En las elecciones de Guerrero no ganó el PRI, sino perdió el PRD. Esa es la mejor definición para explicar el resultado de los comicios del domingo pasado. Sin embargo, en Puebla esa situación no parece conmover en los más mínimo a las tribus perredistas, que a siete meses de las últimas votaciones para designar dirigentes locales no se puede decidir quién ganó y la mayor parte de los grupos, por increíble que parezca, están dispuestos a seguir impugnado los resultados.
Mañana habrá un intento informal de encontrar una salida al entrampamiento en que se encuentra el proceso electoral del PRD poblano, ya que este partido realizará su Consejo Nacional y se espera que algunos de los dirigentes de las dos principales corrientes, Nueva Izquierda (NI) e Izquierda Democrática Nacional (IDN), puedan abordar el tema de Puebla y pactar un acuerdo para que ya se decida quiénes van a gobernar dicho instituto político.
Aunque no se debe de tener muchas esperanzas de que ahí se destrabe el conflicto, ya que NI e IDN están en una actitud de “todo o nada”.
Se sabe que la Comisión Nacional de Garantías y Vigilancia (CNGV) del PRD ya ha elaborado dos proyectos para dictaminar la elección de Puebla. En el primero, había determinado que a Miguel Ángel de la Rosa, de NI, le correspondía la presidencia del partido; mientras que la secretaría general sería para Jorge Méndez Spínola de IDN. Esa propuesta ya cambió.
Ahora se tiene redactada un nuevo proyecto en donde la presidencia sigue siendo para De la Rosa y la secretaría general se otorgaría a Rubén Hernández, quien también es de Nueva Izquierda.
La argumentación de ese cambio es que algunas de las planillas que impugnaron los resultados de las votaciones del 16 de marzo únicamente demandaron revisar los sufragios para la elección de presidente del partido, pero no para la secretaría general.
En la CNGV falta una firma para que se apruebe la segunda resolución y se estima, que el documento en cuestión podría estar listo antes del 15 de octubre.
Se sabe que IDN no va a aceptar que los dos principales cargos del Comité Ejecutivo Estatal del PRD se queden en manos de Nueva Izquierda.
La gente de Izquierda Democrática Nacional está dispuesta a tomar la sede del partido para evitar que sus contrincantes despachen desde el edificio perredista. De hecho, ya en un par de ocasiones han estado a punto de bloquear los accesos al inmueble.
Otra posibilidad que existe, es que a pesar de los resultados de la CNGV, surja una negociación –que podría darse mañana– para que se retome el primer proyecto de resolución y la secretaría general sea para Jorge Méndez.
Algunos integrantes de ID están de acuerdo con lo anterior, pues consideran que es preferible compartir el control del partido en lugar de que éste siga sin pies ni cabeza.
Pero también se sabe que otros dirigentes de NI no estarían de acuerdo, al considerar que Jorge Méndez por medio de la presión quiere obtener un cargo que no consiguió en las urnas; por tanto, van a acudir al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la a Federación para impugnar el resolutivo de la CNGV en caso de que los dos principales puestos se concedan a Nueva Izquierda.
Dicho de otra manera, en el PRD poblano nadie accede, parece que nadie comprende la gravedad de que este partido en los últimos siete meses haya estado paralizado, que no tenga estrategias definidas para enfrentar las elecciones federales que habrá dentro de ochos meses, que sea una fuerza política con una pobre presencia en los espacios de opinión pública, del Congreso, de los ayuntamientos y en la discusión de los problemas que aquejan al grueso de la población.
En Guerrero el PRD era una fuerza política que tenía posibilidades de conseguir el control del Congreso y ganar la mayoría de los municipios importantes.
Al final dominó la división entre las tribus del PRD y entre los partidos que forman el Frente Amplio Progresista (FAP), además de que se careció de una estrategia electoral para ganar el voto de grupos sociales alejados de la izquierda.
El resultado de los comicios del domingo pasado fue catastrófico, ya que los errores de los perredistas permitieron que el PRI haya recuperado el control del Congreso y ganara en la mayoría de los municipios, incluidos la capital y el puerto de Acapulco.
Lo acontecido en Acapulco es una muestra clara del desastre perredista. Ahí la soberbia llevó a que el FAP se dividiera. Por eso había un candidato del Partido de la Revolución Democrática y otro del Partido Convergencia. Si ambos partidos se hubieran unido, juntos podrían haber obtenido 132 mil votos. Pero como cada uno jaló por su lado, el aspirante perredista se quedó con 63 mil sufragios y el convergente con 69 mil.
En ese esquema, el PRI con apenas 73 mil votos pudo derrotar a sus contrincantes.
Es claro que el PRD de Puebla no cuenta con la fuerza ni la presencia que el partido del sol azteca tiene en Guerrero, pero en algunas regiones de la Sierra Norte y la Mixteca ha conseguido importantes avances en el pasado.
Con las actuales condiciones, el PRD se encamina a ser una fuerza política sin ningún grado de importancia en las dos próximas contiendas, la federal de 2009 y la estatal de 2010.
De hecho, el año pasado el Partido Nueva Alianza desplazó al PRD como tercera fuerza política en el Congreso local.
Los perredistas poblanos están más interesados en destrozarse entre ellos, que en construir una alternativa electoral. Por eso no les importa más seguirse impugnando en tribunales en lugar de definir una estrategia electoral para los dos próximos años.
Ante ese esquema, el PRD tiene la culpa de que Puebla esté atrapado en el bispartidismo del PRI y el PAN, partidos que cada vez se parecen más con su visión de gobierno ultraderechista.