Han pasado ya 40 años desde aquellos días aciagos de rebelión contra el autoritarismo del Estado, encabezada por los estudiantes en 1968 y que culminó con la masacre de un número aún no determinado de ciudadanos en la Plaza de las Tres Culturas en Tlaltelolco. Con ese acto de barbarie injustificable, el sistema político unipartidista y autoritario dio por concluidas esas protestas que fueron calificadas primero como simple “agitación estudiantil”, hasta llegar una “conjura del comunismo internacional” que ponía en peligro a la patria.
Y sin embargo a lo largo de estos 40 años, el régimen ha tenido que cambiar a regañadientes ante la presión de las luchas sociales que sin llegar a la efervescencia del 68 se han mantenido desde diferentes frentes. Muchos de los cambios “democráticos” han sido sólo cosméticos (cambiar para seguir igual), pero a pesar de eso, las luchas por cambiar la permanente situación de injusticia, de impunidad, de corrupción y de servilismo del poder a los intereses transnacionales, se han mantenido, acorralando a una clase política que para sobrevivir ...
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