De joven trabajó de mesera en Apan, Hidalgo, después regresó a su lugar de origen para ayudar a su esposo en el campo y a sus 83 años de edad aún sale a la calle sola a realizar compras en el mercado y, de paso, aprovecha para recolectar botes de refresco de aluminio que la gente deposita en contenedores de basura públicos.
María Hernández Valencia no sabe que el 28 de agosto se conmemora el Día del Abuelo, pero al informarle de esta fecha, dice: “a ver si me regalan algo mis hijos al rato”.
A diferencia de cientos de adultos mayores que viven en el abandono, con problemas de salud y en condiciones de pobreza, María relata que no le da miedo salir sola a la calle. “Primero me fijo muy bien para atravesar la calle y cruzo”.
–¿Busca usted comida en los depósitos de basura?
–No, gracias a dios mis hijos me dan para comer y lo que hago es recolectar los botes de aluminio que las personas tiran. Hace unos días fui a vender tres costales y me dieron 200 pesos, allá por la Central Camionera. Ese dinero lo aprovecho para tener dinero y comprar cosas que son necesarias para mi humilde casa.
“Sin embargo, esta actividad ya no es tan rentable como hace algunos años, pues ya hay más personas que hacen lo mismo y no es fácil encontrar muchos botes de aluminio”, apunta.
–¿Entonces no lo hace por necesidad?–, se le pregunta.
–No, una de mis hijas me sostiene y está siempre pendiente de mí, hace tres semanas me dio un dolor fuerte aquí (señala su estómago) y me llevó al hospital donde me pusieron suero, y me inyectaron y gracias a dios ahora ya estoy bien de salud, relata la mujer.
–¿Tiene alguna enfermedad?
–Ninguna, no tengo diabetes ni ninguna otra enfermedad, estoy bien, puedo caminar y salir a la calle a hacer mis compras.
–¿Qué va usted a comprar hoy para comer?
–Voy a traer salchichas que me encargó mi hija y después paso al mercado a comprar huesitos para hacer la comida para los perritos.
–¿Cómo se siente usted de salud a sus 83 años?
–Muy bien, a muchas personas jóvenes les digo que ya quisieran caminar como yo a mis 83 años de edad, ya quisieran tener el juego de pies que tengo (como muestra mueve sus extremedidas inferiores como si estuviera haciendo ejercicio y suelta una sonora carcajada).
–¿Cómo se llaman sus hijos?
–No te puedo contestar eso, no sea que ellos se vayan a enojar porque aparece su nombre en el periódico.
–¿A qué se dedicó en su juventud?–, se le pregunta.
–Trabajé en un restaurante como mesera en Apan, Hidalgo, ahí conocí a la persona con la que me casé y procreé cuatro hijos. Después me lo traje a Tlacomulco (lugar de origen de esta persona) y los dos nos dedicamos a las actividades del campo. Trabajábamos en grupo para cortar las milpas.
María Hernández enviudó hace cuatro años y a pesar de que sus hijos quieren llevarla a vivir con ellos, ella se rehúsa porque “mi marido me hizo un jacalito y siempre me dijo que en tu casa te cagues o te mees, siempre será tu hogar”.
Lo que sí lamenta María es que ya no tenga dientes, lo cual le dificulta comer, pero mi marido siempre me decía: “oye vieja, no tienes dientes, pero me ganas comiendo” (vuelve a reírse).
Por último, comenta que en promedio se duerme a las 23 horas y a las 6 de la mañana se levanta a barrer el patio de su “jacalito”, a regar sus plantas y a preparar tecito para desayunar con su hija.