Es de 2007; una producción franco–norteamericana de dos directores. Francia la presentó como su selección oficial para aspirar al Oscar 2008, y mientras tanto obtuvo en Cannes el Premio del Jurado, así como el Premio del Público en los Festivales de Sao Paulo, Rotterdam y Vancouver. Todo ello a despecho de tratarse de una película... animada. ¿Animada? En efecto –basada además en una suerte de libro–comic– con las voces, entre otras, de Chiara Mastroianni, y de su madre, Catherine Deneuve. No pocos especialistas la valoran como una de las cintas “más reflexivas, conmovedoras y originales en años”, así como “la primera caricatura verdaderamente adulta del cine, en el sentido en que confronta temas adultos de forma seria y sin petulancia alguna”. Hablo de Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, que (inadvertida pero felizmente) estrena hoy en las pantallas locales, a la busca de permanecer en ellas mucho más de la triste semana de rigor. Dicho está: no es una película pensada para los niños; se realizó animada tan sólo por parecerle a sus autores que tales eran el estilo y la estética más efectivos para poder contar su historia.
Persépolis (el nombre, antes de Cristo, de su capital Teherán) sorpresivamente tiene que ver con el estricto Irán contemporáneo –represivo en especial con las mujeres– así vivido, a profundidad, por la co–directora Marjane Satrapi en la vida real. De hecho se trata de su autobiografía, posible una vez que ella abandonó el país para radicar en Francia, donde acuñó la novela–comic (un inmediato objeto de culto) origen de la película. Pero ya encontrarán ustedes que no se trata, simplistamente, de un film “anti–Medio Oriente”; por el contrario, es capaz de asumir y acotar que el sinsentido es igualmente occidental, y que las grandes potencias de este hemisferio son frecuentemente el titiritero del ficticio show de títeres middle east que, mediáticamente, se nos quiere hacer ver. Así pues, Persépolis –que ni remotamente se agota en lo antes dicho– es sin duda la gran opción fílmica de esta semana, entendiendo que cualquier prejuicio del tipo “yo no veo caricaturas”, pasa aquí a ser, amablemente dicho, una rotunda, lastimosa, equivocación.
Y qué curioso; justo en la misma semana llega a Puebla otro film –israelí este– ubicado en los avatares temáticos generados desde el aislamiento político: Solos contra el mundo (título internacional, The bubble), de Eytan Fox, melodrama en el que se exploran las dificultades que rodean las relaciones de los jóvenes –homo y heterosexuales– en la Tel Aviv de hoy, focalizando en un grupo de amigos que ven sus vidas y rutinas trastocadas a partir de la irrupción de un chico palestino. En la Berlinale 2007, la cinta obtuvo el premio de la CICAE (Confederación Internacional de Cines de Arte y Ensayo Europeos), “por su bella complejidad emocional y psicológica”. Pero cuidado: Solos contra el mundo es, por supuesto, de esos filmes abocados a salir de cartelera apenas transcurrida la primera semana, por carecer de nombres afamados y de una publicidad mayor. Ojalá que no sea el caso y que –por una vez– los cinéfilos locales le demos un sólido apoyo, para que permanezca en exhibición y sean muchos quienes puedan verla.
Alternativamente, un par de estrenos ofrecen atractivos específicos. En especial la comedia Locas por el dinero (Mad money), de Callie Khouri, con un cast muy atractivo: Diane Keaton, Katie Holmes y Queen Latifah, con quienes la diversión parece asegurada. Otra muy buena película –que venturosamente alcanzó ya su cuarta semana de exhibición– es El robo del siglo (The bank job), del australiano Roger Donaldson, ubicada en Londres en los 70 y basada en hechos “reales”...en sus dos acepciones: en lo factual y en la realeza. Ilustra uno de los más célebres atracos bancarios de la historia, que no pudo ser reportado o documentado en 30 años por “intereses de Estado”. Ya verán ustedes las razones.