Marcelino Castillo Reyes, vecino de la comunidad de La Magdalena Axocopan, perdió a su esposa en agosto de 2007 debido a una serie de complicaciones médicas. “Yo quiero llamarlo homicidio o negligencia”, dijo durante una larga entrevista con La Jornada de Oriente.
Platicó que a mediados de 2006 su pareja sentimental sufrió un percance durante una visita al campo, allá en su pueblo. “Se sentó debajo de un árbol; al levantarse decidió tomarse de una rama que no resistió y se quebró. La consecuencia fue una caída con la cadera por delante (sic). Por eso comenzó a aparecer una molestia en esa parte del cuerpo”.
Después del golpe y de varios meses, narró, la mujer sintió una serie de dolores internos que desaparecieron con algunos “calmantes” o pastillas. “Nada logró remediar esa molestia de manera definitiva. Entonces acudimos con la doctora Refugio Montalvo Casas, nuestra médico tratante, quien sugirió hacer unos nuevos estudios. Tras un diagnóstico, informa que será ella la responsable de operarla de la cadera”.
El primer paso fue realizar una tomografía computarizada en el hospital llamado Los Ángeles, aquí en Atlixco. “Entonces uno de los galenos de ese nosocomio detalla la existencia de tres discos comprimidos, tres hernias y también aire en los tejidos. La pregunta mía es conocer la gravedad del caso, y responde que es muy peligroso el asunto, y en consecuencia efectivamente urge una operación”.
Los médicos deciden presentarle a un colega de nombre Jesús Manuel Vargas Vázquez, recordó, que coincide con la cirugía emergente. “El 15 de enero de 2007 mi esposa es ingresada a quirófano en el hospital La Soledad, aquí también en Atlixco. Pero todo resultó un fraude”.
–¿Por qué un fraude?
–Mi mujer nunca estuvo mal de los llamados discos. A la semana llevé los mismos estudios con especialistas de la capital poblana para que los analizaran. Hablo de las resonancias magnéticas y la tomografía computarizada. Finalmente el veredicto de esos expertos es que resulté engañado. ¿Cómo fui engañado?; la paciente nunca estuvo mal de esa parte del cuerpo. ¿Entonces qué hicieron?, interrogué. Y únicamente alcanzaron a decirme que eso tenía que investigar.
Marcelino Castillo informó que para la primera cirugía necesitó un depósito de 48 mil pesos, “de los cuales se ocuparon 23 mil. Sin contar los gastos de medicinas y traslados a la ciudad de Puebla”.
El 17 de febrero, sostuvo, era necesaria otra intervención. “Y esta ocurrió en el hospital UPAEP de la capital. Ahí el médico Alfonso Cao Romero Arroyo habla de estabilizarla con tornillos. Los colocan, pero ya la infección traída desde Atlixco, producto de la primera intervención, empeoró aún más las cosas. Quienes la atendieron parece que nunca se percataron de esa contaminación”.
Regresó a casa, apuntó, y el estado físico de ella no mejora. “En mayo, y ya en el Hospital Universitario, es sometida a una nueva operación. En ese lugar descubren un absceso y no terminan por vaciarla completamente”. En julio de ese mismo año, lamentó, requiere de tres nuevas visitas al quirófano. “Finalmente el 10 de agosto fallece”.
Según el juicio promovido ante la Comisión de Arbitraje Médico, expresó el afectado, la responsabilidad que “puede atribuirse a varios médicos que intervinieron es negligencia ya que con un tratamiento la madre de mis hijos podía salvar la vida, de acuerdo con el punto final del informes respectivo. De hecho, el tema está en manos de la agencia del Ministerio Público bajo la averiguación previa 598/2007”.
–¿Qué viene, Marcelino Castillo?
–Seguir hasta las últimas consecuencias. Quiero justicia. Mis cuatro hijos quedaron sin estudio y mi casa está en manos de un prestamista que ya arrancó con el litigio correspondiente para quedarse con ese inmueble. No es justo que pase esto. Gasté como medio millón de pesos por seis operaciones, medicinas, traslados y hospitales. Y no está aquí con nosotros.
Jesús Manuel Vargas Vázquez, señaló, en el momento de “tomar por primera vez a mi esposa manifestó y prometió en un 100 por ciento que todo saldría bien. Eso mismo ocurrió con el otro doctor, Jesús Alfonso Cao Romero. Cuando entra en estado de coma, tres días antes de morir, éste último comenzó a referir posibilidades de un 5 por ciento por la sobreviviencia de esa persona. Frente a la posibilidad inminente, me ofrece dinero. Pide no preocuparme; asegura que puede hacer un acta de defunción por muerte natural. Eso no es posible, le quedó claro”.
–El acta de defunción que está en el expediente, ¿qué dice?
–Que la muerte de mi esposa es por un choque séptico.