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Miércoles, 27 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente Puebla Suplementos
 
 
ECONOMÍA A RETAZOS
 

La pobreza en México

 

 
Bertha Estela Mendoza

La ascendente crisis económica causada por los lineamientos del sistema económico neoliberal, dictados por el Consenso de Washington, ha llevado a millones de mexicanos a niveles de extrema pobreza.

Han pasado ya cuatro sexenios (tres priistas y un panista) y están por cumplirse dos años de que Felipe Calderón se hizo del gobierno sin haber obtenido el triunfo en las urnas, y ninguno de ellos, incluido Calderón, ha podido mejorar las condiciones de vida de la población. Aunque las promesas no han faltado, más bien han sobrado, y los programas como Solidaridad, Progresa y Oportunidades hayan recibido recursos enormes que en nada han contribuido a erradicar las condiciones estructurales determinantes de la pobreza.

Actualmente, más del 50 por ciento de los habitantes de la República Mexicana son pobres; la pobreza urbana se estima en 39.3 por ciento, mientras que la rural asciende a 60.7 por ciento y la extrema pobreza se encuentra concentrada en los grupos indígenas. Hoy existen 2 mil 400 asentamientos precarios, la mayor parte de ellos indígenas, con una población de aproximadamente 13 millones de personas.

El modelo neoliberal y su impotencia para remover las causas estructurales que determina nla desigualdad y la pobreza, ha provocado además la ruina al sistema educativo. El analfabetismo, el bajo rendimiento, los elevados índices de reprobación, la deserción, la discriminación económica y racial, han acentuado el rezago educativo en todos sus niveles. Y para empeorar las cosas, en el país actualmente 2.1 millones de niños, entre cinco y 14 años de edad, no asisten a la escuela y 3.3 millones de niños, además de trabajar en condiciones precarias, tampoco asisten a la escuela. 

En alimentación el panorama es alarmante. En el país, uno de cada cinco niños sufre desnutrición crónica, en el medio rural el índice es más elevado, lo que afecta el crecimiento y maduración de los niños que de generación en generación pierden talla. Los más altos índices de desnutrición, se encuentran en Guerrero Chiapas, Puebla y Veracruz.

Los indígenas y campesinos, tienen mayores desventajas por ser pobres, mueren generalmente por tuberculosis, desnutrición, y enfermedades curables por no contar con un mínimo de infraestructura médica. Actualmente, existen a lo largo y ancho de la República 20 mil localidades sin el servicio de salud y los estados más afectados son: Chiapas, Durango, Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Puebla y Veracruz.

Visto como un todo el sistema parece derrumbarse, pues a la pobreza y la  desigualdad se agrega la ingobernabilidad creciente en el país. ¿Hasta cuando aguantará un sistema que hace agua por todos lados?

 
 

Tacos de lengua

 

Cuál es el resultado principal y prácticamente único de la reunión del Consejo Nacional de Seguridad celebrado el jueves 21 de agosto? La pregunta puede ser respondida escuetamente y con exactitud, de la misma shakespeariana forma en que lo hizo Hamlet cuando Polonio le preguntó qué leía:

–Palabras, palabras, sólo palabras.

–Palabras dichas y escritas, palabras grandilocuentes de discurso, palabras de dolor y de promesa, palabras revestidas de compromiso, pero siempre y sólo palabras.

No podía ser de otra manera, sin embargo, porque el grave problema de la inseguridad por el que atraviesa el país no se resolverá con reuniones, cumbres, pactos y documentos. De la ahí la sensación de infertilidad que ha dejado la mencionada reunión y de desazón cuando nos enteramos de que el gobierno necesita ¡seis meses! Para diseñar una estrategia antisecuestros. 

Eduardo R. Huchim. “Palabras, palabras”, Emeequis, número 134, 25 de agosto de 2008, p. 34.

 
 

El estado y la educación pública

 

Fernando A. Sesma Villalpando

Resulta cada vez más evidente que los apoyos que el Estado mexicano tiene la obligación de proporcionar a la educación pública, desde el nivel básico hasta el superior, son cada vez más reducidos, lo que no sólo atenta contra el nivel académico (los resultados de las evaluaciones así lo indican), sino que también se pone en riesgo la existencia las universidades públicas. En el caso de estas instituciones, sus rectores, agrupados en la ANUIES, cada año denuncian los limitados recursos de los que se les dota y exigen recursos suficientes para cumplir con sus funciones esenciales, y sólo encuentran oídos sordos en el gobierno.

Si bien  el artículo tercero de la Constitución del país consagra “que toda la educación que brinda el Estado será laica y gratuita”, esto ha quedado desde hace ya tiempo en letra muerta; cada vez más las universidades públicas se ven en la “necesidad” de asignar y elevar cuotas por la prestación de cualquiera de sus servicios, convirtiendo a estos espacios formativos en semiprivados; a excepción de la UNAM, que pese a los denuestos que contra ella lanzan los tecnócratas gubernamentales y los intentos de los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón para ahogarla financieramente, es la que realiza más investigación a nivel nacional, ocupando un lugar preminente entre las 100 mejores universidades del mundo; en el año 2007 ocupó el lugar 56, muy por encima de las grandes universidades privadas que son, eso sí, buenas para promoverse.

Ahora bien, lo que pretende el gobierno neoliberal con el regateo de recursos a las universidades públicas es reducir la actividad de estas instituciones al adiestramiento y capacitación, olvidando el ejercicio del pensamiento crítico. En efecto, “los brillantes diagnósticos neoliberales” impuestos en nuestro país a principios de la década de 1980 llegaron a la conclusión que tanto el Estado como las universidades públicas “eran burocráticas e ineficientes”, además de poco aptos para la “reproducción del capital”.

Por otro lado, desde que esta lógica de la productividad se ha impuesto en nuestro país, ésta se ha vuelto la línea que marca todos los espacios de la vida nacional, y de la cual tampoco han escapado las universidades; éstas cada vez más se han preocupado por las asignaciones económicas que les da el Estado, y no por las realidades políticas, económicas, sociales y culturales del país, además de un alejamiento de sus comunidades. Hoy, para la mayor parte de las autoridades universitarias, la obsesiva búsqueda de recursos económicos se ha vuelto una tarea esencial, y poco se reflexiona sobre las vías de solución al enorme problema que representa que miles de jóvenes (más de los que ingresan) año con año queden sin acceso a la educación superior.

Asimismo, las autoridades universitarias no se están percatando, o no se quieren percatar, que el Estado neoliberal y sus aliados, los poderosos banqueros internacionales (FMI y BM), están dispuestos a reducir el número y capacidad de las universidades públicas y así privilegiar la educación superior privada, cuyas características son la exclusión, la discriminación y el elitismos en un país que hoy requiere proporcionar a la población mayores niveles de educación para reencontrar el camino de la soberanía y la identidad nacional, puestas en riesgo por los neoliberales para quienes sólo existe el éxito individual.

 
 

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