Uno de los campos más complejos de la filosofía y el humanismo es definir lo que es la sociedad. Sin recurrir a fuentes que seguramente me confundirían imagino, dentro de la infinita ignorancia que me abruma, a un conjunto de individuos quienes, como en los conglomerados más primitivos o arcaicos, buscaban compartir formas de conducta, teniendo como base el vivir mejor, a través de la cooperación, la participación, la reciprocidad y sobre todo, la unión.
Me llega a la mente la palabra comunidad, palabra que deriva del latín comoine que quiere decir “en común”. Pero posteriormente la palabra derivó a communis, que ya es compuesta de com y munis, adquiriendo el significado de “colaboración para llevar a cabo una tarea”. Obviamente los seres humanos inicialmente nos insertamos en un medio ambiente hostil, poco propicio para el desarrollo, con sentidos limitados en comparación con los de grandes depredadores, pero eso sí, con una gran masa cerebral. Esto generó la conjunción del hombre con el medio ambiente, de la forma en que la concebimos en la actualidad. Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo, nos hemos alejado de lo “natural” y en nuestra búsqueda de la vida cómoda, agradable, placentera y seductoramente apacible, hemos caído en una serie de contradicciones risibles por una lado, pero preocupantes por otro.
Nos desgastamos en un exceso de trabajo para lograr una casa confortable, pero en la primera oportunidad de huir de la ciudad, nos vamos a vacacionar, en lugares atestados de gente con infinidad de incomodidades. Buscamos el esparcimiento de fin de semana, a costa de un desgaste emocional impresionante y exhaustivo a lo largo de cinco días que se despliegan extremadamente lentos, desde la óptica laboral y que culminan con un corto periodo de uno o dos días en los que definitivamente no se descansa suficiente. Pero estas aberraciones conductuales de la sociedad moderna no pueden valorarse estrictamente desde el punto de vista biológico en una forma pura; como tampoco podemos juzgar nuestras absurdas conductas exclusivamente desde una óptica puramente social. No somos monovalentes y los fenómenos que nos rodean tampoco son “univariados”. En otras palabras, no tenemos una sola percepción de las cosas y estamos sujetos a leyes en las que un número infinito de variables nos afecta cotidianamente. Es así que no podemos valorar el fenómeno de la enfermedad como un proceso biológico individual que se pueda extender a todos los seres humanos, de la misma forma en la que tampoco podemos asignar un peso específico a las causas de una pérdida de la salud, descargando la culpabilidad en lo social.
Pero entonces, es fácil deducir que los enfermos son individuos biológicamente condicionados, pero socialmente contradictorios, porque todas las enfermedades son sociales en su origen, pero no todas están socialmente determinadas. No es que quiera caer en el extremismo ideológico, pero si al principio mencionaba cuáles debieron ser las razones que llevaron al hombre para que su conducta fuera gregaria (o de cooperación); la modernidad, a través de la brutal diferencia de clases, con índices de marginación crueles, dando la prioridad al dinero y menospreciando lo humano, lejos de condicionar una convivencia que lleve implícitamente la cooperación, participación, reciprocidad y unión, parece que trata precisamente de hacer lo contrario. Cuando se tiene la oportunidad de visualizar el grado de orden que tienen las sociedades de “especies menores” como hormigas, abejas, primates o felinos, quedamos sorprendidos y aunque estos no son ejemplos válidos para compararlos a los humanos (pues los animales actúan por instinto a diferencia de nosotros que tenemos la capacidad de razonamiento), queda muy claro que hay animales con conductas superiores a las nuestras. Por esta razón, siempre será válido que no menospreciemos algunos instintos que, dentro de la sensatez social pudiesen ser contradictorios, pero que en sí, bajo la lógica de la ciencia, guardan información muy útil para que podamos integrar salud, naturaleza y librarnos así de la enfermedad.