Antes de que finalice el año, la editorial LunArena pondrá a disposición del público lector el libro Tototzinco, del escritor Alberto Hernández Casimira, originario de la Sierra Norte del estado, que ofrece la belleza de sus poemas en español y en náhuatl. “Me parece un proyecto agradable, sobre todo porque casi todos los poetas con los que mantenemos relación son urbanos y éste es el primer poeta campirano, de una índole totalmente distinta a lo que acostumbramos”, dice Víctor Rojas, director general de la casa editorial.
“Publicar siempre es gratificante, pero en este caso tengo una especial sensación. No creo que Tototzinco sea algo arriesgado. Sin duda el náhuatl es algo que restringe un poco, pero está la traducción al español del mismo autor, así que no habrá problemas”.
La confianza de Víctor Rojas en el trabajo de Alberto Hernández Casimira sin duda no es una corazonada. Más allá del dictamen sumamente positivo del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM sobre el valor de estos poemas en náhuatl, está también la experiencia de Rojas.
Con más de 20 años en el mundo editorial independiente, él y su esposa, Miraceti Jiménez, han publicado a un sinnúmero de poetas, ya sea bajo la colección El secreto –que también abarca narrativa– o dentro de Poetas de una sola palabra, serie de poemarios más breves que hasta ahora incluye cerca de 25 autores poblanos o radicados en la ciudad, como Alejandro Palma, Víctor García y Gerardo Lino. De sus primeros trabajos, recuerda, se pueden contar los títulos de Raúl Dorra y La otra sangre, de Concepción Zayas, en la desaparecida colección La bruma.
Siendo escritores ellos mismos, Rojas y Jiménez fundaron LunArena con la intención de ofrecer una opción distinta a las pocas editoriales que existían en Puebla durante el último tercio del siglo pasado. A la par de la editorial nació El errante editor, proyecto comercial que respalda económicamente “el deseo de editar”, dice Rojas.
Aunque la labor de impresión sigue siendo el fuerte de la compañía, cada año LunArena lanza cuatro o cinco títulos, ya sea de manera solitaria o en coedición, estrategia común de las casas independientes. “Antes, una coedición se compartía entre dos empresas. Ahora hay hasta cinco partes involucradas”. Por lo que respecta a Rojas, estima que 40 por ciento de su producción se realiza de esta manera. Hasta el momento ha colaborado con la UAP, la UIA, la Secretaría de Cultura, y Ediciones Arlequín y Juan Pablo Editores del DF.
La recuperación económica es lenta, pero llega a pesar de que el mercado mexicano cada vez pierde más lectores, en lugar de ganar, considera el editor e impresor. “Aparte de los problemas internos de la industria y la limitada producción de libros, hay que considerar la educación que se da desde la familia y desde el gobierno”. Profesores cada vez peor preparados que muy probablemente generarán una siguiente generación de profesores y estudiantes con más deficiencias que las de hoy. Y todo ello sin contar la parte de la industria que ha decidido promover literatura barata y sin contenido como las revistas de espectáculos y los libros de autoayuda.
Ante este panorama, editoriales como LunArena, manejadas por personas sensibles y preocupadas, representan uno de los pocos esfuerzos serios a favor de la difusión de la buena literatura más allá de los criterios comerciales.