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Viernes, 5 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ENTREPANES 

Un ahogado dolor

 
Alejandra Fonseca

Lentamente abrió la puerta del auto. Despacio se metió al asiento del copiloto. Con parsimonia se sentó y cerró la puerta. Se acomodó y, con pausas, bajó el vidrio. Prosiguió a decirle al amigo que manejaba: “Vámonos”. Se echaron a andar.

En el trayecto iba silencioso. Se le notaba triste. Estaba cabizbajo. Al chofer no le extrañó. Lo conocía: era corto de palabra. Aún más: Era inexpresivo. Pensaba de él: Sufre y ama sin chiste.

Pero aún con su sufrimiento sin chistar, ese día, adentro del coche, se transpiraba un ahogado dolor.

En su mutis, de repente el copiloto preguntó: “¿Tienes la canción de Pepe Aguilar?” “¿Cuál?” reviró el amigo. “La de Miedo” aseveró. El chofer la empezó a buscar entre sus discos compactos. Se distrajo de la manejada y en la búsqueda se hizo bolas. El otro ni se inmutó. Era una estatua con ojos fijos al frente que ni tan siquiera miraban. Un autómata.

El amigo ni se enojó. Así es, pensó. Encontró el disco compacto. Sacó el que tocaba y puso el solicitado. El otro ni se acomedió. Inició la tonada y la letra:

(Hace tanto tiempo
sin saber de ti,
por fin me encuentro,
frente a frente.

Extraña sensación,
buscar adentro,
en libertad
sentirme preso.

Frente al espejo,
lloran mis miedos.

Miedo de sentirme solo,
teniéndote.

Miedo de no sentir tus manos,
sobre mi piel.

Miedo a no saber qué piensas,
si te hago falta.

Ganas de tirar mi ego,
por la ventana,
y me pregunto
que hago aquí,
sin ti.

Era una estatua con manos sudorosas. Por fin el chofer, su amigo, le escuchó una frase: “¿De qué te sirve tener lo mejor, si cuando lo tienes, no lo ves?”

 
 
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