Así llamaron los griegos a la irritación de los conductos uretrales por los que sale la orina, cuando al enfermar por gonococos los drenan, hoy se le llama gonorrea, una enfermedad de transmisión sexual que sufrimos los humanos causada por una bacteria llamada Neisseria gonorrhoeae, nombre dado en honor al bacteriólogo alemán Albert Neisser, su descubridor, que es la segunda causa de enfermedad sexual de las consideradas de primera generación, que infecta por igual a hombres que a mujeres comúnmente entre 15 a 24 años, favorecida por la prostitución, la promiscuidad sexual, por desaseo, pobreza; su frecuencia fue en descenso a partir del uso de la penicilina, hasta 1975 en que se elevó bruscamente, tan solo Estados Unidos reportó en 1999 más de 160 mil casos, estimación baja por ser reporte oficial, que presupone estadísticamente muchos más casos no reportados.
El gonococo es transmitido por el contacto de una mucosa sexual portadora de bacterias activas que se pone en contacto con otra que está sana. La infección no es tan simple y resulta ser paradójica, por que las mujeres tienen 50 por ciento de probabilidad de enfermar con un contacto sexual con sujeto positivo, en cambio los hombres tienen solo el 20 por ciento de posibilidad cuando su contacto sexual es con una mujer infectada, pero el riesgo aumenta si existe contacto con otros sujetos portadores. Por otro lado las mujeres cuando se contagian tienen escasos síntomas a lo que se debe que se comportan como reservorios y transmisoras de la enfermedad, en cambio los hombres en su mayoría sufren la enfermedad sintomática. Si un infectado no se tratara, dejando la evolución natural de la infección, el cuadro cede en unas semanas de manera espontánea, tornándose portador infectante. La boca, en su espacio orofaríngeo, así como la cavidad anal, son sitios de infección para el coito “contra natura” y siempre presentan actividad sintomática.
A la bacteria se le llama coco por ser una esferita que suele presentarse en pareja, llamándose también diplococo, crece mejor a la temperatura del cuerpo humano, 36–37 grados centígrados, no colorea con tinción básica de Gram, su capa externa está cubierta de pequeños vellos llamados pili que le dan virulencia y resistencia a los fagocitos que pretenden eliminarla. Su membrana externa contiene varias proteínas, unas forman poros llamadas Por A y B, que le son útiles para resistir los antibióticos; otras se llaman Op que le dan opacidad, útiles para fijarse a los epitelios mucosos; otras más son las Prm o proteínas de reducción modificada que estimulan anticuerpos bloqueadores de la bacteria, una propiedad más es poseer un lipo–oligo–sacárido (LOS) que funciona como endotoxina.
Cuando nos inoculamos bacterias, los primeros dos a cinco días se incuban penetrando a las células mucosas donde se multiplican, pasan al subepitelio por acción de sus proteínas, se inicia irritación, inflamación y secreción de la mucosa de uretra afectada que desencadenan los síntomas que son secreción purulenta, dificultad al orinar (el tejido vaginal no se deja invadir por ser epitelio columnar), en las mujeres hay flujo vaginal. Durante el proceso agudo pueden invadir tejidos ascendentes como próstata, ureteros, epidídimo en hombres; trompas con peritoneo pelviano en mujeres, también diseminarse por sangre (bacteriemia), en la que la bacteria se deposita en articulaciones en 1 a 3 por ciento de mujeres causando fiebre y artritis supurativas; siendo rara esta secuencia en los hombres. Otros cuadros clínicos complicatorios son el Síndrome de Fitz–Hug–Curtis, Conjuntivitis purulenta en recién nacidos por una pelvis infectada, en los practicantes de sexo anal puede haber gonorrea anorrectal o faríngea.
Por estas y muchas razones más el infectado debe acudir al médico para ser diagnosticado con certeza, lo que puede hacerse directamente observando al microscopio el escurrimiento de uretra teñido con Gram o cultivándolo en medio selectivo; son rápidos (dos a cuatro horas) los estudios con sondas genéticas, pero son caros.
La penicilina fue antibiótico de excelencia para su tratamiento; en 1948 bastaban 200 mil unidades para curarla, el abuso aumentó la concentración útil para la cura, en el sudeste asiático apareció capacidad bacteriana de hidrolizar el anillo betalactámico de la penicilina, entonces la bacteria resistió la penicilina. En 1976 Estados Unidos también reportó cepas productoras de lactamasas, para 1980 la bacteria tenía ya insertado un gen codificado por plásmidos que resistía además: eritromicina, tetraciclina, aminoglucósidos, fluoroquinolonas, ciprofloxacino. La ruta muestra una bacteria hábil que logra resurgir la gonorrea. Los que la sufren no deben automedicarse, deben acudir al médico quien se obliga a estar enterado del problema para enfrentar correctamente a la bacteria causal del escurrimiento de gónadas o gonorrea.