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Viernes, 12 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ARISTAS DE LA CIUDAD  

Puentes y arcos: la unión y la limitación

 

 

El Puente de México
Elvia de la Barquera

Las Leyes de Indias consideraban –entre otras cosas– construcciones que completaran el equipamiento urbano, por lo que desde principios del siglo XVII se empezó a realizar obra pública en Puebla, como empedrar caminos o levantar puentes que unieran a la ciudad con los barrios establecidos del otro lado del río. Un puente de gran importancia es el que unió a la ciudad con el camino a Cholula, formando parte del camino a la ciudad de México. Éste, como todos los puentes, sufrió destrucción por el uso cada ves mayor de personas y de carros, y por las crecidas de los ríos, por lo que la reconstrucción era frecuente. Según Leicht, el primer Puente de México se edificó en 1543, sufriendo destrucción en 1634, 1652 y 1707, y en 1708 se edificó el que aún prevalece.

Es justamente durante los siglos XVII y XVIII que abundó la utilización de los arcos de triunfo. Muchos fueron de carácter efímero, sobre todo los empleados para festejar la llegada de virreyes o el ascenso al trono de un nuevo rey. Fue el emperador Maximiliano quien demostró una fuerte inclinación por estos arcos efímeros, así como por el uso de todos los medios artísticos para remarcar su poder. Así, se construyeron innumerables arcos desde Veracruz hasta la capital del país para recibir a la pareja imperial, construcciones a cargo del arquitecto Ramón Agea, uno de ellos en esta ciudad de Puebla. Los arcos construidos durante el siglo XIX recurren a elementos de la antigüedad clásica, como sucede en todo el continente americano, por lo que el arco adquiere un sentido destacado, lo que no se modificó con el cambio de siglo. En México es distinguible el arco Neomaya que se construyó en 1906 con motivo de la visita de Porfirio Díaz a Yucatán, distinguble en la ecléctica combinación de sus elementos arquitectónicos y motivos simbólicos.

Por otra parte, el Puente de México de esta ciudad no solamente cuenta con este arco que le remarca, sino que en sus inmediaciones, en los terrenos del molino, se levantó un monumento a los soldados franceses que murieron durante la batalla en Puebla, el cual consta de un pequeño obelisco sobre un pequeño basamento cuadrangular. Sin embargo, el arco es el que mantiene mayor importancia arquitectónica, ya que cuenta con elementos característicos de la historia de la ciudad: en una pilastra se le colocó el escudo de la ciudad y en la otra el de la casa de Veytia; estos escudos han desaparecido. Al centro, sobre la clave del arco, como remate superior, está el escudo de España con el toisón, y abajo aún se puede apreciar el escudo del Virrey Alburquerque (1702–1711). Al lado poniente se había construido la vivienda para el limosnero de ánimas.

 

 
 
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