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Miércoles, 8 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Premio Nobel de Medicina

 

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

Han transcurrido casi tres décadas desde que se reconoció el primer caso de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida). En junio de 1981, el Centro de Control de enfermedades de Atlanta, informó sobre cinco casos de neumonía Pneumocystis carinni en jóvenes homosexuales residentes de Los Ángeles, California. Nadie supuso que aquellos cinco primeros casos anunciaban una pandemia que en estos momentos amenaza la estabilidad económica de China, Rusia e India. En 1983 se aisló el retrovirus identificado con la enfermedad, posteriormente se le llamó Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Otro virus, no menos mortal que el de VIH, también ha sido identificado, Virus del Papiloma Humano (VPH), es un posible causante del cáncer cervico–uterino. Aunque el VPH no tiene un papel exclusivo en el desarrollo del cáncer de cuello uterino, no hay duda de que el VPH interviene en el origen la enfermedad, ya que existe suficiente evidencia científica de la presencia del ADN viral en las lesiones precancerosos y cancerosas del cuello uterino. Los tipos de virus más comunes son el 16, 18 y el 31. Un elevado porcentaje de mujeres jóvenes están infectadas con uno o más tipos de virus del papiloma humano durante los años de reproducción y sólo en algunas aparece un cáncer.
El otorgamiento del premio Nobel de Medicina no tan sólo es una recompensa a los trabajos de los investigadores franceses Françoise Barré–Sinoussi y Luc Montagnier y del alemán Harald zur Hausen, también es un reconocimiento a la lucha de dos de las grandes plagas del siglo XXI: el sida y el cáncer. Los dos científicos franceses fueron premiados por haber descubierto el VIH, causante del sida, y que hasta ahora ha matado a 25 millones de personas en todo el mundo; asimismo, se galardonó al alemán que identificó el virus causante del cáncer de cuello del útero, que afecta anualmente a 500 mil mujeres en todo el planeta.
En la primera década de la pandemia se establecieron las características epidemiológicas y clínicas del Sida. En este periodo quedó bien claro cuáles eran los factores que ponían a una persona en riesgo de contraer la infección. En los países desarrollados y moderadamente desarrollados se logró controlar la infección por vía de transfusiones sanguíneas, esto no ha sido así en países pobres, donde la venta de sangre y el poco control sanitario en las transfusiones de sangre siguen siendo un problema grave.
La segunda década estuvo caracterizada por los tratamientos antirretovirales. Se produjeron medicamentos que por su combinación se le conoció popularmente como cócteles. Estas combinaciones de medicamentos, que aunque son exorbitantemente caros, prolongaban la vida de las personas infectadas por el VIH y forman parte fundamental en la lucha contra el Sida. Hoy existen cuatro tipos de antirretrovirales, que entre ellos forman una batería de por lo menos 24 medicamentos que se combinan y sustituyen de acuerdo con las necesidades clínicas de las personas infectadas.

 

El progreso en los últimos años ha sido menos dramático que en las dos décadas anteriores. Dicho sea de paso, podría señalarse que el desarrollo de medicamentos antirretrovirales ha zanjeado dos epidemias; una, de los que tiene medicamentos y otra, de los que no tienen. La atención médica, donde existen medicamentos antirretrovirales, actualmente se caracteriza por la imperiosa necesidad de utilizar los medicamentos de manera adecuada. La personalización del tratamiento marca el éxito de este. El tratamiento a los efectos secundarios, la resisten a los tratamientos y la sustitución por nuevas combinaciones son los ejes que marcan el cuidado de salud de las personas con VIH.

Aunque una prevención definitiva para el control del SIDA requeriría de una vacuna segura y efectiva esta no se vislumbra en el horizonte. En este momento se están investigando varios tipos de vacunas, desde el famoso modelo del caballo de Troya hasta las estimulaciones del sistema inmunológico. Todas las alternativas han presentado resultados parciales pero ninguna es efectiva para detener la infección.

La disponibilidad de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), representa un avance en la salud pública en la prevención del cáncer cervical y de otros cánceres, aunque menos comunes, como el cáncer del ano, del pene, de la vagina y de la vulva. Sin embargo, existen algunas interrogantes. Se desconoce cuáles van a ser las consecuencias potenciales en el comportamiento sexual de los adolescentes al ser vacunados rutinariamente contra una enfermedad sexualmente transmisible, y tampoco se conoce con certeza el tiempo que dura la protección contra el virus una vez vacunada la persona. Ante la diversidad biológica del VPH y lo escabroso de la discusión sobre sexualidad, la difusión del mensaje sobre la vacuna ha omitido algunos puntos sobre la vacuna que si no se explican podrían crear falsas expectativas sobre esta vacuna.

El VPH tiene una afinidad definida hacía el tejido epitelial (mucocutáneo) y causa una variedad de lesiones en la piel y en los genitales, donde la más común es la verruga venérea (papilomas o condilomas acuminado). El lugar y la lesión que se desarrolle dependerán del tipo de VPH que infecte a la persona. Se han identificados aproximadamente 130 tipos de VPH y estos se agrupan en grupos de alto riesgo y de bajo riesgo. El cáncer invasivo del cuello uterino y la enfermedad neoplásica cervical están asociadados al los tipos de VPH de alto riesgo (tipos 16 y 18, 31, y otros), y los condilomas  a los de bajo riesgo (tipo 6 y 11, 42, 44, y otros).

El ciclo vital del virus se efectúa en el epitelio, concretamente en las células superficiales maduras. La transmisión del VPH es por contacto de piel a piel, no se requiere penetración ni tener contacto con los fluidos vaginales o semen como ocurre en otras enfermedades transmitidas por vía sexual. El VPH produce una lesión en las células maduras muy peculiar que se le da el nombre de efecto citopático del virus. Salvo en las personas inmunodeficientes, es frecuente que las verrugas venéreas o condilomas acuminados regresen espontáneamente y no se les considera lesiones precancerosas. Sin embargo, son un marcador de enfermedad de transmisión sexual. El uso consistente del condón puede proteger contra el VIH y contra el VPH de alto riesgo que no se incluyen en la vacuna.  La efectividad del condón está probada contra el VIH, la gonorrea, clamidia, herpes simples y sólo cuesta aproximadamente 20 pesos el paquete de tres. N. Engl. J. Med. 354;25
 

 

 

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