Largamente anunciada, y por años matizada, la crisis del sistema financiero internacional irrumpió con fuerza desde el propio corazón de Wall Street y por ello la salida de la misma supondría la modificación del orden existente en materia financiera.
Para nosotros, las preguntas y dudas se asocian justamente al impacto que dicha crisis y las sucesivas medidas tendrán para la economía mexicana, así como para inversionistas y/o empleados de empresas afectadas subsidiarias en México.
Finalmente el secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens, reconoció el impacto negativo de la crisis financiera norteamericana y la incipiente recesión de los países europeos, y si bien hasta el martes sostenía la tesis de la fortaleza económica, los estragos en el mundo financiero del vecino del norte, lo hicieron reconocer las dificultades que se vislumbran para nuestra economía.
Para nadie es un secreto la fuerte dependencia de la economía mexicana hacia la del norte, y si a ello le agregamos las relaciones globalizadas del mundo financiero, creo que es insostenible los discursos de fortalezas y/o blindajes.
La quiebra de Lehman Brothers, la venta de Merril Lynch al Bank of America y el rescate de la aseguradora AIG por el gobierno de Estados Unidos, no han detenido la caída de la bolsa de valores de Nueva York, arrastrando a la mayoría de las principales bolsas del mundo.
Mientras esto sucede, el Banco de México mantiene la política de restricción monetaria, elevando la tasa de interés interbancaria, frenando todavía más la actividad económica interna y tratando de controlar la inflación manteniendo la apreciación del tipo de cambio.
Hay historia en la economía mexicana y bastante reciente está la crisis del 94 en la memoria de los mexicanos para reconocer el riesgo en usar el tipo de cambio como ancla del sistema de precios en beneficio del sector financiero internacional, pero en detrimento de la competitividad de los sectores exportadores.
A la luz de los acontecimientos mundiales en materia financiera, la política del Banco de México debería revisarse, buscando prever los efectos que para los inversionistas y/o ahorradores nacionales los movimientos en el mercado accionario podría tener; por ejemplo, si una parte de los fondos para el retiro de la mayoría de los trabajadores estuviera invertida en instrumentos de riesgo dentro del mercado bursátil, el gobierno debería tomar las acciones que permitan garantizar su cuantía, antes de que peligre el ahorro para el retiro de los mexicanos.