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Martes, 2 de septiembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Educación
 
 

 MAESTROS  

Profesora versus normales

 
Gustavo Santin

Nostalgia, rabia, impotencia, indignación por el cierre de la escuela normal rural Luis Villareal ubicada en el Mexe Hidalgo fue la constante que embargara a quienes se reunieran en Flor del Bosque, Puebla, 31 años después de haber egresado de esa institución, para celebrar un año más de de vida de una generación, la más numerosa en la historia de una normal desaparecida de la vida pública del país y sustituida por otra de muy distinta naturaleza.

Emociones similares en muchos de quienes transitaron por una escuela normal fueron provocadas por las declaraciones vertidas por Elba Esther Gordillo Morales, presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) quien en entrevista televisiva de por medio, culpara a instituciones formadoras de docentes de la grave crisis educativa que se vive en los Estados Unidos Mexicanos y propusiera al mismo tiempo, cambiarlas por otras más adecuadas al desarrollo nacional.

Y aunque el proceso de autocrítica fuese de lo más sano para el desarrollo de la vida nacional, la propuesta de la presidente vitalicia debe analizarse en el contexto del sistema educativo nacional. De pronto tal parece que la profesora Elba Esther se vuelca en contra de las escuelas normales.

Centenarias muchas de ellas (Escuela normal para profesores, Puebla, 15 de septiembre de 1879, Escuela normal de maestros, Querétaro, 1885, Escuela normal para profesores, México, 24 de febrero de 1887) lo mismo que sus primarias y secundarias anexas, y con antecedentes ya casi ya bicentenarios que se remontan a Montero y Villaurrutia –Plan de la academia de primera enseñanza (Normal) del 11 de febrero de 1827– y al político liberal Valentín Gómez Farías (Cuarta reforma del 23 de octubre de 1833, proyecto de escuela normal para varones y para señoritas) las escuelas normales nacen a lo largo del siglo XVIII con una idea central: la de formar especialistas en “el arte de transmitir los conocimientos” necesarios para educar a los niños mexicanos. Profesión –la de maestro– que se cursara en 5 y 4 años (Xalapa, México) posteriores a la primaria elemental, tenía como misión –la de la ciudad del Distrito Federal– la de fomentar la unidad de la educación nacional y “servir de norma y de regla a que debe ajustarse la enseñanza.” (Tendencias educativas oficiales en México, pp. 400, Ernesto Meneses Morales et all).

Pero aún cuando nadie puede negar la profunda crisis por la que atraviesan las escuelas normales, tampoco nadie puede dejar de reconocer que los profesores de educación egresados de esas instituciones –lo mismo que los formados empíricamente– han sido base fundamental en la vida pública del país y que su papel de promotores del desarrollo nacional se remonta a la etapa de la escuela rural mexicana y de las misiones culturales, de las escuelas normales rurales (José Vasconcelos) y al periodo de Lázaro Cárdenas en el que incluso defienden el proyecto nacional (educación socialista) con su vida y con las armas.

Deformadas por las conquistas logradas –plazas vitalicias en propiedad de los trabajadores de la educación que las usufructúan, inamovilidad, nula rendición de cuentas, prioridad de la antigüedad por sobre la preparación– por el SNTE, anquilosadas por el monopolio de planes y programas que ejerce la federación, las escuelas normales son actualmente y contrario al papel histórico desempeñado, parte fundamental de la transmisión de un modelo de vida premoderno, acientífico, acrítico que condiciona el comportamiento de cientos de miles de niñas, niños y jóvenes de nuestra Nación.

Requieren de una transformación profunda, radical, en la que se contemple las  modificaciones indispensables para que quienes se forman con la intención de dedicarse el resto de su vida a la enseñanza, aprendiendo en su escuela, puedan preparar a púberes y jóvenes, sobre aquello en lo que se les piden cuentas tanto el ámbito nacional como en el internacional, competencias con estándares internacionales en las áreas de matemáticas, lecto–escritura, ciencias, lengua extranjera e informáticas y por sobre todo, apropiación significativa de contenidos.

 
 
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