Atlixco, junto con Huaquechula, Tochimilco, Atzizihuacán y San Juan Tianguismanalco, forma desde la época porfirista un interesante distrito rural. “La historia de esos lugares sigue unida desde hace 800 años. De hecho, así queda demostrado con los caminos vecinales. De esta manera, a pesar de la inexistencia de la organización porfirista, Atlixco emerge como cabecera natural del valle con cierta homogeneidad socioeconómica y cultural. Y cuando algo sucede con éste, repercute en el resto”.
A pesar del potencial productivo, en los tiempos recientes pueden observarse algunos problemas. “En 1987 la superficie sembrada fue de sólo 10 mil 128 hectáreas; para 1993 la cifra alcanzó 8 mil 685. Es decir, en cinco años de diferencia consistió en mil 443, y eso significa dejar de trabajar el 37.4 por ciento del total”.
Las causas de ese panorama pueden relacionarse con la política oficial de abandono en el campo, y en especial, con el mercado adverso a la producción agrícola en general y de los campesinos en particular.
Las anteriores son reflexiones de Ricardo Pérez Avilés, investigador de la Universidad Autónoma de Puebla, quien platicó largamente con este diario. Destacó: “La importancia de Atlixco es, además de la ubicación geográfica, los recursos naturales y que la capacidad está en manos de un sector mayoritariamente campesino. De hecho, la región y el municipio poseen características y perfiles claramente rurales”.
De acuerdo con la perspectiva del experto, “el municipio y toda la región del valle proviene de un pasado indígena capaz de marcar el desarrollo. Sin embargo, debido a la ruptura de esas comunidades desde la época colonial y en la actualidad, ya no es posible considerarla una zona indígena y sí campesina”.
Los habitantes del campo, explicó, fundamentan la identidad en aspectos de ese sector, y no son imágenes indias, aunque conserven elementos culturales de esa faceta. “Los vecinos no pretenden definirse como etnias, a pesar de hablar el náhuatl. Ante la sociedad son campesinos, gente de esas características, pero no indios”.
De los pueblos con descendencia indígena, detalló Pérez Avilés, quien realizó una tesis doctoral sobre el tema, “podemos mencionar a Axocopan, Coyula, Tepango, Cuauco, Huexocuapan y Zoapiltepec, quienes después de 400 años aparecerán como ejidos.
Afirma Avilés que “hablamos de indios cuya comunidad en general fue rota porque desaparecieron los señoríos identificados con ellos. Eran pueblos sin colectividad integradora que los dotara de identidad, y por eso decidieron aislarse. La permanencia marginal de éstos ocurrió con el afán de servir a la nueva estructura agraria”.