Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Viernes, 29 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

¡Tacos, joven!: peripecias y presunciones de un taquero de canasta en Puebla

 
 Carla Toledo

Jorge es un joven de 32 años que, como el resto de poblanos, tiene que trabajar arduamente para salir adelante. Desde las 5 de la mañana, acompañado por su esposa Eneida, comienzan a preparar 400 tacos de canasta que terminan de vender 10 horas después, sin perder la sonrisa ni la amabilidad hacia todos los clientes que día a día acuden al “Tacos joven” en la 19 Sur esquina con 23 Poniente.

Alto, delgado y de tez morena, ataviado con una filipina, Jorge siempre está a cargo de la canasta de tacos en el pequeño inmueble al que le caben tres mesas y una barra, y en el medio, una mesa con rajas y salsas verde y roja. Todo impecable, al igual que su imagen.

–¿Cómo surgió la idea de poner esta taquería?

En realidad la idea fue de mi esposa, porque sus papás tienen un negocio igual en la colonia Narvarte y vimos que les iba bien, decidimos arriesgarnos y poner nuestro propio negocio. De eso ya hace seis años, y aquí estamos, en el mismo lugar que empezamos y en el que esperamos seguir por más tiempo.

–Nos los comemos rápido, pero ¿cuánto tiempo les lleva prepararlos?

Bueno, los hacemos entre los dos, empezamos desde las 5 de la mañana y terminamos como a las 8, de ahí nos vamos desde La Margarita –en donde viven– hasta Volcanes para abrir el negocio a las 9 en punto.

¿Cuántos tacos de canasta preparan diariamente?

Hacemos 400 taquitos todos los días, pero cuando tenemos pedidos especiales para alguna fiesta o comida, preparamos muchos más, nos han llegado a pedir hasta mil 800 en un solo día; tenemos que levantarnos más temprano para prepararlos, pero al final del día vale la pena.

–¿Preparan diariamente lo que lleva cada taco? ¿Cuál platillo es el más elaborado?

Sí, claro, nada es recalentado. El relleno que nos toma menos tiempo es el de frijoles, bueno, el de papa también porque no lleva otras cosas, como el de chicharrón o el de mole verde o adobo.

Jorge hace una pausa mientras sirve tres tacos a uno de sus clientes, “dos de carne deshebrada y uno de chicharrón”, le pide el señor de traje y corbata que se sienta en una de las mesas. Al lado, una joven de traje sastre que recién bajó de su automóvil se prepara para pedir su una orden.

–¿Qué tipo de clientes vienen más seguido?

De todo un poco, salen de las oficinas que están alrededor y llegan a desayunar o a comer acá también los que viven cerca, aunque hay algunos clientes que vienen desde otros lugares para probar nuestros tacos porque tienen mejor sazón y son más grandes que el promedio.

–¿Cuáles son las variedades que hacen y las que más venden?

Siempre tenemos los mismos sabores: adobo, carne deshebrada, chicharrón, frijoles y carne en mole verde, y los que más vendemos son los taquitos de carne deshebrada y chicharrón.

–¿A qué hora tienen más clientes?

Por la mañana, principalmente de 9 a 12 horas, porque prefieren venir a desayunar, y los sábados algunos crudos esperan que nuestras salsas picantes los pongan a sudar para sentirse mejor.

–¿Es difícil el negocio?

Sí, porque tenemos que levantarnos muy temprano y trabajar mucho para mantenerlo, y viajar todos los días desde La Margarita hasta Volcanes, lo bueno es que pudimos comprarnos un carrito para poder transportar todas las cosas diariamente.

–¿Cuáles son tus preocupaciones en este momento?

Tenemos que enfrentar el aumento del precio del aceite, del tomate y de otros productos que usamos, por eso, aunque por muchos años los vendíamos a 4 pesos, ya no pudimos aguantar más y le aumentamos un peso a cada taco.

–¿Cayeron las ventas con este aumento?

Gracias a dios no, seguimos vendiendo los 400 tacos diarios.

–¿Qué tal está la competencia?

–Mmmh, en realidad no tenemos –sonríe orgulloso–, bueno, apenas se puso un negocio de Tin Tan Tacos a la vuelta, pero hasta el momento los clientes siguen con nosotros.

Dan las 2 de la tarde, de nueva cuenta el lugar empieza a llenarse y Jorge hace otra pausa para servir una orden de tacos a una señora y a su hija que acaban de llegar: para no variar, piden los de carne deshebrada con salsa verde. Al lado, la joven de traje sastre come lentamente, sin aspavientos se lleva a la boca el último trozo del sexto taco, se limpia los labios, pide la cuenta y se sube a su automóvil.

–¿Se regresan con tacos a su casa o esperan a que se terminen todos?

De eso depende nuestra hora de cierre, a veces nos vamos a las 3 de la tarde o hasta a las 4:30, porque esperamos hasta vender el último de los tacos. Terminamos muy cansados porque los dos atendemos el negocio, y cuando mi esposa no está porque tiene que ir de compras o atender los pedidos, nos ayuda su hermana.

De pie frente a su canasta de tacos, todo el día, de lunes a sábado, Jorge saluda y atiende a los clientes, a los frecuentes y a los nuevos, platica sobre las películas que ha visto recientemente en video, sonríe porque sabe que no tiene que gritar “¡tacos, joven!” para que los hambrientos comensales lleguen a su puerta.

 
 
Copyright 1999-2008 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV