Antes que nada quiero disculparme con mi único lector por escribir, por segunda semana consecutiva, con un día de retraso.
Considero que hoy está plenamente justificada esta falta a la puntualidad, puntualidad que debe ser consustancial a cualquier compromiso periodístico.
La razón para incumplir fue la presentación de Plácido Domingo en Chichén Itzá el pasado sábado 4 de octubre. 51 años después de la anterior en ese lugar, allá por 1951, cuando lo hizo acompañado de su madre, doña Pepita Embill. Espero que muy pronto sea posible adquirir el CD con el concierto completo, pero mientras tanto es pertinente destacar algunos de los aspectos más importantes o más interesantes de este acto.
Es indudable que el tenor más famoso de la actualidad tiene un gran aprecio por nuestro país, y en particular por Yucatán, eso además de que demostró sin lugar a dudas que aún conserva todas sus cualidades, las que sumadas a su gran sensibilidad humana lo llevaron a alcanzar una gran identificación con el público.
La primera mitad del programa estuvo dedicada a piezas operísticas de gran calidad, italianas, alemanas, españolas, pero que no lograron emocionar al público como lo conseguiría un poco más tarde. Acompañado de la soprano española Ana María Martinez, ambos se lucieron en una noche lluviosa, la noche del “cordonazo de San Francisco”, que en esta ocasión fue derrotado por Chaac Mool, dios maya de la lluvia, al cual invocó el tenor quien atendió su petición e impidió que se malograra el llamado concierto de las “Mil Columnas”, que pudo desarrollarse teniendo como fondo, para que con esta imagen recorra el mundo, a la gran pirámide de Chichén.
Al entonar, junto con Armando Manzanero, la canción Adoro de la cual es autor este último, la multitud irrumpió en aplausos estruendosos que se hicieron aún más fuertes y prolongados cuando el cantautor yucateco narró que había visitado por primera vez esa zona arqueológica cuando tenía apenas 10 años, y que lo hizo en compañía de su abuela quien, según apuntó Manzanero, nunca habló en español sino que siempre utilizó el maya. Entonces, dijo, les voy a cantar como lo hubiera hecho mi abuela y se lanzó cantando Adoro en maya. Esto sacó a los asistentes cualquier resto de equilibrio emocional que les quedara, pues hizo vibrar las fibras más sensibles de los yucatecos, campechanos y quintanarroenses que atestaban la explanada y que fueron quienes contagiaron a los demás.
Un poco más tarde, y en una tercera parte del concierto, ésta ya fuera del programa previo, apareció Plácido ahora vestido de charro y acompañado de un magnífico mariachi, entonando canciones mexicanas que, además de la Peregrina, de Palmerín, que es casi casi como el segundo himno nacional yucateco, arrebataron el corazón de la concurrencia. Y así el concierto duró todavía una hora más de lo que se había anunciado oficialmente.
¿Qué habría que destacar además de lo relacionado con el acto musical? Que nadie sabe a ciencia cierta cuántos fueron los asistentes; por igual se habla de 4, 6 o 7 mil. Inicialmente el INAH mostró cierta reticencia para autorizar la celebración del acto argumentando que la presencia de tantas personas podría dañar el sitio arqueológico. Finalmente se llegó a un acuerdo y se puso un límite al número.
La organización fue poco, muy poco menos, que perfecta, y esto se logró merced a la colaboración de cientos de jóvenes voluntarios que asumieron su papel con un gran profesionalismo, logrando resultados si bien no tan grandiosos ni espectaculares como los logrados por otros voluntarios en los juegos olímpicos de Beijing, sí son igualmente dignos de aplauso y encomio.
Por otra parte alguno de esos mismos voluntarios me hizo saber que el día anterior hubo otro concierto, este de carácter gratuito, para 3 mil habitantes de las comunidades mayas que rodean a Chichén Itzá.
¿Se pueden organizar actos de este nivel en Puebla? ¿Contaríamos con la colaboración de voluntarios y con la logística suficiente para movilizar una cantidad similar de visitantes? ¿Alguna vez se ha intentado el ofrecer segundas audiciones para aquellos que no pueden pagar entradas de miles de pesos, respecto de los actos que se celebran en el Auditorio Siglo XXI? ¿No se está desperdiciando a la Orquesta Sinfónica, a la Banda de Policía, a los conjuntos musicales de la universidad, etcétera?
El principal promotor y organizador del concierto de Las Mil Columnas fue el gobierno del estado de Yucatán, con la colaboración del Instituto Nacional de Anstropología e Historia, Conaculta, etcétera y este esfuerzo es merecedor de reconocimiento por una larga serie de razones, y entre las principales está la enorme promoción cultural y turística que se consigue para el estado, tanto a nivel nacional como internacional.
¿Podemos, no podemos, o ni siquiera queremos?