La mentira es moneda de cambio en las fuerzas políticas que cada proceso electoral buscan ser atractivas al ciudadano que con su sufragio decide el derrotero de un municipio, un estado o el país.
Es el caso del PAN en Tlaxcala. Partido conservador inexistente en el escenario político en una entidad que durante décadas prohijó a corrientes que fueron del liberalismo social a la social democracia; y del inmovilismo al cinismo en un mundo en el que cada vez era indispensable que los ciudadanos libres tuvieran una opción política congruente, en el que la ética fuera la constante y que permitiera a los desposeídos advertir un futuro menos sombrío.
Lejos de ser una opción viable en el estado para paliar las adversidades en el ámbito económico, empleo, seguridad o de cuidado al medio ambiente, el dirigente del PAN, Alberto Jiménez apuesta al cínico discurso del facilismo. Plagado de lugares comunes, nos muestra impúdica su mediocridad, calificada así por sus propios correligionarios. (+)