Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Miércoles, 24 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
MEDIEROS
desde los comunicadores
 

El miedo es el mensaje

Ana Lidya Flores

Tengo la impresión de haber escrito un texto homónimo hace poco tiempo, y como el tiempo acecha, no tengo disponibles los minutos para buscar en los archivos desordenados de la hemeroteca, ni en mi carpeta de escritos sobre el comportamiento de los medios. Pero, a riesgo de repetirme, y con la clara alusión a un famoso texto aparecido a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, va de nuez.

Y va porque hasta hoy, he leído, escuchado y visto a una gran cantidad de analistas preguntándose cuál es el mensaje del terrorista que decidió hacer explotar granadas de fragmentación en el zócalo de Morelia en plena ceremonia del grito de Independencia. Creo que los más serios y reputados especialistas no han encontrado respuestas cabales, y eso es lo que llama la atención.

Parece que todos los consumidores de información, hemos encontrado del 16 de septiembre pasado a esta fecha,  una colección de hipótesis que intentan responder qué pasó. Sin embargo algunos intentos de explicación son francamente descabellados. Todo parece indicar que ni Lorenzo Meyer ni Miguel Ángel Granados Chapa, por mencionar a un par, han encontrado una respuesta satisfactoria.

Lo que también es una clara manifestación de lo poco habilitados que están nuestros espacios informativos, es que así como el acto terrorista nos tomó por sorpresa, la gran mayoría de los trabajadores de la información se encuentran poco habilitados para lidiar con un hecho inédito en el país. Durante una década se advirtió de la colombianización de la situación mexicana, y más de un colombiano se ofendió por la adjetivación.

Lejos de restituir el daño, creo que nadie se puso a trabajar para manejar con serenidad un caso tan grave con el del estallido en Morelia. Nada más hay que recordar las imágenes estridentes en los noticiarios del 16 de septiembre. Sangre, sirenas, desconcierto. Imágenes que no explicaban pero si lograron contribuir con el objetivo de los terroristas: sembrar el miedo. Las encuestas que circularon en medios impresos del Distrito Federal (Excélsior, por mencionar alguna) dan cuenta del miedo ciudadano de reunirse en espacios públicos a partir del lunes de la semana pasada. En esos términos, el mensaje de miedo fue absolutamente eficaz. Y ahora, ¿qué sigue? Creo que valdría la pena prepararnos como ciudadanos, analistas, informadores a recomponer el miedo inmovilizante que lejos de ayudarnos, agudizará la situación.

 
 

Del olvido selectivo y los festejos patrios

Gabriela Pinto Márquez

Hace poco más de siete días celebramos –léase con tono irónico– un aniversario más de la independencia de nuestro país. Yo me encontraba en Xalapa en la edición anual de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) porque trabajo en un área relacionada con la producción editorial. He de mencionar que atender este tipo de eventos es pesado, porque son horarios exhaustivos, en ciertos momentos del día hay ríos de gente (no es metáfora, es literal) y hay que cuidarse de algunos oportunistas que se dedican a robar libros en la feria por puro gusto o para venderlos en menos de la mitad de su precio al público por fuera.

El 15 en la noche uno de los vecinos de stand me preguntó: ¿qué van a hacer al rato? Mi humor no era el mejor ese día y me encontraba francamente cansada, además de que pienso que este tipo de celebraciones se ha convertido en estrategias mercadológicas para vender artículos y servicios tricolor.

Me dirigí a descansar y sólo me despertaron los fuegos artificiales un poco más tarde. Al día siguiente amanecí con la noticia de lo ocurrido en Michoacán. Mientras miraba el televisor pensé que no teníamos gran cosa que festejar. Y esto, lejos de ser una queja sin sentido es una invitación a la acción. Recordé las palabras de Fritz Glockner en una presentación de su libro Memoria Roja con respecto a que los mexicanos no tenemos memoria. Todo se nos olvida con un poco de tiempo y circo mediático.

Amo este país y lo digo convencida. También veo que muchos amigos y compañeros han decidido emigrar en busca de una mejor opción: España, Australia y Argentina son países en donde tengo ya a varios conocidos que desde hace algunos años viven ahí. Algunos han argumentado que no han tenido opción, que da pena la situación que prevalece: el tema de la inseguridad, el desplome de las finanzas de nuestro vecino del norte –que afecta directamente– y otros tantos problemas que por puro optimismo no voy a mencionar.

Creo que el significado de lo patriótico está muy gastado. No se trata de cantar las canciones de José Alfredo o emborracharse con tequila cada que la selección de fútbol gana un partido importante. Me parece que deberíamos tomar conciencia de lo que ser mexicanos significa y empezar a trabajar cada uno y en conjunto por construir un país mejor. En estos casos el silencio no ayuda, debemos empezar a hablar y a denunciar desde los malos tratos en los servicios hasta las injusticias imperdonables que durante mucho tiempo han estado guardadas en el cajón de los recuerdos.

 
 

El otro comunicado

Jonathan Vázquez Betancourt

Leer información del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es recibir noticias de México. No sólo del otro México que se va construyendo desde abajo y que forma parte del discurso zapatista, sino noticias del México cotidiano y en agonía. También los “compas” del EZ hablan del “México de arriba” que han construido las elites y que ellas mismas se han empeñado en provocar y destruir en legítima defensa del simulado Estado de Derecho.

Antes de enviar el comunicado del que ya se habló en este mismo espacio y que no tiene desperdicio, el Subcomandante Marcos, el 11 de septimebre abordó el tema de la “salvaje represión” perpetrada por los gobiernos de Vicente Fox y Enrique Peña nieto en Atenco, Estado México. Pecado capital para un país donde el olvido es el estado idóneo para ser feliz.

No es un tema menor que el movimiento ideológico y social zapatista priorice el tema de Atenco. Después de meses de no emitir comunicación el EZ habla de la represión social orquestada por el gobierno que sin duda pasará a la historia como uno de los momentos más lamentables en la gestión del “gobierno del cambio”.

La memoria les falla a los medios de comunicación del México de arriba y a la derecha; les falla a los gobernantes que se llenaron las manos de sangre con el asesinato de Alexis Benhumea, pero el EZ le recuerda a las elites que en su México hay total impunidad. Como muestra de ello habla de los presos políticos. Dicta el otro comunicado: “entre ellos el compañero Ignacio del Valle, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Y lo nombramos a él no porque olvidemos o ignoremos a los demás, sino porque su caso es emblemático de la injusticia que es ley e institución en este México que agoniza”.

Como estaca que se clava moralmente en la amoralidad gobernante, Marcos platica con cada uno, no con las masas y recuerda la cabalidad con la que los familiares de decenas de presos políticos han permanecido durante más de dos años en un plantón afuera de los penales en los que el Estado ha encarcelado –después de haber vejado, humillado, torturado y violado– a quienes se oponen a sus políticas neoliberales y represivas.

A pocos días de que se cumplan 40 años de la masacre de Tlatelolco, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona nos recuerda que no debemos permitir que Atenco siga la misma línea de olvido e impunidad por la que tuvieron que pasar los inconformes de entonces.  Nos invita a “recordarles a todos, a recordarnos, que no olvidamos… ni a nuestros presos, ni a quienes les han impuesto esa injusticia”, recordarle a los criminales de Estado que seremos reverberación eterna ante su impunidad, es comunicar públicamente la intención de lograr que “otro México es posible”.

 
 

 
Copyright 1999-2007 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV