Para los tres niveles de gobierno parece que no existe ningún otro problema en nuestro país, entidad o municipio que la seguridad publica. Todos promocionan, informan y promueven acciones de la guerra emprendida contra la delincuencia organizada y que van ganado, aunque no lo parezca.
Esta se ha convertido en la cortina de humo para no informar de otros tipos de acciones de interés para los mexicanos y que se encuentran tapados por las prioridades de la guerra intestina.
En el Congreso de la Unión esperan las iniciativas de la reforma energética, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de 2009, del cual se ha señalado registra un crecimiento del 6 por ciento, como reflejo del fracaso en el control de la inflación.
Estos pendientes, en el momento en que se discutan, van a mostrar que la economía sigue agarrada en ganchos de tres tendederos: uno el petróleo, otro son las remesas y una parte no cuantificable el narcotráfico.
El primer gobierno panista se alegraba que muchos mexicanos se fueran a los Estados Unidos como braceros, porque con ello evitaba la presión de la economía para crear empleos y atraía recursos económicos para los paisanos que se quedaban en nuestro país a esperar la llegada de cientos de dólares para salir adelante.
Hoy que los norteamericanos están en crisis no logran ni siquiera emplear ni a todos los mexicanos que están allá, menos aun dejan pasar a los que quieren irse porque aquí no hay donde encontrar trabajo.
La atracción de la delincuencia organizada crece en la misma proporción que el gobierno deja de cumplir su tarea de creación de empleos, que fue el primer compromiso asumido y olvidado por el actual presidente de Acción Nacional.