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Miércoles, 27 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACIÓN  

Si no tengo hambre, ¿por qué deseo comer?

 
Rafael H. Pagán Santini

No tengo hambre, pero deseo comer “algo”. Esto es una frase muy común entre personas que habitualmente comen entre comidas. Anecdóticamente, puedo afirmar que este deseo viene precedido de un estado de malestar producido por un estímulo probablemente no consiente, pero lo suficientemente competente como para evocar un comportamiento. Intuitivamente actuamos deseando que al comer algo el aburrimiento o el dolor de cabeza se nos quite, el malestar estomacal se nos vaya, y si tenemos mal de amores nada mejor que los chocolates para intentar resolverlos.   

Por suerte, la neurociencia ha brindado una buena explicación a este fenómeno que anteriormente se identificaba con falta de carácter para mantener una dieta. Las investigaciones más reciente han demostrado lo que ya todos sabíamos, los estados de ánimos y la comida están relacionados. En su libro Buscando a Spinoza, Antonio Damasio señala que en el caso de las emociones propiamente dichas, estas influyen directamente sobre los apetitos, y viceversa. Por ejemplo, el miedo inhibe el hambre y los instintos sexuales, y lo mismo hacen la tristeza y el asco. Todo lo contrario, la felicidad fomenta tanto el hambre como los impulsos sexuales.

Los objetos o situaciones que nos rodean desencadenan estados de ánimo que se transforman en deseos o en ansiedad, lo que tiene su efecto neuroquímico. Uno de los sistemas del cerebro que controla los estados de ánimo es el que involucra al neurotransmisor serotonina. Podría decirse que la serotonina es el puente entre la comida y el estado de ánimo. Los estudios sobre los niveles de serotonina en el cerebro han revelado que estos bajan después que se ha absorbido la comida, aumenta ante la anticipación de comer, y se dispara durante la comida especialmente cuando se come azúcar (carbohidratos). La serotonina es un derivado del aminoácido triptófano y los niveles de este aminoácido varían de acuerdo a la cantidad de carbohidratos incluidos en la dieta. Esto puede explicar claramente el estado de bienestar que se sienta al comerse un buen chocolate. Ahora podemos entender por qué cupido siempre trae flores y chocolate cuando quiere flechar a alguien.

Las anormalidades en los niveles de serotonina son una de los factores que promueven el desarrollo de los desórdenes alimenticios conocidos como anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. En la anorexia nerviosa la persona intenta mantenerse voluntariamente por debajo de los niveles normales de peso y la bulimia nerviosa se caracteriza por la ingesta excesiva de alimentos seguido por la provocación del vómito. Estos desordenes alimenticios por lo general están acompañados de depresión emocional. Los tratamientos contra la depresión por lo general son efectivos para tratar la bulimia. Además de los estados de depresión que puede causar una dieta baja en carbohidratos, estudios recientes han señalado que la reducción en los niveles serotonina en el cerebro, producto de este tipo de dieta, aumenta los niveles de agresividad en la persona. 

Desde los procesos químicos homeostáticos hasta las emociones propiamente dichas, los fenómenos de regulación vital, sin excepción, tiene que ver, directa o indirectamente, con la integridad y la salud del organismo. De acuerdo a Damasio, Todos estos fenómenos están relacionados por entero con los ajustes adaptativos en el estado del cuerpo, conducentes de modo eventual, a los cabios habidos en la cartografía cerebral de los mismos, que forman la base de los sentimientos. Las reacciones automáticas crean condiciones en el organismo humano que, una vez cartografiadas en el sistema nervioso, pueden presentarse como placenteras o dolorosas y eventualmente conocerse como sentimientos. La respuesta, consciente o inconsciente, al olor o a la imagen de comida, provoca una sensación de deseo tan fuerte como el propio instinto de comer por necesidad, precisamente al reconocerse el sentimiento de bienestar que la comida produce.  

Además Damasio añade; “nosotros los seres humanos, conscientes de la relación entre determinados objetivos y determinadas emociones, podemos esforzarnos intencionadamente por controlar nuestras emociones, al menos en cierta medida. Podemos decidir qué objetos y situaciones permitimos en nuestro ambiente y sobre qué objetos y situaciones derrochamos tiempo y atención. Por ejemplo, podemos decidir no mirar la televisión comercial, y abogar por su prohibición eterna de los hogares de los ciudadanos inteligentes. Al controlar nuestra interacción con los objetos que causan emociones ejercemos, efectivamente, un cierto control sobre los procesos vitales y llevamos al organismo a una armonía mayor o menor... En realidad, estamos anulando el automatismo y la inocencia tiránica de la maquinaria emocional... Esto es lo que hacemos cuando elegimos qué leemos o con quién entablamos amistad.”

Al conocer el ambiente que nos rodea y los estímulos que evocan el deseo de comer sin apetito podemos aprender a poner freno modulando estas reacciones o cambiando el medio ambiente. Ya sabemos que la comida es una de las mayores fuentes de placer, y en términos anímicos nuestro cuerpo sabe que al comer, aun sin apetito, la comida nos va a quitar esa incomodidad que sentimos. Probablemente ni siquiera sepamos cuál es el origen de ese malestar. Por este lado, ya sabemos por qué comemos sin apetito, sólo nos falta saber que dispara estos estímulos que manifiestan en el deseo de comer. Debemos reflexionar sobre los objetos y los fenómenos que nos rodean cuando se precipitan estos estados emocionales. ¿Cuál es el botón que dispara el deseo de comer sin apetito?

Recuerde que el objetivo de los anuncios de radio, prensa y televisión sobre comida es el de generar un estímulo emocionalmente competente, esto es, un acontecimiento cuya presencia, real o en rememoración mental, desencadene una emoción que evoque una necesidad de comer. Los anuncios sobre comida están dirigidos a manipular sus emociones. Recuerde que la Coca Cola es “La chispa de la vida”. Los refrescos son una de las principales causas de obesidad.

Podemos aprender a decir no a la comida chatarra ya que no estamos hablando de comer cuando tenemos necesidad de ello. Estamos hablando de comer sin hambre, precisamente donde interviene todos los anuncios comerciales de comida basura. El consumo de la comida chatarra, la ingesta de comida de inferior calidad por menos dinero, la compra de alimentos con alto contenido calórico y bajo contenido nutricional que contiene  aditivos y conservadores son algunas de las cosas a las que podemos modular y decir No. Cuando se pueda.

 
 
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