Temporada 2004. El último año de su gestión lo basó ETASA en las mismas premisas del anterior, organizando similar número de funciones (21: 9 y 12) bajo la fórmula conocida de novilladas en noche de viernes con el doble propósito de promover nuevos valores y atraer público joven. Que las economías afectaran negativamente la selección de ganado tampoco era novedad, pero esta vez el público lo tomó en cuenta y los llenos escasearon, incluso en corrida y con Cavazos en el cartel. Ese año, la Asociación de Matadores trajo a Puebla sus festejos por la Oreja de Plata (30.01) y la de Oro (22.05). Aunque se vieron grandes faenas (Mariano, Jerónimo, Zotoluco) hubo también sangre, seis percances en total y al menos dos sumamente graves (Rodrigo Sánchez y Alberto Valente, novilleros).
Ganado
Reyes Huerta sorprendió en Año Nuevo con un encierro modélico por presencia, casta y clase, pero más aun al casi repetir ese sobresaliente en plena feria para desconcierto de Eloy y alegría de la buena afición. Recibieron arrastre lento “Cascabel” y “Papá Noel” (01.01), y no merecían menos “Recital” y “Rival”, maravilloso berrendo que Alejandro Amaya desperdició. La corrida de El Colmenar (de Gerardo Martínez, hermano de Manolo) venía muy cuajada, fue noble e incluyó a “Orgulloso”, cierraplaza serio y encastado. Aunque grande, la de Zacatepec sacó genio a la antigua, mientras defraudaban en todo Teófilo Gómez y Puerta Grande, soseaban los de José Marrón y le salvaba la noche a dispar sexteto de San Martín la raza y calidad de “Mil Usos”, al que El Zotoluco le cortó el rabo. Para la Oreja de Oro, La Estancia mandó un saldo verdaderamente impresentable.
Los novillos, como era ya usual, dieron en general poco juego. Hubo sin embargo un “Velador” de Pepe Huerta –estaba en su año– para el que se ordenó la vuelta al ruedo (01.05). Y dos de arrastre lento, uno de Tenexac y otro de Coyotepec. Agréguense varios de triunfo, procedentes de Luis Felipe Ordaz (una oreja y la de Plata a Marbella Romero), Salitrillo (“Monarca”, Hilda Tenorio dos orejas) y Felipe González (“Prietito”, orejas a Omar Villaseñor). Poca cosa para las 76 reses (2 para rejones) de 16 divisas que desfilaron.
Matadores
El Zapata toreó 5, cortó 4 orejas y sufrió un puntazo hondo que daría lugar, herido ya, a la más templada de sus faenas, malograda por pinchar a “Canastillo” de San Martín (14.05). Jerónimo (3 y 3) empezó en gran plan y se fue diluyendo, pero Mariano redondearía su mejor tarde en años, y sólo cortó par de apéndices por demorar la muerte de “Bola de Nieve” tras una faena de rabo. Éste lo obtuvo en su primera de dos noches El Zotoluco por su torera apuesta ante “Mil Usos” (14.05). Hubo otro rabo, pero más por presión de la Porra Apizaco que por la faena de Alberto Ortega a “Papá Noel”, al que había bordado de capa (01.01). Israel Téllez (2 y 1) desorejó a “León” para disputarle la Oreja de Oro a El Zapata, que le cortó dos a “Conejo” y se quedó con el trofeo. Jorge Gutiérrez (2) no dejó huella. Otros 10 espadas torearon una sola vez y únicamente Cavazos (2) y Sebastián Vargas (1) tocaron pelo. Por cierto que este bravo colombiano y el excesivamente sobrio Pedrito de Portugal fueron los únicos extranjeros de a pie en el elenco del año. De España sólo vimos a un Hermoso de Mendoza (2 y 1 sola oreja) desmotivado y superficial.
Novilleros
Omar Villaseñor sería el máximo triunfador (4 orejas por tres paseíllos, con salida en hombros tras estoquear 4 bureles de Coyotepec por cornadas de sus alternantes: 16.09), pero actuaron hasta 4 novilleras –la peorcita la toledana Raquel Sánchez– y dos de ellas –Marbella Romero e Hilda Tenorio– dirimieron toreramente la posesión de la Oreja de Plata, ganada por el certero estoque de Marbella. A cambio, Hilda se proclamó triunfadora de la feria para posteriormente caer en la celada de un encierro pesado y moruchón de Celia Barbabosa en noche de once avisos (con seis y novillo vivo a cuenta de la moreliana). Antes había desorejado a “Monarca” de Salitrillo en noche de terna exclusivamente femenil (Raquel Sánchez y Lupita López fueron avisadas: 05.03). En un plano inferior hay que situar los triunfos de dos veces lesionado Jesús Luján (3 noches y 1 oreja; fracturas de codo y maxilar), José Isabel Ortiz (3 y 2, más el trofeo de la Asociación Taurina: 08.05), El Solo (2 y 1), Fermín Rivera (2 y 1), Pedro Rubén (4, oreja y cornada) y Claudio Montiel (1 y 1). Marbella, con todo y su Oreja de Plata, no volvería a El Relicario.
Faenas: Mariano y Jerónimo
“Hacía mucho que no toreaba dos toros tan a gusto”, confesaría Mariano Ramos luego de la gozosa lección que dio en Año Nuevo con los de Reyes Huerta. Ya tenía las orejas de “Cascabel”, “lidiado y picado con admirable medida y maravillosamente toreado en un estatuario quite por chicuelinas hieráticas y suavísimas... (antes de) una de las mejores faenas que hayamos visto en El Relicario”. Fue con el 4º, cuando “parecido planteamiento utilizó con “Bola de Nieve”, al que un inspiradísimo Mariano Ramos fue capaz de estimular, avanzado ya el suntuoso muleteo, con tres aterciopeladas giraldillas, prólogo de otros tantos naturales de escándalo, el afarolado en la misma cara y un completísimo pase de pecho con la zurda, todo milagrosamente ligado cuando ya la menguante condición del animal aconsejaba terminar cuanto antes. Pero tan a gusto estaba el Maestro que lo pasó de faena, encontrando poca colaboración al hacer uso del estoque.” (La Jornada de Oriente, 5 de enero de 2004).
Por su parte, Jerónimo la armó en grande la noche del 19.03, encartelado con Pedrito y El Zapata en la lidia de una corrida con cuajo y pitones de El Colmenar. “A la faena llegó “Orgulloso” pidiendo un torero que sometiera su encastada nobleza... Se salió Jerónimo con el bicho a terreno abierto y en un santiamén lo había fijado en su bien cuadrada muleta y estaba echando la pata pa’lante y la mano abajo para ponerle alas a su sentimiento torero y liberar el de la plaza entera, que respondió como un resorte al prodigio del arte... El torazo colmenareño (538 kilos) se había dejado bordar por el pitón derecho –y hubo por ahí tandas colosales de temple y hondura– pero protestó probón por el otro y, cuando el torero le aguantaba un frenazo a medio natural, se lo echó al lomo de seca puñalada... tardó en reponerse, mas se le vio volver a la cara del bicho para enredárselo en un molinete de rodillas, más derechazos de alarido, el adorno del molinete invertido y el abaniqueo. La plaza sintió que estaba en presencia de un auténtico faenón y que Jerónimo tenía que coronarlo con la espada... Lo logró al segundo viaje –lasernistas y desplante de por medio– rodó fulminado “Orgulloso” y Jerónimo paseó en triunfo dos orejas y se dejó llevar en hombros noche adentro.” (La Jornada de Oriente, 22 de marzo de 2004).