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Martes, 23 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 SUBEYBAJA  

De expropiaciones y centenarios

 

 
Ramón Beltrán

Con todo el jaleo que se ha armado en torno al denominado por muchos “Fraude Fantástico”, o sean las 18 hectáreas de la reserva Territorial Atlixcayotl que Melquiades, “el gober generoso” entregó a Ricardo Henaine Mezher, inicialmente en “comodato a 99 años”; aunque  ahora –según explica aunque nadie le entienda– el comodato era a cinco años, y al término de estos se convirtió en “donación onerosa”, mediante la muy módica cantidad de 10 millones de pesos. Ante tanto enredo original, y más tarde al enterarse de las explicaciones y justificaciones esgrimidas, solamente puede uno admirarse. Sí, es de admirarse la habilidad creativa que ponen en práctica nuestros políticos para intentar explicar y justificar sus actos más oscuros y deleznables. Ni Andersen, ni los hermanos Grimm, en el pasado, ni mucho menos la creadora del famoso Harry Potter, contaron con tales facultades de fabulación. 

¿18 Hectáreas de la reserva Atlixcáyotl, la de más alta plusvalía en el estado, vendidas (o donadas, da lo mismo) por 10 millones de pesos? ¿A 55 pesos el metro cuadrado? ¿Y como se justifica esto? Según las notas periodísticas de la rueda de prensa ofrecida por el ahora Senador, antes “góber generoso”(con lo ajeno), esto fue para “crear fuentes de trabajo”. Así de simple. ¿Y cuantos son los  poblanos que generan fuentes de trabajo sin la ayuda (e inclusive con el estorbo) del gobierno estatal? Un ejemplo irrefutable es el Parque Africam y Amy Camacho, su propietaria, que trae a la mayor parte del turismo del estado sin la ayuda del gobierno (y desde hace un año sufriendo el torpedeo de la Secretaría de Obras Públicas que es incapaz de terminar una carretera de 15 kilómetros en un año), y a quien no se le ha regalado un solo metro de terreno.

¿O es que a cualquiera que ofrezca crear empleos se le van a donar predios expropiados,  por una fracción de su valor?  Los aspirantes seguramente harían cola para recibir tales beneficios, a menos que también existan  otros beneficiados por la transacción y que no aparecen en las escrituras. Porque en ese caso habría que “salpicarlos” y para eso se necesita contar con los medios suficientes.

Y mientras tanto el ex director del Fideicomiso, Dr. Eduardo Macip, asegura que, efectivamente, esos terrenos fueron vendidos por el Fideicomiso y el gobierno del estado a un particular. El actual director del Fideicomiso, Rafael Moreno Valle Buitrón, lo confirma. Supuestamente su valor actual supera los 400 millones de pesos, a 200 dólares el metro. Un buen negocio, obtener 40 veces su valor en cuatro años. ¿Y dónde quedaron los empleos que supuestamente se iban a crear mediante la donación generosa? De haber sido 400, éstos habrían costado 1 millón de pesos cada uno. Pero no fueron más que una docena porque el empresario, generosamente beneficiado,  nunca invirtió un peso para crear el parque tipo “Six Flags” que ofreció, sino que se limitó a alquilar juegos de feria de pueblo, viejos y obsoletos. 

¿Y que pensarán los ejidatarios a quienes se expropiaron esas tierras? Porque son quienes podrían intentar una reversión de la expropiación. ¿Y que opina la Sedesol federal?

Porque debemos recordar que en la época de Piña Olaya, cuando se planeó hacer el mismo negocio desde el poder estatal, similar pero a lo bestia, fue Alejandro Villar Borja, entonces delegado de Sedesol federal quien lo impidió, así fuera parcialmente,

Y después llegó Manuel Bartlett y obligó a todos los compradores de la “Piñata Atlixcáyotl “a regresar al gobierno los terrenos que habían adquirido, a cambio de devolverles las cantidades que supuestamente habían pagado. ¿Y que pensará don Manuel Bartlett de todo esto? ¿Nadie se atreverá a preguntarle? ¿Sabrá Manuel Bartlett, lo sabe usted amigo lector, que el Fideicomiso Atlixcáyotl, el que recibió la casi totalidad de las mil cien hectáreas expropiadas,  debe actualmente 150 millones de pesos? Lo cual representa solamente la tercera parte de lo que el “góber generoso” le regaló a Henaine.

Y ahora Salomón Jauli, director del Instituto del Deporte, nos ilustra acerca de otra de las donaciones hechas por ese gobierno generoso, y es con la que se benefició al Tec de Monterrey, quien más tarde arrasó con el velódromo que ahí existía.

¿Y qué decir de las expropiaciones del Paseo del Río de San Francisco? ¿Qué pensarán ahora todos los propietarios de las casas, terrenos, fábricas, edificios que fueron expropiados para después   venderlos todos,  o casi todos, incluidas las calles, a los hermanos Martínez Ramos? ¿Estarán tan contentos como los ejidatarios de Tlaxcalancingo? 

¿Para eso se crearon la Ley Federal de Expropiación y la del Estado ? ¿Para hacerle al Chucho el Roto, pero al revés? ¿Para despojar a los más desposeídos, para arrebatarles sus propiedades a los particulares y  entregarlas posteriormente a los más ricos, a los más poderosos, a los más influyentes?

Sin embargo no debemos molestarnos; no debemos irritarnos; pronto estaremos (si los narcos nos dejan) conmemorando y celebrando el segundo centenario de la Independencia y el primero de la Revolución. Para entonces veremos a nuestros políticos entonar el himno nacional y vocear  emocionados los nombres de “los héroes que nos dieron patria y libertad”, como Hidalgo y Morelos.

Evocarán entonces los “Sentimientos de la Nación”, pero olvidando intencionalmente su texto.

Refresquémoslo pues, así sea parcialmente: 

“...Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto... que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados... que a cada uno se le guarden las propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado señalando penas los infractores...”

¡Uffff!

Cien años más tarde vino la Revolución, y una vez más el pueblo mexicano creyó que ya alcanzaría un poco más de justicia, un poco más de igualdad.

Vana Esperanza.

Pronto “celebraremos” 100 años de su inicio, cargando con la vergüenza de que un siglo después la corrupción nos ahoga, la impunidad nos desalienta y el peso de la miseria nos mantiene postrados,  miseria que agobia a  40 o 50 millones de mexicanos  olvidados por aquellos políticos que, de espaldas a su propio pasado, optan normalmente por beneficiar a los poderosos antes que auxiliar a los desposeídos; y que después se preguntan extrañados por las causas  que han llevado a 10 millones de mexicanos a buscar –y encontrar– un futuro más justo en el extranjero, antes que en su propia patria. Esto a 200 años de la Independencia y 100 de la Revolución.

Políticos que pronto, en tan solo dos años,  entonarán vibrantes piezas oratorias para ensalzar todos los logros alcanzados, y lo harán como si en verdad estuvieran convencidos de sus palabras y sin que podamos notar que el contraste de estas con nuestra realidad pueda lastimar su conciencia.

¿1810, 1910, 2010?

 
 
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