Ahora le ha dado a especialistas en varias disciplinas diferentes por ponerse a medir el grado de felicidad de los habitantes del orbe. Uno de los líderes en esta especialidad es la Universidad de Michigan y su ISR (Institute for Social Research) y otro está en la Universidad Erasmus de Rótterdam, aun cuando las encuestas y los resultados son cada día más abundantes y provienen de un número cada vez mayor de fuentes de información e investigación.
¿Y que carajos es la felicidad? ¿Es un asunto que solamente preocupa a los filósofos? ¿Cuándo nos preguntan que tan felices somos, como le hacemos para medirla antes de ofrecer una respuesta cuantitativa? ¿Acaso seremos tan presumidos que nuestra respuesta está relacionada con el querer ser más que con el ser real, y mentimos?
Juvenal aseguraba que el hombre feliz es más raro que un cuervo blanco. Sin embargo, y a la hora de preguntar y medir, estos cuervos blancos parecen ser más abundantes que los negros. O por lo menos dicen ser cuervos más blancos que negros.
Desde hace varios años se mide, con el mismo cuestionario, el grado de felicidad confesada por los ciudadanos de varios países.
Y yo la mera verdad, después de ver los resultados, ya no entiendo nada.
¿Usted creería que los mexicanos somos muy felices, después de ver las marchas del sábado, de enterarse de los secuestros, de los ejecutados y de los decapitados?
Porque cuando hablo con amigos y conocidos prácticamente todos, invariablemente, manifiestan estar hasta el copete de la corrupción de políticos, policías, funcionarios públicos, burócratas, etcétera. Igualmente lamentan nuestra baja calidad educativa, pésimo desempeño deportivo, alto desempleo, pésima distribución de la riqueza, etcétera.
Sería casi como encontrar una aguja en un pajar o un garbanzo de a libra el conseguir que alguien exprese públicamente que se siente orgulloso de ser mexicano y satisfecho de los logros de este país.
Sin embargo, y ya a la hora de ver las mediciones de felicidad individual, ocupamos un envidiable décimo cuarto lugar, por encima incluso de los estadounidenses,
Los primeros lugares a nivel mundial lo ocupan Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia y Finlandia, con mediciones que van del 8.2 la más alta a 7.7 la menor. La primera conclusión sería que el frío no disminuye e inclusive favorece la felicidad. Y que tal vez las manifestaciones externas de felicidad, como los carnavales y las pachangas son ejercicios de auto–convencimiento o simples catarsis colectivas. Pero hay una gran sorpresa, pues Colombia ocupa el tercer lugar al mismo nivel que Suiza. Sin embargo la imagen que se tiene de la vida en ese país sudamericano solamente se podría calificar como patética. Hay algo que no concuerda.
¿Que hace tan felices a los colombianos?
¿Y que de aquella canción de que “en el mar la vida es más sabrosa? ¿Dónde quedaron los países risueños, cálidos, tropicales, cuando se les compara con los helados parajes del norte?
¿O es que acaso la felicidad si va ligada al ingreso? Porque estos países (los europeos) cuentan no solamente con los ingresos per cápita más altos del mundo sino que también son los que lo distribuyen más equitativamente.
¿Y cuales son aquellos que se encuentran en el nivel medio?
Los que se encuentran alrededor del siete de calificación, son México (7.6), lugar nueve a 14; Canadá (7.6), Guatemala (7.5), Luxemburgo, Estados Unidos, la India, Polonia y Bélgica, y hasta el final, entre los más desdichados están: Angola, Albania y Rusia con 4.4 en los lugares del 84 en adelante y Zimbabwe y Tanzania con 3.3; Ucrania, 3.6 .
¿Pueden los mexicanos y los guatemaltecos sentirse igualmente felices? ¿De qué?
Sin embargo, y para poder valorar mejor estos resultados se puede citar que las mediciones del grupo Harrison, efectuadas entre ciudadanos de un mismo país (EU) parecen indicar que el dinero abundante sí va ligado no solamente a un mayor grado de felicidad sino también a una mejor salud,
Las discordancias entonces parecen centrarse en naciones como México, Guatemala, Colombia, que con un ingreso bajo manifiestan niveles muy altos de felicidad. ¿A que se debe? Si otras encuestas de opinión muestran un grado muy alto de insatisfacción ciudadana con sus gobiernos entonces podríamos suponer que la felicidad individual no depende de la calidad o del tipo de gobierno. Por otro lado todo parece indicar que uno de los factores que más influyen en la satisfacción personal y por ende en la felicidad, es la libertad individual. No únicamente la libertad de expresión o de tránsito, sino la libertad de poder trabajar en lo que se desee, de contar con la capacidad de decidir que hacer con la propia vida y escoger a que actividad se puede uno dedicar. Uno de los elementos que más se repiten como causantes de insatisfacción personal, en varias de las encuestas, es la imposibilidad de cambiar de actividad u oficio, la imposibilidad para dejar de practicar la misma actividad familiar.
Posiblemente esto último explique el por qué de la corta duración de la mayoría de los negocios medianos y pequeños, aunque aparentemente exitosos, se terminan porque ninguno de los hijos del fundador, y en un menor porcentaje de sus nietos, desean continuar con la misma actividad de sus progenitores. En muchos de los casos ante la disyuntiva de persistir en la misma actividad y posiblemente disfrutar de una estabilidad económica optan por arriesgar su futuro y dedicarse a otra actividad que les satisface más y en consecuencia produce un mayor grado de satisfacción y/o felicidad.
Y cuando regresamos a lo cotidiano, a nuestra vida diaria, si evocamos a los cientos de miles de asistentes a las numerosas y nutridas marchas que se realizaron el sábado pasado en protesta por la inseguridad y la corrupción que azotan al país podríamos preguntarnos si los asistentes a ellas contribuyen o no a la percepción subjetiva, pero ya medida de alguna forma, de la gran felicidad de los mexicanos, podría suponerse que los secuestros y las ejecuciones, al procesarse en el pensamiento individual, así como los accidentes de tránsito, se convierten en algo que solamente le acontece a los demás. Este es un mecanismo de defensa.
Hasta que nos toca a nosotros o a los nuestros.
Pero aún así, esto sigue siendo una posibilidad remota.