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Martes, 30 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Un retrato de Diego, la revolución de la mirada sigue dando de qué hablar

 
 Alonso Fragua

Hace más de 50 años, las figuras legendarias del pintor Diego Rivera, el cinefotógrafo Gabriel Figueroa y el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo se unieron en un proyecto cinematográfico que nunca se concretó. En 2005, el nieto del pintor, Diego López Rivera, y el hijo del cinefotógrafo, Gabriel Figueroa Flores, decidieron revivir el esfuerzo de estos tres personajes en el largometraje documental Un retrato de Diego. La revolución de la mirada (2007).

La cinta de López y Figueroa rescata el material que Álvarez Bravo filmó, Figueroa produjo y Rivera terminó dirigiendo y actuando, proporcionando así un documento histórico y artístico del México de finales de los 40, momento en que los tres personajes eran referencia obligada para sus respectivas ramas y para la cultura nacional en general.

A pesar de la importancia de sus protagonistas, el documental estrenado el año pasado tuvo una corrida comercial pésima, a decir de López, quien platicó con el público después de la proyección de su trabajo en el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, DOCSDF 2008. Entrevistado tras la función por La Jornada de Oriente, el realizador dio su opinión sobre las causas que dieron como resultado la escasa asistencia del público.

“Salimos con cerca de 13 o 14 copias. No teníamos dinero para la publicidad, así que nos basamos en el apoyo que nos dieron los medios, que fue muy bueno. Tanto la prensa escrita como la televisión se portaron excelentes. La cinta se estrenó en el momento que se tenía que estrenar: en medio de todos los homenajes a Diego, conmemorando 50 años de su fallecimiento”.

“La poca asistencia más bien habla de que en el país hay un escasísimo interés por la cultura, por todo aquello que no esté de moda. Y que, salvo algún interés circunstancial, el propio gobierno no tiene la capacidad de diseñar una estrategia para ubicar qué corresponde a cada etapa formativa de los educandos y, en este caso, de dar acceso a un público mayoritario a materiales que sean distintos a la oferta comercial. Es algo que tiene una razón muy profunda”.

Durante los 80 minutos del documental, López y Figueroa intercalan el material a color, producido por el trío de artistas, con imágenes de archivo de sus obras, así como entrevistas con la hija de Rivera y otras figuras, como Carlos Monsiváis y José Luis Cuevas, quienes opinan sobre la contribución de estos hombres a la cultura mexicana. Otra línea argumental la conforman los testimonios de los propios directores, quienes proporcionan una breve idea de cómo nació el proyecto y lo que significó y sigue significando su relación con personajes de tal peso.

A la muerte de Gabriel Figueroa padre, su hijo, amigo de la infancia de López, encontró las latas con casi 40 minutos de película que eventualmente fueron utilizadas en el documental. Los realizadores tienen una teoría sobre las razones por las que el proyecto original de sus parientes y Álvarez Bravo nunca se concretó. En primer lugar, apuntó López, lo más probable es que tuvieran ciertas dificultades para revelar el material, ya que fue filmado en 16 milímetros, a color, formato que no era posible procesar en México en ese momento. Una vez que consiguieron ver el resultado parcial de su trabajo, enviado quizá a Los Ángeles, los artistas debieron darse cuenta de que no tenía la calidad que se esperaba de ellos.

El equipo de filmación debió ser muy reducido. Fotógrafo, productor, actor convertido en director, un asistente y un chofer. No hubo sonido. Aunque Figueroa no se colocó detrás de la lente y encargó esta tarea a Álvarez Bravo, acostumbrado a trabajar imagen fija y no en movimiento, la larga lista de premios que el cinefotógrafo tenía en su haber exigía que la fotografía del proyecto fuera impecable.

En varios momentos el público observa que la lente movible de la cámara no fue colocada debidamente y se distingue el borde de ésta. Asimismo, Rivera aparece constantemente dibujando en su libreta, pero nunca se ve qué es lo que pinta, lo que dificultaba la creación de un producto final.

A pesar de estos detalles, el valor de estos momentos está en el carácter de registro que alcanza el material, según refirió el realizador al público. “Las condiciones tan rudimentarias tuvieron el beneficio de que no alteran el entorno. Esta posibilidad de que están ahí los campesinos y los indígenas y se asoman y ven a Diego, quiere decir que no se sentían invadidos y probablemente ni sabían quién era ese señor. Lo que seguramente les llamaba la atención y los maravillaba eran los trazos en su libreta”.

Ya sea en un mercado, haciendo bocetos entre los vendedores, o frente a una joven de piel morena cargando un gran ramo de alcatraces, o viendo a una mujer desnuda bañándose en un espejo de agua, Un retrato de Diego. La revolución de la mirada “es el artista en el entorno que de alguna manera lo inspiró”.

“Pensamos entonces que no sólo el hecho de haber rescatado el material, sino haber dado una relectura del mismo y de la obra de estos artistas, más de 50 años después, es ya importante en sí. Y para nosotros fue una experiencia divertida que marcó un antes y un después, porque todo este bloque en el documental donde hablamos de la herencia que nos dejaron a Gabriel y a mí no fue algo que lo hayamos pensado, pero había que hacerlo porque no somos ajenos a todo esto”.

Luego de su participación en DOCSDF 2008, ¿qué seguirá para el documental?, se le preguntó a López, cuyo largometraje anterior, Goitia, un dios para sí mismo (1988), fue ganador del Ariel de oro en 1990 y que también le otorgó el Ariel de plata por mejor dirección y mejor guión ese mismo año.

“Estamos hablando con las autoridades de la SEP para que se vincule más a la educación formal, así como con ciertos canales donde pueda tener una incidencia y una utilidad. Finalmente pensamos que la recuperación de este material es valiosísima, y si esto puede llevar a una reflexión sobre la actualidad de la obra de estos artistas, sobre la importancia de lo que hicieron y por qué lo hicieron, yo pienso que ya valió mucho la pena y que debe compartirse. Entonces sí tiene que haber un esfuerzo por que esto llegue a sectores más amplios. Confiamos en que en un mes el DVD esté en videoclubes y en todos los puntos de venta posibles”.

 

 
 
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