La educación médica en México tiene deficiencias en la enseñanza de la salud sexual y reproductiva y ofrece a los estudiantes pocos elementos para el reconocimiento del aborto como un problema relevante en la práctica profesional, la desigualdad social, los derechos de las mujeres y las implicaciones éticas y legales de la interrupción del embarazo, señala un ensayo realizado por Deyanira González de León Aguirre, investigadora del área de la salud en la Universidad Autónoma Metropolitana–Xochimilco (UAM).
El ensayo, titulado “El aborto y la educación en médica en México”, y publicado en la revista de Salud Pública en México en la edición mayo–junio de 2008, enfatiza que en el país la formación en ginecología y obstetricia tiene una perspectiva limitada para el tratamiento de las complicaciones producidas por la interrupción del embarazo y subraya que “la aspiración materna endouterina, que es el procedimiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud para tratar tanto abortos espontáneos como electivos, está ausente en todas las escuelas de medicina”.
Asimismo, indica que la información sobre los aspectos legales del aborto que se transmite en las escuelas de medicina no favorece la comprensión adecuada de las leyes y contribuye a fomentar los estigmas morales sobre la interrupción del embarazo.
“No es raro que en los textos de medicina legal se aluda al aborto inducido como ‘aborto criminal’ y que se califique a quienes lo practican con términos como el de ‘abortadores profesionales’”.
Por lo tanto, el ensayo añade que el 70 por ciento de los médicos que trabajan en hospitales públicos se niegan a ofrecer servicios de interrupción del embarazo por objeción de conciencia, porque “no tienen comprensión cabal de los problemas relacionados con el aborto”
También resalta que “la bioética ha empezado a formar parte de las asignaturas de ética médica en algunas escuelas de medicina, pero en la mayoría los temas de esta disciplina se abordan desde un enfoque que no favorece la reflexión racional sobre los problemas para los médicos, como el aborto, la eutanasia, la reproducción asistida o la clonación”.
Los factores que han contribuido para que aspectos importantes de la salud de las mujeres estén ausentes en los currículos de formación médica en la República Mexicana, detalla, son la carencia de personal docente capacitado, sesgos de género y porque la percepción de estos aspectos “no son de interés para la educación médica”.
Otra de las razones que contribuyen para que el tema del aborto no se aborde en los programas de las carreras de medicina, es porque en la mayoría de las facultades los ginecólogos y obstetras que imparten la materia de salud reproductiva suelen tener posturas conservadoras frente al aborto y tienen poca preparación para practicarlo.
“La mayoría de los ginecólogos considera que la capacitación en procedimientos para interrumpir el embarazo es poco útil en términos de su prestigio y desarrollo como profesionales. En este contexto, pocos ginecólogos–obstetras tienen una comprensión cabal de los problemas relacionados con el aborto y sólo una minoría lo practica desde una postura ética apoyada en el respeto a la autonomía de los pacientes”.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Médicina (AMFEM), en 11 escuelas públicas los planes de estudio de la carrera de medicina tienen muchas deficiencias en la materia de ginecología.
Por ejemplo, señala, esta disciplina ofrece elementos esenciales para la formación clínica de los médicos pero carece de una perspectiva amplia sobre las necesidades de la salud de las mujeres. En los programas no han sido incorporados temas como el aborto, la consejería sexual y la anticoncepción, los derechos sexuales y reproductivos, la violencia sexual y la sexualidad adolescente, y a pesar de que los ginecólogos–obstetras han sido legitimados como los expertos en el campo de la reproducción, pocos están preparados para practicar un aborto.
González de León señala que a pesar de que uno de los compromisos que acordaron 179 gobiernos de todo el mundo, incluyendo el de México en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD) en 1994 fue “capacitar y equipar a los proveedores de servicios de salud y tomar medidas que aseguren el aborto seguro y accesible para salvaguardar la salud de las mujeres” en las facultades de medicina del país, se “ha hecho poco para que la formación de médicos tenga una mayor coherencia con las necesidades sociales y las políticas públicas”.