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Viernes, 19 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ENTREPANES 

¿Por qué, de noche, soy tan cobarde?

 

 
Alejandra Fonseca

Cada noche, todas las noches, llega el momento. Agotada por las actividades del día me alisto para irme a dormir. Cansada, me despojo de ropa y calzado. Me siento en la cama para, luego, tenderme en ella. Me acuesto boca arriba. Me propongo descansar. Acomodo mi cabeza en la almohada. Me acurruco en la cama. Y pretendo conciliar el sueño.

Sin razón ni pretexto mi mente empieza a dar vueltas. Incontrolable. Las ideas surgen sin motivo. Por igual unas que otras. Confusas. Revueltas. Incompletas. Contradictorias. Destruyen todo a su paso. Imagino lo más doloroso, Lo más dañino. Y surgen los fantasmas. Las almas sin cuerpo. Los cuerpos sin alma. Duros. Insensibles. Sordos. Fríos. Inconmovibles. Inclementes. Atormentantes.

Me asusto. Me da miedo. El sueño se espanta. La vigilia me azuza. Volteo el rostro. Reacomodo la almohada. Pateo las cobijas. Me destapo. Abro los ojos. Veo la oscuridad. Pregunto: ¿Qué me pasa? Redoblo esfuerzos para acallar mi mente. Cierro mis ojos con más fuerza. Como si de ello dependiera el silencio.

Intento nuevamente dormir. Cuento mis respiraciones. Me remito al aire que entra y sale por mi nariz. Ciclo y reciclo los números. Entre uno y otro se cuelan los pensamientos. Los números se entrelazan con lo que imagino. Una corriente subterránea arrastra mi voluntad. No puedo parar. Es más fuerte que yo. Y pierdo el ritmo.

Me siento indefensa. Impotente. Imagino que todo va mal. Que soy débil. Que las cosas me rebasan. Y para los pendientes ya no hay tiempo. Que es muy tarde. Siento el fracaso. La caída. Me siento abortada. Desheredada. Me abruma la angustia. Me ahoga. Me cuesta respirar.

Me levanto con violencia. A oscuras. Me siento en la cama. Poso la cabeza entre mis manos. ¿Qué me derrota? Busco la luz. Por dentro. Con desesperación. Estoy oculta en mi sombra. Empañada. Opaca. ¿Es esta la realidad? Volteo la mirada. Recuerdo al sol. Su luz. Al día a día. Me miro valiente. Pasando cada momento con fiereza. Pisando con firmeza. Sabiendo que puedo con el mundo. Y me pregunto: ¿Es ésta la realidad?

Me hundo en mis pensamientos. No los puedo callar: ¿Qué me hace ser, una de día y otra de noche?

¿Por qué, de noche, soy tan cobarde?

 
 
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