Estamos a 3 de septiembre y sigue sin aparecer un solo mueganero en las calles del Centro Histórico de Puebla; ni siquiera la reciente fiesta de Santa Rosa de Lima bastó para convocar por lo menos a uno de ellos. Cada día que pasa, estos trabajadores se convierten más y más en una especie de leyenda que parece estar condenada al olvido.
Sin embargo, lo que sí comienza a aparecer son señalamientos de los posibles culpables de esa situación, y apuntan invariablemente hacia el ayuntamiento de Puebla.
Para Felipe Neri, dirigente municipal de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), organización filial del PRI, la desaparición de mueganeros del Centro Histórico se debe “a la ignorancia” de los funcionarios de la actual administración de la Comuna.
“Eso demuestra que ni siquiera conocen la historia de la ciudad que gobiernan. Los muéganos y sus vendedores, así como otros tantos dulces, le dieron fama internacional a Puebla por décadas. Muchos turistas, principalmente extranjeros, vienen a esta ciudad a probar su comida y sus dulces. No los de restaurantes o tiendas, sino los que tradicionalmente se encuentran en las calles de cualquier ciudad del mundo. Eso era lo tradicional de Puebla ¿Dónde están ahora?”, señaló Neri.
Los inspectores del Departamento de Vía Pública ni siquiera dejan cruzar por el primer cuadro de la ciudad a vendedores de tamales, jugos, hamburguesas y demás comida; arrasan con cuanto vendedor y su mercancía encuentran en la calle y ahora nadie se atreve a poner un pie en el centro.
“¿Bajo qué criterios se permitió dejar a unos y quitar a otros?” –volvió a cuestionar el dirigente popular.
A la fecha se desconocen cuáles son esos criterios que pide Neri y que hacen que vendedores de algodones, de globos, boleros y de empanadas rellenas de crema permanezcan en el Centro Histórico... pero se haya retirado a los mueganeros.
Después de varios días de negociaciones, los comerciantes que tienen unos carritos semifijos de color verde con comida, juguetes para niños y carteles de artistas volvieron a instalarse en el Paseo Bravo, luego de que también padecieron el embate de Vía Pública. Ni siquiera ellos recuerdan cuándo fue la última vez que vieron a un mueganero.
–¿Ha visto a un mueganero por aquí? –se le preguntó a un vendedor de elotes.
–¿Muéganos? Sí, mire...
–(¡Por fin!)
–...vaya a la Reforma y antes de llegar a la 9 Sur va a encontrar una tiendita. Ahí le venden muéganos y...
–(¡Chale!) En realidad estoy buscando a un vendedor de muéganos, de ésos de la charola y el cubo rojo. ¿Ha visto alguno por aquí?
–Ah, no. Ésos no.
Continuamos nuestra búsqueda en el Paseo Bravo a la espera de un mueganero. Pasan de las 8 de la noche con 30 minutos y no se vislumbra ninguno. Mejor llegó a esta alameda una prostituta, que se colocó en la esquina de la 11 Sur y la 3 Poniente; estuvo a punto de conseguir a su primer cliente, de no ser porque éste se fue cuando se dio cuenta de que, a la distancia, observaban la escena la pareja y el hijo de la trabajadora.
–Disculpe, ¿ha visto pasar a algún mueganero o sabe si llegará más tarde alguno? –se le preguntó a una vendedora de frituras.
–¡Uy, no, joven! ¿Mueganeros? Esos ya ni existen. Hace mucho que no veo a uno. ¿Por qué quiere saber, quiere comprar muéganos?”.
–En realidad estoy haciendo un reportaje sobre ellos...
–Mejor haga un reportaje sobre nosotros, no creo que vaya a encontrar a ninguno.
–¿En serio? ¿Cree que hayan desaparecido?
–Pues yo creo que sí...