La mayoría del cabildo de Izúcar de Matamoros decidió la noche de ayer darle un ultimátum al presidente municipal, Arturo Herrera Velásquez, para que a más tardar en 13 días cumpla un acuerdo de cinco puntos; de lo contrario, lo destituirán del cargo el próximo 10 de septiembre.
Los regidores exigieron al edil presentar el paquete de obras para este año todo el municipio; aclarar desfalcos de dinero del ayuntamiento; la ratificación de David Chavarría como director del Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado; la restitución en su cargo a los más de 30 empleados despedidos injustificadamente y acabar con el nepotismo en la administración, así como la hacer efectiva la destitución inmediata del director de Vialidad Municipal, Carlos Espinosa Pliego –hermano del regidor priista Ignacio Espinosa, aprobada también por los regidores.
Este jueves por la noche se realizó una sesión de cabildo extraordinaria que tuvo la característica de que fue pública; es la primera vez en la historia de Izúcar de Matamoros que ocurre un acto así. Aunque estaba acordado en el punto principal que se aprobaría la destitución de Herrera Velásquez, una decisión de último momento decidió dar “una oportunidad para que cumpla con los acordado” al alcalde suplente. “Si no cumple el 10 de septiembre, ahora sí se va”.
El regidor del PRD Edilberto Cortés fue el único que votó a favor de la destitución inmediata; el resto, los priistas Pedro Piedra, Rubero Suárez y Juan González; el panista Uriel Quiróz, y la perredista Balbina Guzmán votaron por darle el ultimátum al edil.
La propuesta llegó al cabildo por parte de los presidentes de los 14 barrios del municipio; sin embargo, durante la sesión decidieron no estar presentes. Una operación política de parte del alcalde Herrera Velásquez –donde comprometió dinero y obras públicas a colonias e inspectorías– dividió al movimiento ciudadano que ayer iba a apoyar la destitución del edil.
Mientras los regidores se preparaban para sesionar públicamente la explanada de la Casa Colorada, sede del poder municipal, Herrera Velásquez se encontraba a una calle de ahí, literalmente atrincherado en el edificio de Catastro, y a él sólo tenían acceso ediles que estaban de acuerdo en su proyecto de obra pública para el resto del año. Abajo, en el parque Matamoros, decenas de ciudadanos le exigían que bajara y dialogara con la población.
Desde un balcón de ese edificio y en medio de gritos y mentadas de madre, Herrera Velásquez sólo se limitó a leer un paquete de obras por 56 millones de pesos en el municipio, en un acto que fue una mezcla de un informe de gobierno y un “grito” de celebración del día de la Independencia. El presidente municipal sólo aceptó la presencia de la corresponsal de Televisa en la región y de sus seguidores.
La división entre los dos grupos de representantes populares de barrios y colonias tensó la situación y aunque no pasó a mayores, fue necesaria la presencia de la fuerza pública, aunque ésta sólo sirvió para proteger la salida de Herrera, quien se fue literalmente huyendo del lugar en un auto compacto a toda velocidad.
Tras la decisión de los regidores de darle una “oportunidad” al también cuñado de Rubén Gil, el descontento social creció. Sin embargo, los regidores aseguraron que de no cumplir “ahora sí tomaremos una decisión delicada”.
Ayer, Izúcar vivió uno de los episodios más tensos desde que inició el escándalo del presidente municipal Rubén Gil Campos, el cual evidenció la profunda división política que existe. De acuerdo con algunos pobladores, este municipio está al borde del estallido social.