También denominada médicamente como dermatitis por contacto, la piel sensible es un problema de salud que paradójicamente en la medicina es uno de los más prevenibles y por curioso que parezca, también es asombrosa su frecuencia. La única forma en la que se puede controlar y corregir es identificando el elemento que condiciona inflamación, lo que representa una limitación que va más allá de lo imaginable, pues no existe un constituyente en la naturaleza que, por sí mismo, pueda estar exento de provocar una alergia. Otro problema es que hay sustancias potencialmente generadoras de sensibilización sin que esto implique que todos tenemos un riesgo alto. En otras palabras, lo que es muy nocivo para algunos, puede ser totalmente inofensivo para otros. Sin embargo, existen evidencias de que los problemas de este tipo se van incrementando con el tiempo y no existe un método hasta la fecha lo suficientemente eficaz como para poder predecir el riesgo y establecer medidas preventivas de control a la larga. Por otro lado, hay muchos huecos legales en los que no existe una regulación clara de lo que una persona debe ponerse o dejar de aplicar en su piel. La cantidad de productos que se encuentran circulando en el mercado es impresionante en función de la mala calidad y la enorme cantidad. La simple leyenda que se imprime en una pieza y que plantea que “el producto no es un medicamento y es responsabilidad de quien lo recomienda y quien lo usa a reserva de cualquier efecto secundario que pudiese provocar”, libera de responsabilidades a todos los fabricantes quienes obtienen ganancias impresionantes por la venta. Es muy complicado establecer los denominados “estándares de calidad” no solamente en nuestro país sino en todo el mundo y aunque hay sustancias plenamente identificadas como potencialmente generadoras de sensibilidad, esto no puede aplicarse a todas las situaciones. Por solo citar un caso, las cáscaras de los cítricos tienen elementos conocidos como “psoralenos” que en sí mismos no representan un riesgo, pero la exposición a los rayos ultravioleta del sol puede ocasionar quemaduras de distinto grado. Este puede representar un beneficio terapéutico en algunas enfermedades de la piel; sin embargo, la utilización indiscriminada y sin experiencia a la larga también potencialmente puede producir una sensibilidad exagerada tanto a la luz solar como a otros cítricos y ¿qué perfume o loción está exenta de tener como componentes elementos extraídos de lima, limón o naranja? Son pocas las sustancias que pueden considerarse de alto riesgo, lo que lleva a fabricantes de cremas imprimir una leyenda que generalmente dice “este producto es hipoalergénico”; pero si consideramos la etimología de la palabra, esto significa literalmente con un bajo potencial de ocasionar alergia. Pero un “bajo potencial” no quiere decir “ausencia total de riesgo. Por esta razón, cualquier individuo que ya haya experimentado el debut (por así decirlo) de una dermatitis por contacto que se manifestará por irritación, inflamación, ardor y aumento de la temperatura local, debe ser particularmente cuidadoso en la aplicación de cualquier producto y mantenerse a la expectativa pues la actual tendencia en la elaboración de cremas con una gran cantidad de compuestos, dificulta mucho la identificación precisa del responsable de una reacción indeseable. La piel es un órgano increíblemente noble y resistente. Permite que le apliquemos muchas sustancias y estoicamente resiste; pero cuando se sobrepasa un límite, puede ser delicado. Hay reacciones de hipersensibilidad que por su dificultad diagnóstica y la limitante en el conocimiento del factor desencadenante puede llevar a la frustración tanto a la persona que la padece como al médico que la trata