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Miércoles, 27 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Un talk show sirve de pretexto a la reflexión sobre la revolución de 1989 en Rumania

 
Alonso Fragua y Roman Lopez*

El 22 de diciembre de 1989, a las 12:08 del día, el dictador rumano Nicolae Ceausescu abordaba un helicóptero para huir de la revuelta en su contra en Bucarest, capital del país que gobernó desde 1965. 16 años más tarde, en el pequeño pueblo de Vaslui, en la región de Moldavia, Virgil Jderescu, periodista local, organiza un debate en su programa de televisión para conocer si su ciudad participó o no en la revolución del 1989.

A través del atropellado talk show de Jderescu, el cineasta Corneliu Porumboiu acerca a los espectadores a su país y a un pedazo de su historia con la película 12:08 al este de Bucarest (A fost sau na fost?, 2006), ganadora de dos premios del Festival de Cannes, incluyendo la Cámara de oro. Con una cinematografía sencilla a cargo de George Dascalescu y Marius Panduru y un humor fresco y efectivo, Porumboiu hace una reflexión autocrítica sobre la Rumania comunista y la actual.

La dictadura comunista de Ceausescu, como muchas en los países de Europa oriental, se caracterizó por un estado represivo que coartaba las libertades civiles de la población a través de la policía secreta o Securitate. A costa de estas libertades, empero, el régimen logró importantes avances en los sectores educativos y de vivienda, además de conseguir un auge industrial que provocó graves daños a la ecología de la región.

La revolución de diciembre de 1989 no sólo fue una consecuencia de la situación vivida al interior de Rumania, sino un reflejo del desmoronamiento de los regímenes comunistas de los países satélites de la URSS. Antes de los hechos del 22 de diciembre en Bucarest, sólo la ciudad de Timisoara, perteneciente a la zona industrializada del país, había experimentado un levantamiento importante que encontraría el clímax a las 12:08 horas del 22 en la capital.

Luego de esa hora emblemática en que la televisión transmitió la huida del dictador, la gente empezó a tomar las plazas en distintas ciudades. La pregunta planteada por Porumboiu a lo largo de la cinta es si la población de Vaslui –y de Rumania en general– simplemente se lanzó a las calles luego de tener la seguridad de la caída de Ceausescu o si hubo acciones revolucionarias reales. A primera vista, la respuesta es clara para los telespectadores de Jderescu y para el público de la película. Sobre todo luego de la intervención de Tiberiu Manescu (Ion Sapdaru), el profesor borracho al que contradicen todas las llamadas que llegan al programa.

Sin embargo, la analogía que hace el viejo Piscoci (Mircea Andreescu) entre una revolución y el alumbrado público planta la duda en la audiencia cinematográfica y genera una serie de reflexiones que no acaba con los créditos finales. De igual forma, otra cuestión que aparentemente se deja a un lado es el comentario de un telespectador, quien considera que Rumania estaba mejor durante la dictadura. Aunque el público tiene la mejor opinión, las imágenes ofrecidas por el director son harto elocuentes a este respecto.

12:08 al este de Bucarest puede ser vista por el público poblano hasta el jueves 28 de agosto en los cines de El Triángulo en diferentes horarios.

*Jefe del departamento de Relaciones internacionales y ciencia política de la UDLA 

 
 
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