad, es decir, que no crean la realidad, solamente la retratan y contribuyen a explicarla... para ello se requieren formarse como profesionales, lo que les permite observar y compartir una guía y valores del comportamiento para el ejercicio de la profesión, es decir, su responsabilidad.

Como producto de su formación profesional, del trabajo entre pares y de la colegiación profesional, se han establecido seis elementos que definen esa responsabilidad: objetividad, precisión, valor informativo, privacidad, responsabilidad social y libertad.

Sin embargo, en la práctica encontramos que en la imagen que los periodistas se ha construido de sí mismos, se han abrogado el derecho de la representación de la “opinión pública” y desechan todo aquello que tiene que ver con resultados de las ciencias en general y establecen una sola lógica: la de sus convicciones y sus acciones como si estas se produjeran en el limbo.

Una de las mayores faltas de responsabilidad de los periodistas es no hacer explícitas sus ideas políticas, pues se sienten como representantes preferentes, privilegiados, de los ciudadanos. Siendo una de sus motivaciones principales la de influir, se sienten fuera de y por encima de los partidos políticos y de las ideologías. Observan la corrupción cual si fueran incorruptibles desde una posición de juzgadores que nadie les ha otorgado.

Los periodistas, desde su ejercicio profesional, tienen la responsabilidad de poner al servicio del público toda la información que obtienen mediante el acceso a la información, lo que les demanda hacer periodismo de investigación. Como dice Ramonet: “Estamos convencidos de que de la calidad de la información depende el debate cívico. La índole de este debate determina, en última instancia, la riqueza de la democracia”.

 
 
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