Temporada 2005. López Lima (ETASA) organizó dos corridas para el 1 y el 14 de enero, ambas con llenos impresionantes, y puso la plaza a disposición del Comité de Feria prometiendo que se presentaría a la inminente licitación en cuanto la convocara el nuevo gobierno estatal. No tendría ocasión de hacerlo. Ni él ni nadie más, porque la democrática convocatoria nunca llegó. Los voceros gubernamentales adujeron el escaso tiempo que quedaba para organizar la feria de mayo y enseguida el coso se entregó a la administración actual, encabezada por José María Arturo Huerta. Nunca se aclaró si se trataba de lo que en España llaman “gestión directa” (la autoridad, dueña del coso, contrata un gerente con experiencia taurina para compartir con él pérdidas y ganancias: es decir, el gobierno se hace empresario) o de un simple y poblano dedazo en favor de un particular. El caso es que entre unas y otras el número de festejos se redujo (7 corridas y 7 novilladas, y de aquéllas las dos primeras organizadas por la empresa saliente, como ya se señaló). En cambio, no varió la presentación del ganado ni la magnanimidad de los jueces. Pero la gente estaba ávida de toros y frecuentes llenos acompañaron este inicio de gestión.
El ganado
Como a menudo ocurría, la pobreza de trapío tuvo sus excepciones. La principal, el corridón de Los Encinos –luego resultó algo débil– con que López Lima se despidió y El Juli, Jerónimo y Omar Villaseñor se encerraron. Y aunque algo dispares, el sexteto de Gómez Valle por Año Nuevo y el de Montecristo que abrió feria también estaban compuestos por toros. No puede decirse lo mismo de los lotes restantes, dos de José Ma. Arturo y sendas chotadas de Campo Real y Marco Garfias, más varios obsequios de Alberto y Rafael Ortega procedentes de Pepe Garfias, Pilar Labastida, Montecristo y Santa Fe. En materia de bravura registramos un solitario arrastre lento (“Tunero” de José Garfias: 01.01) y no faltó el inevitable indulto (“Fundador” de Montecristo, hábilmente promovido por Rafa Ortega: 01.05). Del encierro de Los Encinos sobresalieron los de Jerónimo, superado por la seria bravura de “Patero”, el 5º. Del resto, lo mejor lo envió Pepe Huerta para contento de Cavazos, Gutiérrez y Amaya, destacando el 4º y el 6º, “Benemérito” y “Milenario”, en tanto los desmedrados utreros de Campo Real y Marco Garfias se dejaban hacer, sobre todo el lote del venezolano Benítez, procedente del primero de dichos hierros.
Pero el toro del año fue un novillo cárdeno de Ajuluapan, 6º en la primera novillada de feria –compuesta por tres festejos chicos y un simple terceto de corridas–. “Vencedor” era su nombre y memorables su alegría y nobleza, como asimismo su bravura con el caballo. Merecía de sobra la vuelta que el juez ordenó. Luego hubo varios novillos tan propicios como “Distinguido” (también de Ajuluapan), “Violetero” (El Grullo), “Feriero” y “Caudillo” (El Vergel, con arrastre lento para el último) o “Campanero” y “Cara Sucia” (éste de arrastre lento y ambos de Piedras Negras). De El Vergel tuvimos nada menos que tres novilladas (19 reses), aunque Ajuluapan envió sin discusión la mejor del año (13.05).
Matadores
Rafael Ortega actuó 4 veces y rompió su marca de orejas (11), sin perdonar el rabo de “Tunero” (Pepe Garfias) ni el indulto de “Fundador” (Montecristo). Ciertamente, la mitad de esos apéndices procedió de reses de obsequio, sin olvidar la influencia de la Porra Apizaco. Entre los que sumaron dos fechas sobresale El Zotoluco, que obtuvo 3 orejas facilonas para proclamarse vencedor del mano a mano con El Juli (19.11), a quien ni el regalo de indigno chivín salvó del baño; en cambio, sin cortar nada, había estado muy torero con los de Los Encinos (14.01). Mal se vio Jerónimo (1 oreja en 2 tardes) y muy puesto y torero El Zapata cuando, olímpicamente ignorado por la empresa, fue llamado por José Isabel Ortiz como testigo de su alternativa y puso en serio predicamento al ahijado y al padrino, que era el menor de los Ortega (09.12: 3 bien ganadas orejas para Uriel). En su única salida fueron también orejeados Eloy (2 y el rabo de “Benemérito”, producto más que nada de inocua voltereta), Amaya (2), Jorge (1), Angelino (1) y el caraqueño Leonardo Benítez (1). Éste, con El Juli y el novillero Rubén Pinar, formaron el terceto de foráneos en 2005. De Hermoso de Mendoza –ausente por primera vez en seis años– nadie se acordó.
Novilleros
Aunque Hilda Tenorio (desorejando a “Violetero”, 28.05) y el debutante hidrocálido Arturo Saldívar (otras dos tras bordar a “Campanero”, 20.10) hicieron lo más sólido taurinamente hablando, la actuación de Pepín Vega con el extraordinario “Vencedor” fue realmente alucinante, aunque aquel rapto de inspiración cesó por completo cuando lo volvimos a ver y desperdiciar un lote completísimo de El Vergel, que incluyó cierto “Caudillo” de escándalo. Valiente como siempre y más centrado que de costumbre, El Solo toreó 3 veces y cortó otros tantos auriculares. Por 4 de José Isabel Ortiz (en 3 tardes–noches), que se animó a organizar su alternativa (09.12) y la recibió de manos de Rafael con el toro “Talismán” de Marco Garfias y El Zapata de testigo. Si no impresionó de novillero, menos aún de matador. Sí impactaron en su única presentación Pepe Murillo y Rubén Pinar (2 orejas ambos). La única lesionada del año sería la bien plantada Elizabeth Moreno, fracturada de la muñeca izquierda al estoquear a “Compartido”, encastado berrendo de Ajuluapan (13.05). Los rejoneadoresnovilleros Luceiro III (2 tardes y 1 oreja) y Horacio Casas no dejaron huella.
Mejor faena: Pepín Vega
A despecho de perder todo su crédito al repetir actuación, su acople con “Vencedor” de Pepe Huerta (13.05) fue impresionante: “El de Ajuluapan era un toro de vacas por clase, nobleza y casta, y se encontró un capote con los duendes más finos bulléndole en los pliegues –¡aquéllos lances de recibo, seis o siete, ligados sin enmienda, con un puro y hermosísimo juego de brazos! ¡O el manojo de despatarradas verónicas que siguió! ¡O las precisas y preciosas crinolinas del quite!—, y una muleta llena de secretos giros y jubilosas sorpresas, sin menoscabo del mando y el aguante. Faena para otro tiempo u otro planeta, con un hondísimo cambio de mano por delante seguido de imperial pase de pecho como el momento que sublimó la emoción estética y desató la locura de un público fascinado por series de derechazos llenos de garbo y cadencia, kikirikíes de acento gallista y giraldillas impregnadas de gracia procunista. En una feria donde los apéndices normalmente se regalan, el juez desperdició la ocasión ideal para otorgarle a Pepín, pese a los dos pinchazos, la oreja mejor ganada del año.” (La Jornada de Oriente, 16 de mayo de 2005).