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Martes, 26 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Desaparecen del centro de Puebla los mueganeros

 
Javier Puga

¿Cuándo fue la última vez que vio a un mueganero? Es decir, ¿cuándo fue la última vez que observó a un señor vendiendo muéganos en la calle, en una tabla con un cubo de papel de china rojo y dentro una vela encendida? Y ya puestos en éstas, ¿cuándo fue la última vez que le compró uno de esos dulces a un mueganero?

Por décadas, los mueganeros formaron parte del paisaje vespertino típico de la ciudad de Puebla, una Puebla que hoy parece cada vez más distante. Aunque deambulaban por el Centro Histórico desde el mediodía, su presencia tomaba especial relevancia cuando encendían la vela haciendo que el cubo rojo se iluminara.

Cuántos niños no fijaron su atención en lo que vendía ese hombre en una mesa de tijera, que cargaba siempre una franela roja y tenía colgado un mandil para colocar monedas, y obligaron a sus padres a comprarles uno, por lo menos.

Siempre a la entrada de los inmensos cines como el Puebla, el México, el Coliseo y el Variedades; de las decenas de iglesias; en los parques; las ferias y los mercados, los mueganeros y sus golosinas llegaron a ser pretexto para salidas fugaces de novios incipientes. ¿Cuántos varones no invitaron a comer un mueganito a la distinguida dama en el jardín del Carmen, en el zócalo o en el Paseo Bravo?

Incluso su manera de anunciar ese dulce era tan peculiar que llegó a ser imitada por comediantes de teatro y televisión: “¡Muéééganos, muéééganos! ¡Lleve los muééééganos!”.

La última vez que pudo verse un mueganero en el zócalo fue hace tres semanas, luego de que el actual ayuntamiento de Puebla aplicó el programa de reordenamiento comercial del Centro Histórico, el 1 de agosto.

Al menos así lo relataron algunos vendedores de elotes y pan de fiesta que se mantienen apostados en los atrios de algunas iglesias y zaguanes de vecindades, pues de permanecer en la calle como hasta el último día de julio, su mercancía sería “levantada” por los inspectores del departamento de Vía Pública municipal.

Es lo que sabe sobre ellos. A los demás vendedores en realidad les importa poco, pues están más ocupados en atender el poco espacio de venta y hacer que los clientes que caminan por el Centro Histórico volteen a verlos. Es más, quizás un poco menos de competencia sea mejor.

La orden del ayuntamiento fue clara: ningún vendedor puede permanecer en las calles del Centro Histórico. Pero como en toda regla, siempre hay una excepción: sí tienen permiso los vendedores de globos, de algodones y los boleros, porque ellos “sí son tradicionales”.

“¿Y los mueganeros, qué?”, se le pregunta a un policía que vigila sobre la 5 de Mayo y la esquina de la 10 Poniente.

–¡Ah, bueno! Es que si los dejamos a ellos también tendríamos que dejar a los eloteros, a las chaluperas, a los de los panaderos... y eso no puede ser. Tiene que haber un orden –responde con seguridad el agente.

–¿Y por qué entonces los de las empanadas sí pueden estar vendiendo en las calles? –se le reviró señalando a un hombre que vende ese producto frente al jardín de San Luis.

–No sé –evadió el policía.

–Por eso, pues. ¿Y mis muéganos ahora dónde los consigo si ustedes ya no los dejan vender en la calle?

–No te preocupes, camina dos cuadras para allá y luego una para la izquierda y vas a encontrar toda una calle llena de dulcerías. Ahí venden tus muéganos.

 

Entre Huamantla y Tehuacán

En efecto, en cada dulcería de la famosa calle de Santa Clara, en la 6 Oriente entre 4 Norte y 5 de Mayo, en pleno Centro Histórico de Puebla, existe una charola especial con muéganos cuadrados y amarillos.

Lamentablemente, los vendedores de muéganos de esa calle son sólo eso: vendedores. Muchos de ellos personas que desconocen toda la historia y folclor que hay detrás de cada variedad de dulce que exhiben al público.

Los muéganos, dulces en forma cuadrangular, suaves, con sabor a canela y miel, son uno de los dulces que más se comercializan después de los camotes, las tortitas de Santa Clara y los borrachitos.

Sin embargo, aunque estos dulces le han dado fama a Puebla y están ligados invariablemente a lo “típico” de la ciudad capital, no falta quién sostiene que los muéganos ni siquiera son originarios de aquí: las ciudades de Tehuacan, Puebla, y de Huamantla, Tlaxcala, se disputan furiosamente la creación.

De acuerdo con una nota de la reportera de esta casa editorial Elizabeth Rodríguez Lezama, “los muéganos son una golosina netamente tehuacanense, que comenzó a comercializarse en 1938. Están hechos a base de harina, manteca, leche, huevo, piloncillo y miel de abeja; se han convertido en un producto tradicional de esta ciudad. Existe una nueva creación denominada muegalegría, que a los ingredientes ya mencionados se les agrega harina de amaranto en grano, con el cual se espolvorea el muégano”.

Otros, sin embargo, disienten de esta apreciación, y otro buscador de muéganos aseguró enfático que “los de Tehuacán son una especie de tortillina Tía Rosa, frita y cubierta de piloncillo”. La discusión, como se ve, da para mucho.

 

¿Y el mueganero?

La búsqueda del vendedor de muéganos no ha concluido. Son muchos los que aseguran que han visto a uno, pero nadie recuerda dónde y cuándo fue.

Habrá que seguir rascando, investigando en los rincones, para saber si aún existen en las calles de Puebla, o bien, si una decisión de gobierno terminó con un oficio para siempre.

 
 
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