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Miércoles, 1 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
ECONOMÍA A RETAZOS
 

Memorial de Tlatelolco




Imágenes en las que se muestra el maltrato del Ejército a los estudiantes que se manifestaron el 2 de octubre del 68
Rosario Castellanos

La oscuridad

engendra la violencia

y la violencia pide

oscuridad

para cuajar el crimen.

Por eso el 2 de octubre

aguarda hasta la noche

para que nadie viera la mano que empuñaba

el arma, sino sólo su

efecto de relámpago.

¿Y esa luz, breve

y lívida, quién?

¿Quiénes son los que

agonizan, los que mueren?

¿Los que huyen sin zapatos?

¿Los que van a caer

al pozo de una cárcel?

¿Los que se pudren

en el hospital?

¿Los que quedan mudos,

para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes?

Nadie. Al día

siguiente nadie.

La plaza amaneció

barrida; los periódicos

dieron como

noticia principal

el estado del tiempo

y en la televisión, en

el radio, en el cine

no hubo ningún cambio

de programa,

ni un anuncio intercalado

ni un minuto de silencio

en el banquete

(pues prosiguió el banquete).

No busques lo que no

hay: huellas, cadáveres,

Que todo se lo han dado

como ofrenda a una diosa,

A la Devoradora

de Excrementos.

No hurgues en los

archivos pues nada

consta en actas.

Ay, la violencia

pide oscuridad

porque la oscuridad

engendra el sueño

y podemos dormir

soñando que soñamos.

Más he aquí que toco una

llaga; es mi memoria.

Duele, luego es verdad.

Sangra con sangre

y si la llamo mía

traiciono a todos.

Recuerdo, recordemos.

Esta es neutra manera de

ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias

mancilladas,

sobre un texto iracundo,

sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado

tras la máscara.

Recuerdo, recordemos

hasta que la justicia

se siente entre nosotros. 

 
 

La servidumbre del Poder Judicial

Nuestra sentencia ya está decidida de antemano. No depende de nuestros supuestos delitos. Nada tiene que ver con los principios constitucionales, con el respeto a la democracia, ni con la Ley, ni con el Derecho. Nada tiene que ver con la realidad, aunque sus efectos serán muy reales, en los años de cárcel que a cada uno de nosotros le correspondan. Está decidida porque ‘en el cielo de nuestro destino (político) con el dedo de dios se  escribió.

“Y todos sabemos quién es ese dios, quien es ese Tlacatecuhtli sexenal, que ata los vientos y desata las tempestades, pero ¿podrá detener el tiempo de la historia?”

 

José Revueltas. “¿Podrán detener el tiempo de la historia?”, discurso pronunciado en la audiencia celebrada en la cárcel de Lecumberri entre el 17 y el 18 de septiembre de 1970, previa a la sentencia dictada contra los dirigentes del movimiento estudiantil de 1968.

 
 

Este era el pliego petitorio que Díaz Ordaz acusaba de comunista

1. Libertad a los presos políticos.

2. Destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea, jefe y subjefe de la Policía del DF; así como del teniente coronel Armando Frías, comandante de los granaderos.

3. Desaparición del Cuerpo de Granaderos, instrumento directo de la represión, y no creación de cuerpos semejantes.

4. Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal (que tipifican el delito de Disolución Social), instrumentos jurídicos de la agresión a quien manifieste puntos de vista políticas discrepantes de los oficiales.

5. Indemnización a los familiares de los muertos y heridos víctimas de la agresión desde el 26 de julio.

6. Deslinde de responsabilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades a través de la Policía y Ejército.

Todas estas peticiones podían resumirse en una demanda que se convirtió en el eje del movimiento y sedujo a miles de jóvenes: la democratización del país.

 
 

Luto por los muchachos muertos

José Alvarado

 

“Había belleza y luz en las almas de esos muchachos muertos. Querían hacer de México la morada de la justicia y la verdad. Soñaron una hermosa República libre de la miseria y el engaño. Pretendieron la libertad, el pan y el alfabeto para los seres oprimidos y olvidados y fueron enemigos de los ojos tristes en los niños, la frustración en los adolescentes y el desencanto de los viejos. Acaso en algunos había la semilla de un sabio, de un maestro de un artista, un ingeniero un médico. Ahora sólo son fisiologías interrumpidas dentro de pieles ultrajadas, Su caída nos hiere a todos y deja una horrible cicatriz en la vida mexicana.

“No son, ciertamente, páginas de gloria las escritas esa noche, pero no podrán ser olvidadas nunca por quienes, jóvenes hoy, harán mañana la crónica de estos días nefastos. Entonces, tal vez, será realidad el sueño de los muchachos muertos, de esa bella muchacha, estudiante de primer año de medicina y edecán de la Olimpiada, caída ante las balas, con los ojos inmóviles y el silencio en sus labios que hablaban cuatro idiomas.

Algún día una lámpara votiva se levantará en la Plaza de las Tres Culturas en memoria de todos ellos. Otros jóvenes la conservarán encendida”.

 

Siempre, número 799, México, 10 de octubre de 1968. 

 
 

Yo acuso

Leopoldo Ayala

 

(Fragmento)

Yo acuso a los planes sobre el escritorio

y al ruido de la silla ejecutiva

Atornillada a la emboscada y a la desesperanza.

Yo acuso al edificio seco de piedra donde se renueva la

palabra legal.

Y el último pensamiento y el grito que dijo:

“el responsable soy yo”

y la garganta y la lengua y la pareja que lo engendra

y lo hizo posible.

...

Yo acuso a mi siglo donde se baila.

Yo acuso a mi siglo donde se bebe.

Yo acuso a mi siglo donde se hace

el amor voraz en diez minutos.

Yo acuso a mi siglo donde se apila a los vivos

y se abren las esclusas que queman los párpados

y se grita a los muertos

y se mata y se derriba al hombre.

México, 1968

 

 
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