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Viernes, 12 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 CINE  

Entre la desolación y la Talancón

 

 

Heather Graham en un fotograma de Intriga en Manhattan
Alfredo Naime

En el 2002 –como su esfuerzo siguiente a la renombrada Belleza americana, de tres años antes– Sam Mendes realizó Road to perdition (Camino a la perdición), si bien el título original aludía a “Perdition” como un sitio, un pueblo, y no, cual se sugiere en el título castellano, como un destino ingrato. Lo menciono porque en estos días pudimos ver Reservation road, del director Terry George (a quien le debemos y agradecemos Hotel Rwanda), de nueva cuenta hecha ambigua –y siendo hasta delatada– por su título mexicano: Camino a la redención. Tiene que ver con pérdida, con remordimiento, con “sanar las heridas”, pero también con la necesidad de justicia, cuyo umbral con el deseo de venganza (ardoroso, desquiciante) es, lastimosamente, fino en exceso. Joaquín Phoenix y Mark Ruffalo encarnan a respectivos padres de un adolescente, con la circunstancia de que el segundo (accidentalmente) quita la vida al hijo del primero, con todo el dolor y los impasses que ello acarrea. Jennifer Connelly es la madre del fallecido y, por supuesto, protagonista del drama desde un injustificado, pero presente, sentimiento de culpa. Cada uno de los mencionados, perdidos, buscando lidiar con la tragedia; cada uno, deambulando por procesos sin cerrar, sin paz ni bálsamo alguno. Aunque es una película triste, véala si aún se puede; ya habrá tiempo y opciones (de hecho, sobraron durante el verano) para ver películas entretenidas, pero menores.

Ahora bien, no deja de ser curioso que, al mismo tiempo, en nuestras salas se haya sumado a Camino a la redención otra cinta en la que uno de tres solitarios (Rose Phipps, encarnada por Heather Graham) también deambula entre los recuerdos y los intentos de seguir, por la pérdida de un hijo. Esa película es Intriga en Manhattan, cuyo título al español tampoco hace justicia al original, mucho más preciso y fiel al carácter del film: Adrift in Manhattan, que en rigor es “a la deriva en Manhattan”. Está dirigida por Alfredo De Villa y fue un proyecto desarrollado con la bendición del Sundance Film Institute y a la postre nominado entre los filmes aspirantes al Gran Premio del Jurado del Sundance Film Festival de 2007. Si bien se le nota la etiqueta independiente por todos lados (además de que te remite bastante a Crash, de Paul Haggis), Intriga en Manhattan tiene tres personajes (los antes calificados como “solitarios”) que bien valen la pena como péndulo y bisagra de los eventos: Rose Phipps, Simon Colon (Victor Rasuk) y Tommaso Pensara (Dominic Chianese). Los tres intersectan en Nueva York, en principio ignorantes de las graves tribulaciones de los otros: Rose –a la que no abandona el duelo por su pequeño– es la oculista de Tommaso, un oficinista y pintor que se está quedando ciego, y quien ya en esta condición pedirá en el Metro ayuda a Simon, un joven sin amigos obsesionado con Rose, a la que sigue y toma fotografías furtivas. Muy Sundance sin duda, dicho esto respetuosamente y no de forma peyorativa.

Por otra parte, la presentación en sociedad (poblana, claro) de Arráncame la vida, de Roberto Sneider, no ha sido sino el eslabón inaugural de una larga cadena de expectativas que, casi sin duda, la convertirán en una película muy taquillera, tanto como esto es posible en México. Y qué bueno que meta mucho dinero, porque el costo del film, nacido de las páginas de la novela homónima de Ángeles Mastretta, fue alto (se habla de 6–7 millones de dólares) para una cinta mexicana. Eso sí: tuvieron que pasar 13 años para que Sneider volviera a dirigir, desde aquella su muy apreciable ópera prima Dos crímenes, de 1995. Pero supongo que valió la pena la espera, al menos en cuanto al muy amplio presupuesto que le soltaron para acuñar esta superproducción nacional, adornada en serio por la siempre agradecible presencia de esa muy talentosa hermosura que es Ana Claudia Talancón. Con esa Catalina Guzmán, quién fuera Andrés Ascensio...

 
 
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