La falta de una buena preparación y de un compromiso real con la profesión u oficio elegido por parte de la persona, la baja calidad en la enseñanza que se imparten en las escuelas, la poca inversión de las empresas en la capacitación de sus colaboradores y el exceso de barreras burocráticas por parte del gobierno, forman el círculo vicioso en que se ha convertido la generación de empleos en el país.
Para poder cambiar esta situación debemos entender que el primer responsable en la búqueda de un buen empleo es la persona. No importa que se trate de un obrero, técnico o profesionista. Es el individuo quien con su actitud y su preparación, posee la llave que le abrirá las puertas de las empresas en donde pretende colocarse. Se requiere de una conducta de real compromiso y una preparación que vaya más allá de sólo terminar la carrera.
Las instituciones de educación media superior y superior ofrecen hoy los mismos programas curriculares que hace décadas y no los pueden actualizar debido al escaso contacto que mantienen con el entorno laboral.
Por su parte, la mayoría de los empresarios mexicanos no han terminado de entender que para lograr el éxito en sus organizaciones es necesario invertir en el desarrollo de sus colaboradores. Hoy, el entorno exige compromiso, profesionalización y un mejor desempeño para alcanzar niveles superiores de competitividad.
Si se sigue pensando que el gobierno es el principal responsable en la generación de empleo, se dificultará la visualización de nuevas alternativas de calidad. Su papel debe ser el de promotor, procurar la modernización de las instituciones educativas, disminuir las barreras burocráticas y ofrecer incentivos reales sin distinción, así como atraer las inversiones que incrementen las posibilidades de empleo y capacitación.
Si hay más gente preparada en mejores escuelas y con una actitud comprometida, se podrán integrar a las empresas, que en un entorno más favorable, sean capaces de crecer y ofertar vacantes a trabajadores y profesionistas calificados.