“La relegación del títere como un arte menor, es tradición. No es de ahora, es de siempre. Los titiriteros han sido tratados con un gran desprecio, pero también han tenido épocas gloriosas, como en el siglo XVIII, cuando estaban hasta en las cortes. Ahora, en México atravesamos una crisis muy severa en todos los ámbitos; sin embargo, yo sigo teniendo fe en que los títeres nunca van a morir. Son milenarios, existen desde antes de Cristo, han librado ya muchas batallas y les quedan muchas por ganar”.
Así habló Mireya Cueto, dramaturga y titiritera mexicana, con 86 años de edad, casi 70 dedicados a ofrecer a los niños una visión mágica del mundo, quien fue entrevistada por La Jornada de Oriente tras el homenaje que le realizaron en el auditorio del Museo Imagina, durante el VIII Festival Nacional de Títeres que lleva su nombre.
Emocionada, aunque delicada de salud, la prestigiada creadora literaria estuvo atenta al espectáculo que presentó la compañía Titirisol, con las obras: Carnaval de animales y Caperucita roja, en las que utilizaron diversos tipos de títeres, tales como los de varilla, de guante o guiñol y de sombras.
Ahí también escuchó su semblanza, que abarca casi siete décadas dedicadas al mundo del títere en la búsqueda de fomentar la creatividad de los más pequeños, la fundación de las compañías Tinglado y Espiral, la autoría de guiones para teatro de títeres, de televisión, de cine y de radio, así como la realización del libro Apuntes sobre la experiencia artística, además de la participación en festivales en Estados Unidos, Francia, España e Italia.
Ante un público netamente infantil, conmovida agradeció el reconocimiento a su amplia labor de difusión, creación y promoción del teatro de títeres en nuestro país.
Con un sinfín de anécdotas por compartir, Mireya Cueto aseguró a este medio que sigue firme en su objetivo de mantener vigente el arte de los títeres. Para ella lo más importante es atrapar la atención del público y que los titiriteros se den cuenta de lo difícil de su carrera, que únicamente se sostiene con trabajo, interés y persistencia.
“La labor y el arte de un titiritero son aquilatados en un rango menor al de otros géneros del teatro; hay quienes ven nuestro oficio con desprecio y desinterés argumentando que los valores artísticos y humanos que convergen a su alrededor no son equiparables a los de un actor, sin tomar en cuenta el proceso emotivo y empático del titiritero con el muñeco y el público”, arguyó Mireya Cueto, al tiempo que señaló: “Cómo no voy a defender este arte, a mis muñecos, si han sido fieles compañeros, me han acompañado en las altas y bajas de mi vida, incluso en mis enfermedades”.
Cueto, quien en perfecto equilibrio ha logrado el desarrollo entre el arte manual e intelectual por medio de la creación de títeres y la escritura, expresó que su contribución ante la realidad manipuladora es ofrecer un mundo donde haya libertad, ingenio, pluralidad y respeto. “Los titiriteros debemos ser respetuosos con los niños, no manipularlos, porque hay quienes les dicen dónde aplaudir o cómo participar. Si el niño quiere aplaudir que lo haga, no hay que forzarlo”.
“A temprana edad me di cuenta que podía darle vida a los títeres con las manos, prestarles mi voz y transmitir sus sentimientos, que también estaban escondidos en mis entrañas”. Por ello, a través de la risa, la burla y el temor, las figuras “reflejan las emociones más íntimas del ser humano. Son un espejo indispensable para los niños y también para los hombres y las mujeres, debido a que abren caminos hacia la libertad espiritual, desencadenando los fantasmas que atan nuestra estructura emotiva”.
Por tal razón, dice, el valor más importante que encierran los títeres “es la exaltación del imaginario infantil en su estado más natural, sin ningún tipo de manipulación, pues aunque en la actualidad el entorno de los niños ha sido ensombrecido por diversos factores, su anatomía emotiva debe ser respetada”.
Los niños de provincia son más ingeniosos
–A lo largo de su vida, que ha dedicado enteramente a los títeres, ¿cómo ha sido la enseñanza–aprendizaje con los niños?
–Ha sido para mí un motivo de preocupación y de alegría trabajar para los niños y, de vez en cuando, para los adultos. Los niños son maravillosos y nobles, tienen reacciones extraordinarias a pesar de la televisión y de los videojuegos, por eso sigue tan vigente el trabajo de los títeres en este público.
“Cuando trabajaba para los niños, siempre me acercaba por una rendijita de las cortinas para ver como reaccionaban. Me encantaba verle las caritas sonrientes, animados, juguetones. Ahora ya no trabajo en ello… qué lamentable. Por mi edad me dedico a producir, escribir y a diseñar títeres, porque trato de seguir trabajando hasta lo más que se pueda”.
“Cada vez que tengo oportunidad de salir de la ciudad de México, lo disfruto muchísimo. Me gusta el trabajo en provincia porque los niños son diferentes, más espontáneos, ingeniosos e inocentes. Se entregan totalmente al espectáculo, aunque cada público es diferente, como el de las zonas rurales”.
“Siempre me acuerdo que hace muchos años fui con mis títeres a una comunidad muy apartada y marginada del país. Viendo el espectáculo, un niño le dice al otro: Oye tú, ¿y cómo se moverán? Y el otro le contesta desenfadad: pues por la electricidad”, y ríe sonoramente. “Eso es lo que más me gusta de ellos, son divinamente ocurrentes, imaginan cada cosa para dar una respuesta sesuda”.
–¿Cuál es su referencia del trabajo de títeres en Puebla?
–Tengo de Tlaxcala, de los Rosete Aranda, que fue una familia numerosa dedicada a los títeres. Eran maravillosos, extraordinarios, ahora están en los museos, pero tuvieron una gran temporalidad. Por eso digo que pese a todas las guerras, la de la intervención norteamericana, la francesa, la guerra de tres años, el siglo XIX en México fue verdaderamente de perpetua guerra; mientas los títeres hacían reír a la gente… pero los Rosete era un familión, donde desde los más pequeños hasta los más grandes contribuyeron a su permanencia por dos siglos”.
Por último, después de una amena charla, la maestra Cueto explicó que el títere “es un arte multidisciplinario que reúne muchas características, entre ellos las pedagógicas, que ayuda al desarrollo de los niños”. Al respecto, comentó que hace años sugirió a un secretario de estado integrar a los títeres a la enseñanza del nivel básico educativo. “Pero el señor, chocantísimo, ni siquiera me volteó a ver. Cuando le llevé el proyecto con su argumentación… me dijo: no se puede, no se puede, no se puede. Fue una experiencia lamentable”.
Los titiriteros del Festival Nacional también llegarán el 27 de septiembre a Chignahuapan, 28 a Huauchinango; 5 de octubre, a Coronango, 12 a Tepeaca, 19 a Acatlan, 26 a San Lorenzo Almecatla; y el 9 de noviembre a Ciudad Serdán, a través del programa Alas y raíces del Conaculta.