A partir del neoliberalismo, el tratado de libre comercio y las actuales condiciones políticas, el gobierno se ha convertido en un obstáculo para promover el desarrollo rural de las zonas marginadas y las de temporal, esa afirmación es una de la tesis que sostiene Carlos Manuel Castaños, en su más reciente libro Desarrollo Rural, alternativa campesina, que fuera presentado el día de ayer, en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla.
Otra de las tesis que maneja el autor es que la universidad pública carece de compromiso con la sociedad rural con la que supuestamente debería estar comprometida y que no forma profesionistas preparados para atender y resolver las demandas de los más desprotegidos, en clara alusión a la Universidad Autónoma de Chapingo, de la cual egresó y fue rector.
Ingeniero agrónomo de profesión y una amplia experiencia en la función pública del sector, autor de varios libros sobre la actividad productiva y social en el campo mexicano, inicia la primera parte del libro analizando la situación del sector a partir de cifras que se vuelven contundentes sobre desigualdad, pobreza rural, alimentaria, patrimonial y de capacidades.
Somos, afirma, uno de los cinco países a nivel mundial con mayor desigualda; el 10 por ciento más rico de la población total concentra el 38.6 por ciento del ingreso nacional, mientras el 10 por ciento más pobre se reparte el 1.9 por ciento.
La situación anterior revela la existencia de dos mundos diferentes; uno marcado por la pobreza, generadora de problemas sociales, inestabilidad política, pérdida de libertades individuales y desconfianza en las instituciones; otro, con elevados niveles de bienestar económico.
Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) 2005, reporta que en el medio rural, en 2004, había 10.9 millones de personas en pobreza alimentaria; mientras, un año después la cifra incrementaba en cerca de un millón y medio más. En pobreza rural patrimonial para el mismo periodo las cifras pasaban de 22.1 millones de personas a 23.8 millones y la valoración de la pobreza de capacidades los datos se movieron de 13.9 millones a 15.4 millones.
Lo anterior refleja una realidad inadmisible y la necesidad urgente de cambiar las políticas gubernamentales dirigidas al sector, hacer a un lado los dogmatismos doctrinarios que nutren las estrategias neoliberales y considerar la realidad del campo.
A decir del autor, éste es un libro que se mueve entre el diagnóstico y la propuesta, y en ese sentido busca ser operativo para aquellos ligados al sector, pero también para los jóvenes profesionistas que se están formando y que poco conocen de esa realidad.
¿De quienes hablamos?
En el país existen básicamente tres grupos de productores, el de economía campesina de menos recursos, minifundistas, temporaleros, basado en mano de obra familiar, productores de maíz, que utilizan tracción animal y que tienen una vida de subsistencia y que representan el 80 por ciento del total de productores del país. El otro grupo de productores al que se refiere el libro son los denominados diversificados y de transición, que además ya no son sólo productores de maíz, siembran frijol, maíz, hortalizas, tienen algo de superficie de riego, usan maquinaria, aunque no están mecanizadas todas sus labores; en ciertas etapas de su desarrollo contratan mano de obra de fuera de la familia; este grupo representa alrededor del 15 por ciento de los productores.
El libro Desarrollo rural, alternativa campesina se refiere a estos dos tipos de agricultores que representan en total el 95 por ciento, frente a un 5 por ciento de productores comerciales o empresariales que han sido los beneficiarios de las políticas públicas, que poseen y manejan recursos económicos y tecnológicos, exportan en algunos casos frutas y legumbres, son los grandes avicultores que producen carne y huevo, que tenían acceso a un maíz amarillo barato (cosa que también ya está cambiando) y los engordadores de cerdo para la exportación.
Para Carlos Manuel Castaños no se trata de estar en contra de estos productores, sino de cuestionar las políticas selectivas de los últimos gobiernos neoliberales que han olvidado o ignorado a los agricultores, silvicultores y ganaderos de escasos recursos.
Dichas políticas se reflejan en la mayor dependencia alimentaria que ha llevado a que para 2007 México importe 50.2 kilogramos (kg) de trigo de cada 100 que se consumen; 23.6 kg de maíz por cada 100 de consumo; 75 kg de arroz, y 93.2 kg de oleaginosa por cada 100 de consumo, así como 26.6 kg. de carne de cerdo y res por cada 100 de consumo. Lo que ha derivado en una situación de alta vulnerabilidad frente al incremento de precios internacionales, más aun para aquellos que viven en las ciudades, el 76 por ciento de la población y que no produce alimentos.
Las propuestas
El documento, dividido en cuatro partes, hace diversos recorridos no sólo por el territorio nacional, sino a través de la historia de México a partir de los diversos periodos presidenciales, con el objetivo de sinterizar las políticas gubernamentales y programas relevantes de 1917 a 2007. Recrea también los distintos sistemas de producción y sus características principales, así como el surgimiento y participación de distintas instituciones ligadas al medio rural.
En la tercera parte aborda el papel de la universidad pública para en la cuarta y última parte proponer acciones.
El autor afirma que la pobreza no se combate con sacos de cemento, láminas de cartón y limosnas, y se cuestiona la posibilidad de proponer bajo la consideración de que las políticas al sector rural le son impuestas desde el exterior por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y al interior por los gobiernos al servicio de los intereses de los económicamente poderosos y sus voceros en los medios de comunicación.
Los fundamentalistas de las doctrinas del libre mercado, del poder del dinero, sostiene, forman un grupo compacto que no quiere perder canonjías; por el contrario, afirma, su pretensión es aumentarlas sin importar el costo social.
Además de la sordera gubernamental, Castaños explica que hay otros problemas que se deben tomar en cuenta cuando se planteen políticas de Desarrollo Rural con sentido social; entre ellos, el hecho de que el crecimiento del sector rural más desprotegido no es una cuestión de dinero o programas, está básicamente en la operativa a lo que se realiza en la práctica. La experiencia enseña que no es con grandes presupuestos o programas como se resuelven los problemas del campo, si quienes los manejan y los operan no comprenden las necesidades de los campesinos, desvían los recursos hacia otros propósitos o son corruptos.