La reciente y lamentable tragedia aérea acaecida en España hace apenas unos días, en la que murieron más de 150 personas que viajaban del aeropuerto de Madrid a las Islas Canarias, además de convocar a las lamentaciones y muestras de duelo y solidaridad en todas partes del mundo (salvo en China, donde el Comité Olímpico Chino se negó a cualquier muestra de duelo que empañase la alegría y solemnidad de la justa deportiva, por cuestiones culturales, según se explicó), ha suscitado toda una polémica respecto del accidente, generando enormes suspicacias en cuanto a las causas del desastre.
Para entender la tragedia aérea (calificada como un simple “incidente”, por el vocero de Spanair, la compañía responsable), es necesario retomar las declaraciones (poco o nada difundidas) de los pilotos y empleados de esa aerolínea, quienes días antes del accidente, venían denunciando las continuas presiones y amenazas por parte de la dirección de la compañía para trabajar por encima del tiempo establecido por turno como norma de seguridad, es decir, las exigencias de trabajar más tiempo por el mismo salario y en contra de las garantías y prestaciones establecidas en la ley.
A eso hoy se le llama eufemísticamente “flexibilidad laboral”, lo que significa simple y llanamente para los empresarios seguir manteniendo su tasa de ganancia, explotando al máximo la fuerza laboral, sin importar para nada la seguridad de los viajeros, en este caso.
En este contexto resulta evidente que cualquiera que haya sido la causa del desastre (si algún día se llegara a conocer), ésta se encuentra inscrita dentro de esa lógica perversa de mantener la rentabilidad y las ganancias sacrificando lo que sea, incluyendo la vida y la integridad de los pasajeros. Y prueba de ello, además de las denuncias de los trabajadores de la aerolínea, ha sido la campaña desinformativa mediática, que trata de desviar la atención hacia factores climáticos o de plano inexplicables, y las declaraciones de que nunca se conocerá el contenido de las conversaciones de los pilotos.