Es posible que la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional se encuentre ocupada diseñando la recuperación de Tlaxcala, que desde hace dos sexenios dejó de tener la gubernatura, las diputaciones locales y apenas si cuenta con 19 presidencias municipales.
El problema puede plantearse en la definición del nombre, aunque es seguro que quedará entre “los herederos”, que se encuentran en el PRI y en el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Todos descienden de la familia revolucionaria.
Mientras la ex gobernadora Beatriz Paredes Rangel declara en Guerrero que es momento de la reconciliación de la gente con ese partido político, ese instituto debe prepararse para recuperar los espacios que hoy están en manos del Partido Acción Nacional, tanto en el país como en el estado.
Al mismo tiempo en el Distrito Federal los asistentes al Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática aprobaban el acuerdo de que en algunos estados de la República se hagan alianza con el PRI en la búsqueda de las gubernaturas.
La ex gobernadora de Tlaxcala sabe de qué habla, en las elecciones locales de su estado natal, su partido no pudo alcanzar por la vía uninominal ningún escaño del Congreso, en tanto apenas sí logro mantener 19 presidencias municipales.
Las alianzas son parte de la estructura genética de la clase política tlaxcalteca, ha dicho la senadora Rosalía Peredo, de ahí que la disputa se dará por esa vía, sólo que ahora es posible que los socialdemócratas del PRI y del PRD vayan juntos.
Los lazos de sangre que se mantienen entre esos dos institutos políticos hacen posible esta experiencia en los próximos años, lo que hace que quien vaya al frente, sin duda, sea una mujer, ya sea por la línea de sangre de los Sánchez, de los Cisneros o en una de esas hasta de Teniza.